Diccionario de gobierno: 'mamila', 'moche' y 'La Llorona' en una sola rueda de prensa
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Hay ruedas de prensa que informan y hay ruedas de prensa que se estudian en clase de literatura. La del gobernador Samuel García esta semana pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Ante la negativa de los diputados del PRI y del PAN a sentarse en la mesa que convocó la Tesorería estatal para revisar el borrador del Presupuesto 2027, el mandatario no respondió con cuadros de Excel ni con proyecciones de gasto: respondió con vocabulario.
Llamó "mamilas" a los legisladores del PRIAN. Advirtió que no negociará con ellos y que no les dará "moches". Y, como broche de oro, aseguró que no adeuda un solo peso ni al alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, ni al edil con licencia de Escobedo, Andrés Mijes, a quien —palabras textuales del propio gobernador— "ya le dicen La Llorona".
Uno esperaba una discusión técnica sobre finanzas públicas y terminó con el reparto completo de una leyenda de espantos. Falta que en la próxima comparecencia aparezca el Nahual de Movilidad y el Charro Negro de Agua y Drenaje. La Sultana del Norte ya no necesita festival de cine de terror: tiene sesión de congreso.
El problema de gobernar a punta de apodos es que el apodo se queda, pero el presupuesto se va. Mientras la conversación pública gira en torno a quién llora más fuerte, el borrador del gasto de todo un estado sigue sin que oposición y gobierno se miren a los ojos en la misma sala. La cita quedó para el 2 de septiembre, y ahí sabremos si la mesa se llena o si, muy en el espíritu de la temporada, alguien manda decir que anda penando por otros rumbos.
Que conste: en política norteña, decir que no debes nada y decirlo gritando suelen ser dos cosas distintas. Y el ciudadano, ese que sí paga sus impuestos sin apodo de por medio, se queda esperando a ver si de tanto fantasma alguien, algún día, saca la calculadora. Mientras tanto, disfrutemos el nuevo diccionario: en Nuevo León ya no se debate, se conjura.
Llamó "mamilas" a los legisladores del PRIAN. Advirtió que no negociará con ellos y que no les dará "moches". Y, como broche de oro, aseguró que no adeuda un solo peso ni al alcalde de Monterrey, Adrián de la Garza, ni al edil con licencia de Escobedo, Andrés Mijes, a quien —palabras textuales del propio gobernador— "ya le dicen La Llorona".
Uno esperaba una discusión técnica sobre finanzas públicas y terminó con el reparto completo de una leyenda de espantos. Falta que en la próxima comparecencia aparezca el Nahual de Movilidad y el Charro Negro de Agua y Drenaje. La Sultana del Norte ya no necesita festival de cine de terror: tiene sesión de congreso.
El problema de gobernar a punta de apodos es que el apodo se queda, pero el presupuesto se va. Mientras la conversación pública gira en torno a quién llora más fuerte, el borrador del gasto de todo un estado sigue sin que oposición y gobierno se miren a los ojos en la misma sala. La cita quedó para el 2 de septiembre, y ahí sabremos si la mesa se llena o si, muy en el espíritu de la temporada, alguien manda decir que anda penando por otros rumbos.
Que conste: en política norteña, decir que no debes nada y decirlo gritando suelen ser dos cosas distintas. Y el ciudadano, ese que sí paga sus impuestos sin apodo de por medio, se queda esperando a ver si de tanto fantasma alguien, algún día, saca la calculadora. Mientras tanto, disfrutemos el nuevo diccionario: en Nuevo León ya no se debate, se conjura.