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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 30 de agosto de 2026

El superpeso también descansa los fines de semana: el dólar volvió a los 17

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El superpeso también descansa los fines de semana: el dólar volvió a los 17
Durante meses nos vendieron una épica monetaria: el superpeso, la moneda de acero, una de las más fuertes del mundo, presumida incluso rumbo al Segundo Informe presidencial como prueba de que el país va viento en popa. Y uno se lo creía, hasta que llegó el viernes, habló la Reserva Federal de Estados Unidos, y el dólar cruzó de nuevo la barrera de los 17 pesos como quien se salta un charco.

Resulta que el superpeso tenía kryptonita, y la kryptonita era un comunicado gringo. Basta que un banquero central del otro lado del río carraspee para que a nuestra moneda de acero se le afloje la capa. No es debilidad, entiéndase; es sensibilidad. El peso es fuerte, pero también es educado: cuando habla la Fed, guarda silencio y baja la mirada.

Lo entrañable del asunto es el timing. Justo cuando el discurso oficial pule la lámina del "peso más fuerte del mundo" para lucirla en la rendición de cuentas, la divisa decide aportar su granito de humildad y acumular pérdidas en la última semana de agosto. Es como presumir al alumno estrella el mismo día que reprueba el examen sorpresa: la foto ya estaba impresa, ya no se puede cambiar.

Conviene, eso sí, no exagerar en ninguna de las dos direcciones. El peso no se desplomó ni se acabó el mundo; simplemente hizo lo que hacen todas las monedas emergentes cuando el vecino del norte mueve las tasas: obedecer la física de los mercados, que no lee discursos ni aplaude informes. El problema no es que el dólar suba. El problema es habernos convencido de que teníamos superpoderes cuando lo que teníamos era buena racha y buen marketing.

Así que apunte, estimado lector, la moraleja cambiaria de la semana: presumir la moneda es como presumir el clima de Guadalajara. Se ve precioso hasta que, sin avisar, cae el aguacero.