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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 28 de agosto de 2026

Nuevo León ya no exporta acero: ahora almacena gasolina robada

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Nuevo León ya no exporta acero: ahora almacena gasolina robada
Hubo un tiempo en que Nuevo León presumía chimeneas, acero y vocación industrial. Hoy su producto estrella parece ser otro: el hidrocarburo robado, ese que las autoridades federales sacan por millones de litros como si el estado fuera una gigantesca alcancía de combustible.

Los números no son modestos. Los aseguramientos de hidrocarburo en la entidad crecieron 129% respecto al año pasado, superando los siete millones de litros. La FGR cateó dos predios en Salinas Victoria y encontró 467 mil litros, además de tractocamiones, remolques y equipo suficiente para montar una franquicia clandestina completa. Y en Guadalupe, otro cateo destapó más de dos millones de litros de una sustancia que —detalle encantador— las autoridades todavía no terminan de identificar. Dos millones de litros de "algo". Confianza total.

La cereza del pastel llegó desde arriba: un contraalmirante de la Secretaría de Marina fue vinculado a proceso por su presunta participación en una red dedicada al contrabando de combustibles, y permanece recluido en el Altiplano. Uno crecía pensando que el huachicol era cosa de tomas clandestinas y tipos con manguera; según la Fiscalía, el organigrama subía bastante más de lo que la propaganda oficial admitía.

Lo verdaderamente digno de análisis no es que decomisen tanto —eso, técnicamente, son buenas noticias—, sino la pregunta incómoda que nadie quiere formular en conferencia: ¿cómo llegó semejante océano de gasolina robada a un estado que se anuncia como el más próspero, seguro y ordenado del país? Porque para asegurar el doble que el año pasado, primero tuvo que existir el doble circulando tranquilamente por brechas, bodegas y patios.

Las autoridades lo presentan como golpe tras golpe al crimen. Y lo son. Pero cada golpe también es un recibo: la factura de todo lo que estuvo ahí, meses, a la vista, moviéndose en pipas por carreteras que alguien vigilaba. Nuevo León celebra los decomisos con la misma energía con la que evita explicar el volumen. Litros van, litros vienen, y el olor —esta vez el político— tampoco se disipa.