Irapuato predice el futuro del agua, pero el presente todavía sale con arena
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Irapuato anunció que entró al siglo XXI con todo: Japami estrenó IAGUA, un sistema digital que opera desde diciembre con una inversión de 105.9 millones de pesos y que promete monitoreo en tiempo real, sectorización de la red, instrumentación de infraestructura hidráulica y, palabra mágica, un 'modelo predictivo' para optimizar el servicio. Traducido del comunicado al español: ahora el agua tendrá inteligencia. Ojalá el flujo también.
Porque aquí viene el contraste que ningún tablero de monitoreo logra disimular. Casi al mismo tiempo, el municipio presumió la rehabilitación del Pozo 60 en la colonia San Pedro, donde los vecinos llevaban tiempo padeciendo colapsos internos y, sobre todo, presencia de arena en las tomas domiciliarias. Sí, arena. Mientras un sistema digital anticipa escenarios hídricos con algoritmos, en algunas casas el reto era que la llave no escupiera material de playa. Hay algo profundamente guanajuatense en tener simultáneamente un 'modelo predictivo' de última generación y un grifo que entrega exfoliante corporal gratis.
No es que la modernización sea mala; al contrario, sectorizar la red y medir en tiempo real es justo lo que se necesita para dejar de operar a ciegas. El punto fino es de orden de prioridades narrativas: presumir el cerebro digital de la red mientras se repara, en paralelo, el problema más analógico y básico imaginable —que salga agua limpia— deja una postal involuntariamente cómica. Primero que llegue, luego que llegue limpia, y al final, si sobra presupuesto, que llegue con inteligencia artificial.
Los vecinos de San Pedro, eso sí, salen ganando: les prometieron mejor servicio, nuevo equipo de bombeo, tuberías sustituidas y hasta un sistema desarenador, que es el héroe anónimo de toda esta historia. Que el desarenador trabaje y que el modelo predictivo prediga; mientras tanto, el irapuatense seguirá haciendo lo único verdaderamente confiable en materia de agua: llenar la cubeta cuando hay, por si mañana no.
Porque aquí viene el contraste que ningún tablero de monitoreo logra disimular. Casi al mismo tiempo, el municipio presumió la rehabilitación del Pozo 60 en la colonia San Pedro, donde los vecinos llevaban tiempo padeciendo colapsos internos y, sobre todo, presencia de arena en las tomas domiciliarias. Sí, arena. Mientras un sistema digital anticipa escenarios hídricos con algoritmos, en algunas casas el reto era que la llave no escupiera material de playa. Hay algo profundamente guanajuatense en tener simultáneamente un 'modelo predictivo' de última generación y un grifo que entrega exfoliante corporal gratis.
No es que la modernización sea mala; al contrario, sectorizar la red y medir en tiempo real es justo lo que se necesita para dejar de operar a ciegas. El punto fino es de orden de prioridades narrativas: presumir el cerebro digital de la red mientras se repara, en paralelo, el problema más analógico y básico imaginable —que salga agua limpia— deja una postal involuntariamente cómica. Primero que llegue, luego que llegue limpia, y al final, si sobra presupuesto, que llegue con inteligencia artificial.
Los vecinos de San Pedro, eso sí, salen ganando: les prometieron mejor servicio, nuevo equipo de bombeo, tuberías sustituidas y hasta un sistema desarenador, que es el héroe anónimo de toda esta historia. Que el desarenador trabaje y que el modelo predictivo prediga; mientras tanto, el irapuatense seguirá haciendo lo único verdaderamente confiable en materia de agua: llenar la cubeta cuando hay, por si mañana no.