En Nuevo León no hay extorsión, solo hay olor a azufre y agua del Pánuco
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Amanece el último fin de semana de agosto y Nuevo León despierta como despiertan las buenas telenovelas: con un olor raro en el aire, un galán peleado con medio congreso y un proyecto muerto que resucita para el capítulo 300. Sujétense el gorro —o mejor no, que ya lo prohibieron—, porque hoy hay tela para toda la milpa.
Empecemos por la joya de la corona. Dos cámaras empresariales de peso, CAINTRA y CANACAR, salieron a declarar públicamente que en Nuevo León NO existe el delito de extorsión. Así, con todas sus letras y el pecho inflado. Uno lee eso y se conmueve: qué bonito estado donde la extorsión no existe, como no existen los Reyes Magos ni el diputado que sí lee el presupuesto antes de aprobarlo. El detalle es que, mientras se firmaba esa hermosa carta de amor a la tranquilidad, el mismo día el estado presumía Protocolo Muralla activado cinco veces en la semana, 71 detenidos, 24 armas incautadas, un asalto de más de un millón de pesos en San Pedro y un señor pagando el mandado con billetes falsos de 500. Pero extorsión no hay, eh. Aquí lo que sobra es paz; lo que falta es dónde meterla.
En el terreno del romance político, el gobernador Samuel García estrenó vocabulario legislativo y llamó "mamilas" a los diputados del PRIAN que se negaron a sentarse a revisar el borrador del Presupuesto 2027. De pasada juró que no debe un peso ni al alcalde de Monterrey ni al edil con licencia de Escobedo, a quien —según contó él mismo— ya le dicen "La Llorona". Uno esperaría un debate de altura sobre finanzas públicas y en cambio nos entregaron el casting de una leyenda de terror regia. Faltó nomás que la Tesorería convocara la mesa con veladoras y ruda. La reunión, por cierto, sigue en pie para el 2 de septiembre: veremos quién llega, quién llora y quién manda decir que anda ocupado.
Hablando de sustos, el verdadero fantasma de la semana no grita: apesta. La Zona Metropolitana lleva días respirando un delicioso cóctel de azufre y amoniaco, y Medio Ambiente estatal fue hasta la Ciudad de México a pedir de rodillas una inspección urgente a la refinería de Cadereyta. Es decir: el estado que asegura tener el aire bajo control ahora le suplica a la Federación que por favor venga a oler. Aire de primera y aire de segunda, pues, dependiendo del código postal. En Cadereyta ya saben de qué les hablo.
Y como no hay crisis regia sin su clásico regreso triunfal, resucitó Monterrey VI, el eterno acueducto de 390 kilómetros para traer agua del río Pánuco. Agua y Drenaje ya metió su Manifestación de Impacto Ambiental y lo vendió como "planeación a 30 años". Traducción: es el proyecto que llevamos velando desde hace tres sexenios y que reaparece cada que hace calor, como el tío que solo se acuerda de la familia cuando hay herencia. Tomen agua mientras llega… si es que llega.
Mención de honor para San Nicolás, que inauguró la política de seguridad más noventera del año: prohibir la entrada a comercios con casco, gorra y lentes. Más de 200 negocios, entre restaurantes y changarros de la esquina, pedirán a la clientela mostrar la carita antes de pasar. La delincuencia, temblando; los calvos con quemadura de sol, indefensos; y todo tío que use lentes de aumento, ahora sospechoso oficial de la Sultana del Norte.
Cerramos con el contraste que retrata al estado entero. Mientras el gobierno presume que construye "casi tres escuelas por semana" y dos mil millones de pesos en obra educativa rumbo al regreso a clases, en Apodaca los papás y los niños del kínder Capulina llevan seis meses —desde marzo— dando clase en un horno sin luz. Tres planteles nuevos por semana, dicen. A ese ritmo, el foco del Capulina llega justo para la graduación de la generación que hoy va en preescolar.
Así las cosas: no hay extorsión, no hay deudas, no hay olores propios y hay agua garantizada para 2056. Nuevo León no tiene problemas, tiene tráileres de negación con doble remolque. Feliz regreso a clases; lleven cubrebocas, no por la pandemia, por la refinería.
Empecemos por la joya de la corona. Dos cámaras empresariales de peso, CAINTRA y CANACAR, salieron a declarar públicamente que en Nuevo León NO existe el delito de extorsión. Así, con todas sus letras y el pecho inflado. Uno lee eso y se conmueve: qué bonito estado donde la extorsión no existe, como no existen los Reyes Magos ni el diputado que sí lee el presupuesto antes de aprobarlo. El detalle es que, mientras se firmaba esa hermosa carta de amor a la tranquilidad, el mismo día el estado presumía Protocolo Muralla activado cinco veces en la semana, 71 detenidos, 24 armas incautadas, un asalto de más de un millón de pesos en San Pedro y un señor pagando el mandado con billetes falsos de 500. Pero extorsión no hay, eh. Aquí lo que sobra es paz; lo que falta es dónde meterla.
En el terreno del romance político, el gobernador Samuel García estrenó vocabulario legislativo y llamó "mamilas" a los diputados del PRIAN que se negaron a sentarse a revisar el borrador del Presupuesto 2027. De pasada juró que no debe un peso ni al alcalde de Monterrey ni al edil con licencia de Escobedo, a quien —según contó él mismo— ya le dicen "La Llorona". Uno esperaría un debate de altura sobre finanzas públicas y en cambio nos entregaron el casting de una leyenda de terror regia. Faltó nomás que la Tesorería convocara la mesa con veladoras y ruda. La reunión, por cierto, sigue en pie para el 2 de septiembre: veremos quién llega, quién llora y quién manda decir que anda ocupado.
Hablando de sustos, el verdadero fantasma de la semana no grita: apesta. La Zona Metropolitana lleva días respirando un delicioso cóctel de azufre y amoniaco, y Medio Ambiente estatal fue hasta la Ciudad de México a pedir de rodillas una inspección urgente a la refinería de Cadereyta. Es decir: el estado que asegura tener el aire bajo control ahora le suplica a la Federación que por favor venga a oler. Aire de primera y aire de segunda, pues, dependiendo del código postal. En Cadereyta ya saben de qué les hablo.
Y como no hay crisis regia sin su clásico regreso triunfal, resucitó Monterrey VI, el eterno acueducto de 390 kilómetros para traer agua del río Pánuco. Agua y Drenaje ya metió su Manifestación de Impacto Ambiental y lo vendió como "planeación a 30 años". Traducción: es el proyecto que llevamos velando desde hace tres sexenios y que reaparece cada que hace calor, como el tío que solo se acuerda de la familia cuando hay herencia. Tomen agua mientras llega… si es que llega.
Mención de honor para San Nicolás, que inauguró la política de seguridad más noventera del año: prohibir la entrada a comercios con casco, gorra y lentes. Más de 200 negocios, entre restaurantes y changarros de la esquina, pedirán a la clientela mostrar la carita antes de pasar. La delincuencia, temblando; los calvos con quemadura de sol, indefensos; y todo tío que use lentes de aumento, ahora sospechoso oficial de la Sultana del Norte.
Cerramos con el contraste que retrata al estado entero. Mientras el gobierno presume que construye "casi tres escuelas por semana" y dos mil millones de pesos en obra educativa rumbo al regreso a clases, en Apodaca los papás y los niños del kínder Capulina llevan seis meses —desde marzo— dando clase en un horno sin luz. Tres planteles nuevos por semana, dicen. A ese ritmo, el foco del Capulina llega justo para la graduación de la generación que hoy va en preescolar.
Así las cosas: no hay extorsión, no hay deudas, no hay olores propios y hay agua garantizada para 2056. Nuevo León no tiene problemas, tiene tráileres de negación con doble remolque. Feliz regreso a clases; lleven cubrebocas, no por la pandemia, por la refinería.