Michoacán quiere ser Morelia, pero se quedó sin paja (y sin cortinas)
Tamaño de letra
Hay días en que Michoacán amanece con una claridad filosófica que ni el más sobrio de los cronistas puede fingir que no vio. Hoy fue uno de esos días. El estado despertó con la promesa de convertirse en una capital modelo, con la desilusión de que no hay pacas de paja para los Carros Locos, y con la eterna duda existencial de si el estacionamiento del Mercado Independencia llevará cortinas o solo llevará ideas. Empecemos por el principio, que es como debe empezarse todo, salvo la política michoacana.
El senador Ricardo Anaya cruzó por Morelia y dejó caer, con la solemnidad de quien reparte estampitas, que si todo Michoacán se gobernara como la capital, la realidad del estado sería otra. La frase es hermosa por lo que promete y por lo que ignora. Uno se imagina a Zamora, a Pátzcuaro, a Tacámbaro levantando la mano para preguntar tímidamente si en ese Michoacán ideal también se cancelan concursos por falta de paja. Porque resulta que en la mismísima capital modelo, el gerente del Centro Histórico tuvo que reprogramar los tradicionales Carros Locos para finales de año o de plano hasta 2027, ¿la razón? El proveedor de pacas no cumplió. Que quede en el acta: el municipio que aspira a ser espejo del estado no encontró paja. Paja. El insumo más abundante del discurso político resultó ser el más escaso del inventario municipal.
Y ya que hablamos de cortinas de humo, el propio Anaya se lanzó por otra: dijo que los casos de García Luna y Cabeza de Vaca son una cortina para tapar escándalos ajenos. Curioso que el mismo día, en Morelia, la palabra estelar haya sido precisamente 'cortina', pero de acero. Los comerciantes del Mercado Independencia pidieron blindar su estacionamiento con ocho cortinas metálicas, y todo iba bien hasta que el municipio salió a aclarar que eso, técnicamente, todavía es una propuesta. O sea: hay ocho cortinas anunciadas y cero cortinas colgadas. La única cortina confirmada en Michoacán sigue siendo la retórica, esa sí, instalada, funcionando y con mantenimiento diario.
En el terreno de las buenas nuevas empaquetadas para regalo, Carlos Torres Piña aprovechó el Día de las Abuelas y los Abuelos para recordarnos que las Pensiones del Bienestar garantizan una vejez digna. Nadie discute el aprecio a los adultos mayores; lo que uno saborea es la coincidencia astronómica entre el santo del calendario y el volumen del boletín. Cada efeméride en Michoacán tiene su vocero asignado, como las posadas tienen su piñata. Y hablando de aspirantes, Morena sigue en su danza de coordinaciones: que si Ariadna Montiel viene pero no a designar, que si hay quienes la quieren recibir en la puerta de su casa. Traducción libre: nadie viene a nada, pero todos están peinados por si acaso.
En el capítulo económico, especialistas advirtieron que el crédito hipotecario crecerá hasta 6% en 2026, con el detalle menor de que tres de cada diez ofertas inmobiliarias podrían ser fraude. Es decir, casi un tercio del sueño de la casa propia viene con estafa de fábrica. En un estado donde ni el municipio modelo consigue paja verdadera, la advertencia suena redundante: aquí ya sabíamos distinguir lo real de lo prometido.
Y para bajarle dos rayitas al optimismo, la avenida Acueducto volvió a ofrecer su espectáculo de fierros: una camioneta de seguridad privada y un Toyota protagonizaron un choque aparatoso que, por fortuna, dejó solo dos lesionados sin gravedad. Detalle poético: chocó una unidad cuyo oficio es cuidar. En Morelia hasta la seguridad se accidenta, pero eso sí, con estilo, a la altura del Acueducto, el monumento más fotografiado del estado que quiere clonarse a sí mismo.
Así cierra la jornada: un estado que aspira a ser su capital, una capital que no encuentra paja, ocho cortinas que existen solo en PowerPoint, un tercio de casas que podrían ser humo, y un discurso que, ese sí, nunca falla al inventario. Michoacán no necesita convertirse en Morelia; le basta con seguir siendo el lugar donde las promesas llegan puntuales y los insumos, jamás. Que reprogramen los Carros Locos si quieren; nosotros ya vamos montados en el original.
El senador Ricardo Anaya cruzó por Morelia y dejó caer, con la solemnidad de quien reparte estampitas, que si todo Michoacán se gobernara como la capital, la realidad del estado sería otra. La frase es hermosa por lo que promete y por lo que ignora. Uno se imagina a Zamora, a Pátzcuaro, a Tacámbaro levantando la mano para preguntar tímidamente si en ese Michoacán ideal también se cancelan concursos por falta de paja. Porque resulta que en la mismísima capital modelo, el gerente del Centro Histórico tuvo que reprogramar los tradicionales Carros Locos para finales de año o de plano hasta 2027, ¿la razón? El proveedor de pacas no cumplió. Que quede en el acta: el municipio que aspira a ser espejo del estado no encontró paja. Paja. El insumo más abundante del discurso político resultó ser el más escaso del inventario municipal.
Y ya que hablamos de cortinas de humo, el propio Anaya se lanzó por otra: dijo que los casos de García Luna y Cabeza de Vaca son una cortina para tapar escándalos ajenos. Curioso que el mismo día, en Morelia, la palabra estelar haya sido precisamente 'cortina', pero de acero. Los comerciantes del Mercado Independencia pidieron blindar su estacionamiento con ocho cortinas metálicas, y todo iba bien hasta que el municipio salió a aclarar que eso, técnicamente, todavía es una propuesta. O sea: hay ocho cortinas anunciadas y cero cortinas colgadas. La única cortina confirmada en Michoacán sigue siendo la retórica, esa sí, instalada, funcionando y con mantenimiento diario.
En el terreno de las buenas nuevas empaquetadas para regalo, Carlos Torres Piña aprovechó el Día de las Abuelas y los Abuelos para recordarnos que las Pensiones del Bienestar garantizan una vejez digna. Nadie discute el aprecio a los adultos mayores; lo que uno saborea es la coincidencia astronómica entre el santo del calendario y el volumen del boletín. Cada efeméride en Michoacán tiene su vocero asignado, como las posadas tienen su piñata. Y hablando de aspirantes, Morena sigue en su danza de coordinaciones: que si Ariadna Montiel viene pero no a designar, que si hay quienes la quieren recibir en la puerta de su casa. Traducción libre: nadie viene a nada, pero todos están peinados por si acaso.
En el capítulo económico, especialistas advirtieron que el crédito hipotecario crecerá hasta 6% en 2026, con el detalle menor de que tres de cada diez ofertas inmobiliarias podrían ser fraude. Es decir, casi un tercio del sueño de la casa propia viene con estafa de fábrica. En un estado donde ni el municipio modelo consigue paja verdadera, la advertencia suena redundante: aquí ya sabíamos distinguir lo real de lo prometido.
Y para bajarle dos rayitas al optimismo, la avenida Acueducto volvió a ofrecer su espectáculo de fierros: una camioneta de seguridad privada y un Toyota protagonizaron un choque aparatoso que, por fortuna, dejó solo dos lesionados sin gravedad. Detalle poético: chocó una unidad cuyo oficio es cuidar. En Morelia hasta la seguridad se accidenta, pero eso sí, con estilo, a la altura del Acueducto, el monumento más fotografiado del estado que quiere clonarse a sí mismo.
Así cierra la jornada: un estado que aspira a ser su capital, una capital que no encuentra paja, ocho cortinas que existen solo en PowerPoint, un tercio de casas que podrían ser humo, y un discurso que, ese sí, nunca falla al inventario. Michoacán no necesita convertirse en Morelia; le basta con seguir siendo el lugar donde las promesas llegan puntuales y los insumos, jamás. Que reprogramen los Carros Locos si quieren; nosotros ya vamos montados en el original.