San Nicolás combatirá el crimen quitándote la gorra, los lentes y la dignidad
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El municipio de San Nicolás encontró la fórmula secreta contra la inseguridad, y no es tecnología israelí ni inteligencia artificial: es pedirte que te quites la gorra. Bajo el nombre de "Ingresa sin lentes, gorra y casco", más de 200 comercios —entre ellos más de 100 restaurantes afiliados a la CANIRAC y unas 140 tiendas Oxxo— colocarán avisos para que la clientela muestre la carita completa antes de entrar. La idea, según el alcalde Daniel Carrillo, es que nadie oculte su identidad al momento de delinquir.
En el papel suena a prevención. En la banqueta suena a que el hampa organizada será derrotada por un letrero tamaño carta pegado con diurex junto a la puerta del Oxxo. Uno imagina al delincuente profesional, pistola al cinto, frenando en seco frente al aviso: "Ay, caray, sin gorra no puedo pasar. Qué pena, ahí luego regreso". Y dando media vuelta, redimido por la papelería municipal.
Mientras tanto, el resto de los mortales pagará el costo de la campaña. El señor que sale con casco porque llegó en moto: sospechoso. La señora que trae lentes oscuros porque el sol de Nuevo León pega como reflector de estadio: sospechosa. El abuelito de lentes de aumento que solo quiere sus donas: interrogado en la entrada como si cruzara la aduana de Roma-Fiumicino. En San Nicolás, a partir de ahora, la presunción de inocencia se checa en la puerta, junto al gel antibacterial.
Hay algo entrañablemente optimista en creer que el crimen se resuelve por vía del guardarropa. Es la versión regia del "si no lo veo, no existe": si te obligo a enseñar la cara, ya nada malo puede pasar adentro. Ojalá fuera cierto. Ojalá los cuatro asaltantes que se llevaron un millón de pesos en San Pedro se hubieran detenido ante un aviso de "prohibido lentes oscuros". Ojalá.
Que quede claro: cuidar la seguridad de restaurantes y tienditas es legítimo y hasta necesario. Pero convertir a cada cliente en sospechoso mientras el problema de fondo —bandas armadas, robos con violencia, cuotas que oficialmente no existen— sigue circulando por las mismas calles, es tratar una fuga de aguas negras con un ambientador. Huele mejor un ratito, pero la fuga sigue ahí. En San Nicolás ya lo decidieron: la delincuencia se combate destapada. Usted, ciudadano honesto, quítese todo; el malo, seguramente, ya entró sin gorra.
En el papel suena a prevención. En la banqueta suena a que el hampa organizada será derrotada por un letrero tamaño carta pegado con diurex junto a la puerta del Oxxo. Uno imagina al delincuente profesional, pistola al cinto, frenando en seco frente al aviso: "Ay, caray, sin gorra no puedo pasar. Qué pena, ahí luego regreso". Y dando media vuelta, redimido por la papelería municipal.
Mientras tanto, el resto de los mortales pagará el costo de la campaña. El señor que sale con casco porque llegó en moto: sospechoso. La señora que trae lentes oscuros porque el sol de Nuevo León pega como reflector de estadio: sospechosa. El abuelito de lentes de aumento que solo quiere sus donas: interrogado en la entrada como si cruzara la aduana de Roma-Fiumicino. En San Nicolás, a partir de ahora, la presunción de inocencia se checa en la puerta, junto al gel antibacterial.
Hay algo entrañablemente optimista en creer que el crimen se resuelve por vía del guardarropa. Es la versión regia del "si no lo veo, no existe": si te obligo a enseñar la cara, ya nada malo puede pasar adentro. Ojalá fuera cierto. Ojalá los cuatro asaltantes que se llevaron un millón de pesos en San Pedro se hubieran detenido ante un aviso de "prohibido lentes oscuros". Ojalá.
Que quede claro: cuidar la seguridad de restaurantes y tienditas es legítimo y hasta necesario. Pero convertir a cada cliente en sospechoso mientras el problema de fondo —bandas armadas, robos con violencia, cuotas que oficialmente no existen— sigue circulando por las mismas calles, es tratar una fuga de aguas negras con un ambientador. Huele mejor un ratito, pero la fuga sigue ahí. En San Nicolás ya lo decidieron: la delincuencia se combate destapada. Usted, ciudadano honesto, quítese todo; el malo, seguramente, ya entró sin gorra.