UNAM en línea: pasas si tu vecino teclea rápido
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Que nadie diga que la educación mexicana no innova. Un juez de control vinculó a proceso a dos hombres señalados por operar, presuntamente, el fraude más elegante de la temporada: en una academia de regularización prometían el ingreso seguro a la UNAM por unos 25 mil pesos, y el método —según las indagatorias— no era estudiar, sino delegar. El aspirante encendía su cámara web, ponía cara de concentración universitaria y, mientras tanto, del otro lado de la pantalla alguien más contestaba la evaluación en 'modo espejo' vía control remoto. Es decir, el estudiante hacía el papel de estudiante mientras un profesional hacía el examen. Método Stanislavski aplicado a la Máxima Casa de Estudios.
Hay que reconocer la coherencia poética del asunto: se cobraba por 'preparación' y sí, alguien iba muy bien preparado; nomás que no era el que iba a inscribirse. El pequeño detalle es que la modalidad en línea, esa maravilla de la pandemia que prometía democratizar todo, resultó ser también la puerta trasera perfecta. Bastaba una laptop configurada con maña y un aspirante dispuesto a mirar fijamente su reflejo mientras su futuro se resolvía por Wi-Fi.
El desenlace institucional fue de manual. La Fiscalía capitalina aportó pruebas, el juez fijó prisión preventiva y abrió cinco meses de investigación complementaria. La UNAM publicó sus resultados —incluso antes de lo previsto, como quien quiere cerrar la ventana rápido— admitiendo esta vez a mil aspirantes menos. Y el IPN, que observaba el espectáculo desde la banca, anunció que regresa a su examen presencial después de años de modalidad en línea. Nada como ver arder la casa del vecino para acordarte de que el lápiz, el papel y un salón con vigilante nunca fallaron.
La cereza la pusieron los padres de familia de la academia 'Más Preparación', que ahora analizan denunciar para recuperar su dinero, porque el curso quedó a medias tras la detención de los profesores. Pagaron por un atajo, el atajo terminó esposado, y ahora exigen reembolso del fraude que contrataron. Es el círculo perfecto: en esta ciudad hasta la trampa tiene garantía de devolución. Bienvenidos al futuro de la evaluación remota, donde lo único que se aprobó con honores fue la creatividad delictiva.
Hay que reconocer la coherencia poética del asunto: se cobraba por 'preparación' y sí, alguien iba muy bien preparado; nomás que no era el que iba a inscribirse. El pequeño detalle es que la modalidad en línea, esa maravilla de la pandemia que prometía democratizar todo, resultó ser también la puerta trasera perfecta. Bastaba una laptop configurada con maña y un aspirante dispuesto a mirar fijamente su reflejo mientras su futuro se resolvía por Wi-Fi.
El desenlace institucional fue de manual. La Fiscalía capitalina aportó pruebas, el juez fijó prisión preventiva y abrió cinco meses de investigación complementaria. La UNAM publicó sus resultados —incluso antes de lo previsto, como quien quiere cerrar la ventana rápido— admitiendo esta vez a mil aspirantes menos. Y el IPN, que observaba el espectáculo desde la banca, anunció que regresa a su examen presencial después de años de modalidad en línea. Nada como ver arder la casa del vecino para acordarte de que el lápiz, el papel y un salón con vigilante nunca fallaron.
La cereza la pusieron los padres de familia de la academia 'Más Preparación', que ahora analizan denunciar para recuperar su dinero, porque el curso quedó a medias tras la detención de los profesores. Pagaron por un atajo, el atajo terminó esposado, y ahora exigen reembolso del fraude que contrataron. Es el círculo perfecto: en esta ciudad hasta la trampa tiene garantía de devolución. Bienvenidos al futuro de la evaluación remota, donde lo único que se aprobó con honores fue la creatividad delictiva.