Safari tapatío: lobos marinos en la playa y cocodrilos en el desagüe
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Quien dijo que en Jalisco y sus alrededores no hay vida salvaje no había revisado el catálogo de fauna urbana de esta semana. En Marina Vallarta, un lobo marino decidió que la playa era un buen lugar para echarse una siesta, y su descanso desencadenó una movilización digna de operativo presidencial: Sostenibilidad Ambiental, la Patrulla Verde, Protección Civil, Bomberos y hasta autoridades federales coordinándose para atender al ejemplar. El detalle entrañable es que, según el reporte oficial, cuando las autoridades llegaron al primer avistamiento el animal ya se había regresado al mar por sus propios medios. Es decir: el lobo marino resolvió su situación antes y mejor que la mitad de los trámites municipales.
Pero la joya de la corona faunística estaba tierra adentro. En el canal del Parque Las Palmas, Bomberos rescataron a dos perritos adultos que habían quedado atrapados dentro de esa infraestructura hidráulica. ¿Por qué tan delicada la maniobra? Porque en ese mismo canal —cito textualmente— han sido detectados cocodrilos de distintos tamaños. Léase de nuevo: tenemos un sistema de desagüe pluvial que viene con reptiles incluidos, sin costo adicional. Mientras otras ciudades presumen ciclovías y parques lineales, aquí ofrecemos canales con experiencia inmersiva de cocodrilario.
Uno casi imagina la junta de planeación urbana: '—¿Y qué le ponemos al canal? —Pues cocodrilos, para que la gente no se confíe.' Funciona como medida disuasiva, hay que admitirlo: nadie va a tirar basura donde puede salir saludando un reptil prehistórico. El problema es que tampoco los perritos lo sabían, y por eso fue necesario que descendieran rescatistas con escala para sacarlos sanos y salvos antes de que la fauna local hiciera de las suyas.
La moraleja de la jornada es hermosa en su absurdo. El lobo marino, ser salvaje, se autogestionó y volvió al mar sin ayuda. Los perritos, domésticos y confiados, necesitaron un operativo completo para no terminar de botana. Y en medio, una pregunta que nadie quiere hacer en voz alta: si en los canales ya hay cocodrilos descansando como si pagaran renta, ¿qué tan lejos estamos de que un día el avistamiento de aves de San Blas se nos vuelva atracción a domicilio? Bienvenidos al trópico, paisanos: aquí la naturaleza no pide permiso, se instala.
Pero la joya de la corona faunística estaba tierra adentro. En el canal del Parque Las Palmas, Bomberos rescataron a dos perritos adultos que habían quedado atrapados dentro de esa infraestructura hidráulica. ¿Por qué tan delicada la maniobra? Porque en ese mismo canal —cito textualmente— han sido detectados cocodrilos de distintos tamaños. Léase de nuevo: tenemos un sistema de desagüe pluvial que viene con reptiles incluidos, sin costo adicional. Mientras otras ciudades presumen ciclovías y parques lineales, aquí ofrecemos canales con experiencia inmersiva de cocodrilario.
Uno casi imagina la junta de planeación urbana: '—¿Y qué le ponemos al canal? —Pues cocodrilos, para que la gente no se confíe.' Funciona como medida disuasiva, hay que admitirlo: nadie va a tirar basura donde puede salir saludando un reptil prehistórico. El problema es que tampoco los perritos lo sabían, y por eso fue necesario que descendieran rescatistas con escala para sacarlos sanos y salvos antes de que la fauna local hiciera de las suyas.
La moraleja de la jornada es hermosa en su absurdo. El lobo marino, ser salvaje, se autogestionó y volvió al mar sin ayuda. Los perritos, domésticos y confiados, necesitaron un operativo completo para no terminar de botana. Y en medio, una pregunta que nadie quiere hacer en voz alta: si en los canales ya hay cocodrilos descansando como si pagaran renta, ¿qué tan lejos estamos de que un día el avistamiento de aves de San Blas se nos vuelva atracción a domicilio? Bienvenidos al trópico, paisanos: aquí la naturaleza no pide permiso, se instala.