El monumento a la duda: dos gasolineras forradas en plástico
Tamaño de letra
Hay obras de arte que tardan años en gestarse y otras que se levantan en una tarde de sábado con tres corporaciones federales y un rollo de plástico industrial. Chihuahua eligió lo segundo.
Elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República intervinieron de manera simultánea dos estaciones de servicio de la misma cadena: una en la capital, en el cruce de 20 de Noviembre e Independencia, y otra al oriente de ciudad Delicias. Según trascendió, la revisión buscaba verificar la procedencia legal del combustible. Los testigos cuentan que el personal colocó plásticos alrededor de las bombas para impedir que las pistolas despacharan. La escena, hay que decirlo, tenía cierta solemnidad: la gasolinera envuelta como regalo que nadie quiere abrir.
Lo mejor fue la comunicación oficial, que consistió, básicamente, en no comunicar. Las autoridades mantuvieron la reserva. En Delicias, el mismo operativo se describió con la fórmula clásica: "hasta ahora no se informa el motivo oficial". Es el género literario favorito del estado, el suspenso administrativo: mucho despliegue, mucho cordón de seguridad, mucha unidad militar, y un final abierto que dejaría orgulloso a cualquier cineasta europeo.
Uno agradece la discreción, porque nada tranquiliza más a un automovilista que llegar a cargar diésel y encontrarse la bomba momificada y rodeada de soldados. "Regreso al rato", piensa uno, mientras hace cuentas de si le alcanza para llegar a la otra sucursal, que ojalá no esté también participando en la instalación colectiva.
Que quede claro: revisar la legalidad del combustible es exactamente lo que uno esperaría que hicieran las autoridades, y aplausos por eso. Lo que despierta ternura es el ritual. Sitiar, forrar, resguardar por horas y luego guardar silencio es la manera chihuahuense de gritar a los cuatro vientos que algo pasa, sin decir jamás qué. Cuando por fin haya versión oficial, seguramente ya habremos aprendido a querer esa gasolinera de plástico como parte del paisaje urbano.
Elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional y la Fiscalía General de la República intervinieron de manera simultánea dos estaciones de servicio de la misma cadena: una en la capital, en el cruce de 20 de Noviembre e Independencia, y otra al oriente de ciudad Delicias. Según trascendió, la revisión buscaba verificar la procedencia legal del combustible. Los testigos cuentan que el personal colocó plásticos alrededor de las bombas para impedir que las pistolas despacharan. La escena, hay que decirlo, tenía cierta solemnidad: la gasolinera envuelta como regalo que nadie quiere abrir.
Lo mejor fue la comunicación oficial, que consistió, básicamente, en no comunicar. Las autoridades mantuvieron la reserva. En Delicias, el mismo operativo se describió con la fórmula clásica: "hasta ahora no se informa el motivo oficial". Es el género literario favorito del estado, el suspenso administrativo: mucho despliegue, mucho cordón de seguridad, mucha unidad militar, y un final abierto que dejaría orgulloso a cualquier cineasta europeo.
Uno agradece la discreción, porque nada tranquiliza más a un automovilista que llegar a cargar diésel y encontrarse la bomba momificada y rodeada de soldados. "Regreso al rato", piensa uno, mientras hace cuentas de si le alcanza para llegar a la otra sucursal, que ojalá no esté también participando en la instalación colectiva.
Que quede claro: revisar la legalidad del combustible es exactamente lo que uno esperaría que hicieran las autoridades, y aplausos por eso. Lo que despierta ternura es el ritual. Sitiar, forrar, resguardar por horas y luego guardar silencio es la manera chihuahuense de gritar a los cuatro vientos que algo pasa, sin decir jamás qué. Cuando por fin haya versión oficial, seguramente ya habremos aprendido a querer esa gasolinera de plástico como parte del paisaje urbano.