El Bajío en su esplendor: túneles con luz propia, informes con beso a domicilio y tortillas huérfanas
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Amanece en Guanajuato y el estado despierta con la modestia que lo caracteriza. En Villagrán, las autoridades localizaron un huachitúnel de 50 metros conectado a ductos de Pemex que —orgullo de la ingeniería local— tenía iluminación, instalación eléctrica, refuerzos de madera y hasta dos mangueras de alta presión. Es decir: un túnel clandestino con mejor cableado que muchas primarias del Bajío. Uno se pregunta qué contratista lo armó y por qué no lo mandan a modernizar el bulevar, que ese sí terminaría con luz.
Mientras tanto, en Irapuato, don Rosendo, pensionado, enfrenta una multa por desarmar lavadoras en su domicilio para reciclarlas y sacar unos pesos para sus hijos con discapacidad visual. Que quede claro el criterio guanajuatense: perforar la tierra para ordeñar un ducto federal se resuelve, por ahora, con 'la zona quedó bajo resguardo'; destornillar una lavadora vieja en el patio, con inspector y sanción. Aquí el delito se mide en watts: si tu instalación clandestina alumbra kilómetros, eres emprendedor; si apenas junta fierros, eres reincidente.
Del ramo educativo llega la buena nueva de que el Congreso local aprobó en comisiones bajar de 35 a 25 los alumnos por aula. Aplausos. Solo un detallito, mencionado casi de pasada: implicaría 'retos de infraestructura'. Traducción: primero hay que construir los salones que no existen. Es como prometer una orquesta de veinticinco músicos en el kiosco cuando apenas hay banca para el tamborilero.
En política, el diputado local Víctor Zanella rindió su octavo informe montado en un hotel de lujo, con gasto en publicidad y un video producido de abrazos, besos y muestras de afecto, aclarando que todo salió de su bolsa. Nobleza obliga: cuando uno se quiere tanto, lo mínimo es rentar el salón grande y contratar a quien lo filme sintiéndose querido. El pueblo, ese al que dice estar cercano, seguramente vio la premier desde su teléfono, entre anuncios.
En el terreno de lo surrealista, el gremio tortillero informó que en Guanajuato aún no han recibido 'envoltorios para el retorno de migrantes'. Uno no sabía que existía tal cosa y ya nos preocupa que falte. El presidente nacional de los tortilleros dice mantenerse al pendiente por si la campaña llega. Descanse el Bajío: si algo sabemos hacer aquí es envolver, aunque a veces solo envolvamos el problema.
La gobernadora avaló que el Aeropuerto Internacional de Guanajuato se llame José Alfredo Jiménez, hermoso homenaje al Rey en su centenario. El problema: una disputa entre herederos por los derechos podría frenarlo o cancelarlo. José Alfredo murió casi sin efectivo, pero con más de 300 canciones grabadas; hoy sus descendientes discuten como para escribir otra. Que un aeropuerto guanajuatense tenga pleito legal antes de tener nombre es, en sí mismo, muy nuestro.
En el frente internacional, Guanajuato y Japón hablan de ampliar la cooperación: inversión, tecnología, capacitación y hasta un vuelo directo. El ministro nipón regresó a un estado con 151 empresas japonesas. Muy bien, negociemos el vuelo a Tokio; pero conste que el trayecto Pénjamo-Abasolo llevaba horas cerrado por una volcadura de tráiler. Primero lo cercano, dicen. Aquí es al revés.
Y en el capítulo institucional más incómodo, la Fiscalía emitió la ficha de 'localizada' de una mujer cuyo esposo asegura no haberla visto desde junio. Localizada en el papel, ausente en la vida: un estado que a veces cierra la carpeta más rápido de lo que resuelve la angustia. Aquí no hay chiste que redima el dolor de una familia; queda solo la exigencia de que 'localizar' signifique, cuando menos, encontrar.
Así el Bajío de hoy: túneles que alumbran, informes que abrazan, tortillas que esperan su papel y aeropuertos que pelean su nombre. Progreso sin afectaciones, dirían las autoridades. Buenos días.
Mientras tanto, en Irapuato, don Rosendo, pensionado, enfrenta una multa por desarmar lavadoras en su domicilio para reciclarlas y sacar unos pesos para sus hijos con discapacidad visual. Que quede claro el criterio guanajuatense: perforar la tierra para ordeñar un ducto federal se resuelve, por ahora, con 'la zona quedó bajo resguardo'; destornillar una lavadora vieja en el patio, con inspector y sanción. Aquí el delito se mide en watts: si tu instalación clandestina alumbra kilómetros, eres emprendedor; si apenas junta fierros, eres reincidente.
Del ramo educativo llega la buena nueva de que el Congreso local aprobó en comisiones bajar de 35 a 25 los alumnos por aula. Aplausos. Solo un detallito, mencionado casi de pasada: implicaría 'retos de infraestructura'. Traducción: primero hay que construir los salones que no existen. Es como prometer una orquesta de veinticinco músicos en el kiosco cuando apenas hay banca para el tamborilero.
En política, el diputado local Víctor Zanella rindió su octavo informe montado en un hotel de lujo, con gasto en publicidad y un video producido de abrazos, besos y muestras de afecto, aclarando que todo salió de su bolsa. Nobleza obliga: cuando uno se quiere tanto, lo mínimo es rentar el salón grande y contratar a quien lo filme sintiéndose querido. El pueblo, ese al que dice estar cercano, seguramente vio la premier desde su teléfono, entre anuncios.
En el terreno de lo surrealista, el gremio tortillero informó que en Guanajuato aún no han recibido 'envoltorios para el retorno de migrantes'. Uno no sabía que existía tal cosa y ya nos preocupa que falte. El presidente nacional de los tortilleros dice mantenerse al pendiente por si la campaña llega. Descanse el Bajío: si algo sabemos hacer aquí es envolver, aunque a veces solo envolvamos el problema.
La gobernadora avaló que el Aeropuerto Internacional de Guanajuato se llame José Alfredo Jiménez, hermoso homenaje al Rey en su centenario. El problema: una disputa entre herederos por los derechos podría frenarlo o cancelarlo. José Alfredo murió casi sin efectivo, pero con más de 300 canciones grabadas; hoy sus descendientes discuten como para escribir otra. Que un aeropuerto guanajuatense tenga pleito legal antes de tener nombre es, en sí mismo, muy nuestro.
En el frente internacional, Guanajuato y Japón hablan de ampliar la cooperación: inversión, tecnología, capacitación y hasta un vuelo directo. El ministro nipón regresó a un estado con 151 empresas japonesas. Muy bien, negociemos el vuelo a Tokio; pero conste que el trayecto Pénjamo-Abasolo llevaba horas cerrado por una volcadura de tráiler. Primero lo cercano, dicen. Aquí es al revés.
Y en el capítulo institucional más incómodo, la Fiscalía emitió la ficha de 'localizada' de una mujer cuyo esposo asegura no haberla visto desde junio. Localizada en el papel, ausente en la vida: un estado que a veces cierra la carpeta más rápido de lo que resuelve la angustia. Aquí no hay chiste que redima el dolor de una familia; queda solo la exigencia de que 'localizar' signifique, cuando menos, encontrar.
Así el Bajío de hoy: túneles que alumbran, informes que abrazan, tortillas que esperan su papel y aeropuertos que pelean su nombre. Progreso sin afectaciones, dirían las autoridades. Buenos días.