Cátedra del vacío: cómo cobrar por un litio que no existe y una cultura que ya cerró
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Amanece la capital con su prodigio cotidiano: instituciones que funcionan como los buenos ilusionistas, sin que nadie vea cómo. Empecemos por el acto estelar. LitioMX, el organismo creado en 2022 para explotar el oro blanco del futuro, lleva años cumpliendo un solo objetivo con puntualidad suiza: la nómina. Más de 40 millones de pesos en sueldos y, de litio, ni una pizca. Es la startup perfecta: cero producto, cero inversión, cero riesgo de que algo salga mal, porque nada sale. Un investigador lo llamó fracaso; nosotros preferimos “modelo de negocio”, porque cobrar por no hacer nada es, técnicamente, el sueño de toda la clase trabajadora.
De la minería inexistente a la cultura clausurada. En la Cuauhtémoc, la alcaldesa decidió que la Casa de Cultura Alfonso Reyes tenía demasiado Alfonso Reyes y muy poco Dr. Simi. Cerró el lugar un lunes a la 1:55 de la tarde con el argumento arquitectónico universal: “remodelación”. Los talleristas y vecinos, que traían exposiciones montadas, se enteraron de que su casa de cultura será comedor y consultorios. Nada como cambiar un taller de poesía por una receta de amoxicilina: al menos ahora la cultura sí te baja la fiebre.
Mientras tanto, en el capítulo de justicia poética, el Tribunal de Justicia Administrativa inhabilitó un año a la exalcaldesa Sandra Cuevas por el célebre Operativo Diamante. Un año. El tiempo justo para que la sanción caduque más rápido que un abono de tarjeta y todavía alcance a impugnarse. La inhabilitación más breve del planeta: dura menos que un propósito de Año Nuevo y ofende menos que una multa de tránsito.
En el terreno de las ideas frescas, la Presidenta impulsa una reforma para que nadie con doble nacionalidad ocupe ciertos cargos. Los expertos, que tienen memoria y calendario, notaron que la iniciativa cae con la elegancia de un piano sobre cierto exgobernador tamaulipeco con pasaporte de repuesto. El PRI clamó “discriminación” y “retroceso en derechos humanos” —el mismo PRI que descubre los derechos humanos justo cuando le tocan a los suyos—. Monreal, prudente, pidió analizar “con mucha seriedad” una ley que aún no existe: nivel avanzado de gobernar el aire.
De aire también sabe la academia. En Iztapalapa y el Centro, las rifas de dinero de origen colombiano ya “huelen a delito”, según catedráticos de la UNAM, que pidieron subirlo a la mesa de Seguridad Nacional. Curioso que en el mismo país donde cada mañana se rifan camionetas, tandas y esperanzas, el problema sea que ahora alguien más rifa mejor. La competencia, ya se sabe, es lo que más molesta.
Y hablando de la UNAM: resultó que su examen de admisión anduvo suelto quince días antes, entregado a una empresa que presume “más de diez años de experiencia” pero fue constituida en 2024 —el tipo de trayectoria que sólo se consigue viajando en el tiempo—. Dos profesores de la academia “Más Preparación” prometían un método innovador para pasar el examen. Innovador, sí: se llama copiar. La sede ya desapareció, en el único trámite que en este país se hace rápido y sin cita.
Que no cunda el desánimo económico, aunque los números insistan. La informalidad se tragó a un millón de trabajadores más en julio: ya son 34.1 millones, el 56.2% de la fuerza laboral, cifra digna de un país donde el empleo formal es la excepción folclórica. Y la Coparmex reporta que sólo 2 de cada 10 empresarios ven buen momento para invertir. Los otros 8 también invierten: en ansiolíticos.
Para levantar el ánimo, Nuevo León manda a su gobernador de gira por Texas a repetir que es “el líder de inversión” —frase que suena mejor en inglés y en PowerPoint—, mientras en Monterrey el secretario de Movilidad jura que el monorriel “no puede descarrilarse”. Nada tranquiliza más que una autoridad que necesita aclarar que su tren no se va a caer. Es como el mesero que promete que la sopa no tiene mosca: gracias por sembrar la duda.
Cerramos con el gran teatro internacional, porque hasta para el absurdo hay ligas mayores. Desde el norte llegan órdenes ejecutivas para rebautizar el Lago Ontario como “Lake America” y coquetear con renombrar océanos enteros. Canadá dijo que no; el mapamundi, por ahora, sigue sin consultar. Da cierto consuelo: mientras un vecino pretende conquistar la geografía con Photoshop, aquí seguimos administrando con maestría lo nuestro —el litio que no hay, la cultura que cerró y el año de castigo que no castiga—. Buenos días.
De la minería inexistente a la cultura clausurada. En la Cuauhtémoc, la alcaldesa decidió que la Casa de Cultura Alfonso Reyes tenía demasiado Alfonso Reyes y muy poco Dr. Simi. Cerró el lugar un lunes a la 1:55 de la tarde con el argumento arquitectónico universal: “remodelación”. Los talleristas y vecinos, que traían exposiciones montadas, se enteraron de que su casa de cultura será comedor y consultorios. Nada como cambiar un taller de poesía por una receta de amoxicilina: al menos ahora la cultura sí te baja la fiebre.
Mientras tanto, en el capítulo de justicia poética, el Tribunal de Justicia Administrativa inhabilitó un año a la exalcaldesa Sandra Cuevas por el célebre Operativo Diamante. Un año. El tiempo justo para que la sanción caduque más rápido que un abono de tarjeta y todavía alcance a impugnarse. La inhabilitación más breve del planeta: dura menos que un propósito de Año Nuevo y ofende menos que una multa de tránsito.
En el terreno de las ideas frescas, la Presidenta impulsa una reforma para que nadie con doble nacionalidad ocupe ciertos cargos. Los expertos, que tienen memoria y calendario, notaron que la iniciativa cae con la elegancia de un piano sobre cierto exgobernador tamaulipeco con pasaporte de repuesto. El PRI clamó “discriminación” y “retroceso en derechos humanos” —el mismo PRI que descubre los derechos humanos justo cuando le tocan a los suyos—. Monreal, prudente, pidió analizar “con mucha seriedad” una ley que aún no existe: nivel avanzado de gobernar el aire.
De aire también sabe la academia. En Iztapalapa y el Centro, las rifas de dinero de origen colombiano ya “huelen a delito”, según catedráticos de la UNAM, que pidieron subirlo a la mesa de Seguridad Nacional. Curioso que en el mismo país donde cada mañana se rifan camionetas, tandas y esperanzas, el problema sea que ahora alguien más rifa mejor. La competencia, ya se sabe, es lo que más molesta.
Y hablando de la UNAM: resultó que su examen de admisión anduvo suelto quince días antes, entregado a una empresa que presume “más de diez años de experiencia” pero fue constituida en 2024 —el tipo de trayectoria que sólo se consigue viajando en el tiempo—. Dos profesores de la academia “Más Preparación” prometían un método innovador para pasar el examen. Innovador, sí: se llama copiar. La sede ya desapareció, en el único trámite que en este país se hace rápido y sin cita.
Que no cunda el desánimo económico, aunque los números insistan. La informalidad se tragó a un millón de trabajadores más en julio: ya son 34.1 millones, el 56.2% de la fuerza laboral, cifra digna de un país donde el empleo formal es la excepción folclórica. Y la Coparmex reporta que sólo 2 de cada 10 empresarios ven buen momento para invertir. Los otros 8 también invierten: en ansiolíticos.
Para levantar el ánimo, Nuevo León manda a su gobernador de gira por Texas a repetir que es “el líder de inversión” —frase que suena mejor en inglés y en PowerPoint—, mientras en Monterrey el secretario de Movilidad jura que el monorriel “no puede descarrilarse”. Nada tranquiliza más que una autoridad que necesita aclarar que su tren no se va a caer. Es como el mesero que promete que la sopa no tiene mosca: gracias por sembrar la duda.
Cerramos con el gran teatro internacional, porque hasta para el absurdo hay ligas mayores. Desde el norte llegan órdenes ejecutivas para rebautizar el Lago Ontario como “Lake America” y coquetear con renombrar océanos enteros. Canadá dijo que no; el mapamundi, por ahora, sigue sin consultar. Da cierto consuelo: mientras un vecino pretende conquistar la geografía con Photoshop, aquí seguimos administrando con maestría lo nuestro —el litio que no hay, la cultura que cerró y el año de castigo que no castiga—. Buenos días.