El municipio modelo del estado se quedó sin paja
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Existen tragedias griegas y existe esto: el municipio que aspira a ser el espejo de todo Michoacán tuvo que cancelar sus tradicionales Carros Locos porque no llegó la paja. Así, con esa sencillez desarmante que solo la administración pública sabe ofrecer, el gerente del Centro Histórico, Gaspar Hernández Razo, informó que el concurso programado para el 23 de agosto se reprograma para finales de este año o, si el destino sigue de mal humor, hasta 2027. El culpable, según la versión oficial, es el proveedor de pacas de paja, que incumplió.
Detengámonos a saborear la escena. En un estado donde la paja abunda en cada rueda de prensa, en cada boletín, en cada promesa de campaña, resulta que la paja física, la de verdad, la que se toca, fue el insumo que no apareció. Michoacán produce discursos rellenos de paja las veinticuatro horas, pero cuando se necesitó un cargamento tangible para bajar unos carros por una pendiente, el mercado dijo que no había existencias. Es casi un koan zen: hay paja en todas partes, menos donde se necesita.
Uno imagina la logística. Un funcionario marcando desesperado al proveedor, preguntando si de verdad no hay una sola paca en toda la Tierra Caliente, en todo el Bajío michoacano, en todo el granero que es este estado agrícola por excelencia. Y del otro lado, el silencio, ese silencio que solo se rompe con un 'le confirmo la próxima semana' que jamás se confirma. La paja, ese material que sobra en cada elote cosechado en Michoacán, se volvió más elusiva que un compromiso cumplido.
Lo mejor es la horquilla de la reprogramación: 'finales de año o hasta 2027'. Es decir, entre cuatro meses y quince meses de margen. Con esa flexibilidad temporal cualquiera organiza algo; el problema es que la misma flexibilidad se aplica a banquetas, a drenajes y a cortinas de mercados. En Michoacán las fechas no son compromisos, son sugerencias amables sujetas a la disponibilidad de paja.
Que nadie se confunda: los Carros Locos son una tradición querida, divertida, familiar, y ojalá regresen pronto. Pero que la razón de su cancelación sea la ausencia del material más humilde y abundante del campo mexicano es, sencillamente, un poema. Si el municipio modelo no consigue paja, uno se pregunta qué esperanza le queda al resto del estado que, según los políticos de visita, debería copiarlo. Copiar, ¿el qué? ¿La técnica de quedarse sin insumos? Esa ya la dominamos todos.
Detengámonos a saborear la escena. En un estado donde la paja abunda en cada rueda de prensa, en cada boletín, en cada promesa de campaña, resulta que la paja física, la de verdad, la que se toca, fue el insumo que no apareció. Michoacán produce discursos rellenos de paja las veinticuatro horas, pero cuando se necesitó un cargamento tangible para bajar unos carros por una pendiente, el mercado dijo que no había existencias. Es casi un koan zen: hay paja en todas partes, menos donde se necesita.
Uno imagina la logística. Un funcionario marcando desesperado al proveedor, preguntando si de verdad no hay una sola paca en toda la Tierra Caliente, en todo el Bajío michoacano, en todo el granero que es este estado agrícola por excelencia. Y del otro lado, el silencio, ese silencio que solo se rompe con un 'le confirmo la próxima semana' que jamás se confirma. La paja, ese material que sobra en cada elote cosechado en Michoacán, se volvió más elusiva que un compromiso cumplido.
Lo mejor es la horquilla de la reprogramación: 'finales de año o hasta 2027'. Es decir, entre cuatro meses y quince meses de margen. Con esa flexibilidad temporal cualquiera organiza algo; el problema es que la misma flexibilidad se aplica a banquetas, a drenajes y a cortinas de mercados. En Michoacán las fechas no son compromisos, son sugerencias amables sujetas a la disponibilidad de paja.
Que nadie se confunda: los Carros Locos son una tradición querida, divertida, familiar, y ojalá regresen pronto. Pero que la razón de su cancelación sea la ausencia del material más humilde y abundante del campo mexicano es, sencillamente, un poema. Si el municipio modelo no consigue paja, uno se pregunta qué esperanza le queda al resto del estado que, según los políticos de visita, debería copiarlo. Copiar, ¿el qué? ¿La técnica de quedarse sin insumos? Esa ya la dominamos todos.