Cuatro sobres, un solo elegido: la licitación más solitaria del año
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Hay concursos reñidos y hay concursos donde el ganador podría haber ido en pijama. La licitación para construir el Centro de Desarrollo Económico, en el área de Expo Chihuahua, pertenece con orgullo a la segunda categoría.
Se recibieron cuatro propuestas. Suena a competencia. Salvo que, de las cuatro, solo una fue dictaminada como "solvente": la de la empresa que se llevó el contrato por 195.1 millones de pesos antes de IVA. Es decir, se presentaron cuatro invitados a la fiesta pero tres, misteriosamente, olvidaron traer los papeles en orden. La afortunada, en cambio, entregó todo en tiempo y forma, sin una sola observación. Impecable. Casi tan impecable como esos exámenes donde solo un alumno trae la respuesta y los demás llegaron a acompañar.
El acta oficial lo dice con la prosa aséptica de siempre: documentación legal, técnica y económica completa, plena solvencia, cero observaciones. Todo en regla. Y precisamente porque todo está en regla es que uno tiene derecho a asombrarse de lo bien que salen las cuentas cuando el 75 por ciento de los participantes se descarta solito antes de llegar a la meta.
Es un fenómeno curioso de la obra pública chihuahuense: se convoca a competir, acuden varios, y al final gana quien iba a ganar de todos modos, pero con el certificado de que hubo pluralidad. La pluralidad como decorado. Cuatro sillas en la mesa para que no se vea que la cena era para uno.
Aclaremos, no vaya a ser: nada de esto es ilegal, y la empresa hizo exactamente lo que debía, que es cumplir todos los requisitos. El chiste no es de ella. El chiste es del ritual, ese teatro de la competencia donde se ensayan cuatro parlamentos pero solo uno se sabe la letra. Ojalá el Centro de Desarrollo Económico salga tan sólido como la propuesta que lo ganó. Por lo pronto, ya desarrolló algo: nuestra capacidad de sorprendernos de que, otra vez, la única oferta solvente haya sido justo la que se necesitaba.
Se recibieron cuatro propuestas. Suena a competencia. Salvo que, de las cuatro, solo una fue dictaminada como "solvente": la de la empresa que se llevó el contrato por 195.1 millones de pesos antes de IVA. Es decir, se presentaron cuatro invitados a la fiesta pero tres, misteriosamente, olvidaron traer los papeles en orden. La afortunada, en cambio, entregó todo en tiempo y forma, sin una sola observación. Impecable. Casi tan impecable como esos exámenes donde solo un alumno trae la respuesta y los demás llegaron a acompañar.
El acta oficial lo dice con la prosa aséptica de siempre: documentación legal, técnica y económica completa, plena solvencia, cero observaciones. Todo en regla. Y precisamente porque todo está en regla es que uno tiene derecho a asombrarse de lo bien que salen las cuentas cuando el 75 por ciento de los participantes se descarta solito antes de llegar a la meta.
Es un fenómeno curioso de la obra pública chihuahuense: se convoca a competir, acuden varios, y al final gana quien iba a ganar de todos modos, pero con el certificado de que hubo pluralidad. La pluralidad como decorado. Cuatro sillas en la mesa para que no se vea que la cena era para uno.
Aclaremos, no vaya a ser: nada de esto es ilegal, y la empresa hizo exactamente lo que debía, que es cumplir todos los requisitos. El chiste no es de ella. El chiste es del ritual, ese teatro de la competencia donde se ensayan cuatro parlamentos pero solo uno se sabe la letra. Ojalá el Centro de Desarrollo Económico salga tan sólido como la propuesta que lo ganó. Por lo pronto, ya desarrolló algo: nuestra capacidad de sorprendernos de que, otra vez, la única oferta solvente haya sido justo la que se necesitaba.