La deuda perfecta: deber años y ser legalmente inmultable
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Existe un sueño secreto que todo contribuyente mexicano guarda en el fondo del alma: deber dinero y que no pase absolutamente nada. Pues bien, en una plaza comercial de Salamanca ese sueño ya es realidad, y no como leyenda urbana, sino como reporte oficial. Algunos establecimientos acumulan pagos pendientes por el servicio de limpia y recolección de basura desde el año dos mil veintidós, una cifra que ya rebasa los doscientos mil pesos, y la autoridad reconoce que no los puede multar.
Léase de nuevo, despacio, para saborearlo: deben desde hace tres años y son inmultables. No es que no los hayan multado todavía; es que no se puede. Han encontrado el santo grial de la administración pública, el punto exacto donde la deuda existe pero la consecuencia no. Es como jugar un partido donde el marcador corre pero el árbitro perdió el silbato, las tarjetas y también las ganas.
Uno intenta imaginar la escena en la oficina municipal. Llega el inspector con su talonario, revisa el expediente, confirma que sí, en efecto, aquí hay una deuda de tres años, saca la pluma, la acerca al papel y entonces alguien le recuerda, con voz suave, que no procede. El inspector guarda la pluma, guarda el talonario, se toma su café y regresa el año que entra a repetir la misma coreografía. La basura, mientras tanto, sigue generándose puntualísima, que para eso sí no hay pretexto ni laguna legal.
Lo verdaderamente admirable es el contraste. En este país, al ciudadano de a pie que se atrasa un mes en el predial le llega el recargo con intereses, la advertencia en rojo y la amenaza velada de embargo antes de que termine el trimestre. Pero acumula la deuda correcta, en el rubro correcto, en el resquicio correcto, y de pronto el reglamento se vuelve un poema sin dientes. La diferencia entre el moroso castigado y el moroso intocable no es el monto: es el domicilio.
En El Destiempo proponemos, con todo respeto, que ese vacío legal se estudie en las universidades como caso de éxito. Que lo enseñen junto al centenario de la Licenciatura en Derecho: aquí tienen, futuros abogados, la obra maestra de la impunidad administrativa, tres años de basura sin cobrar y sin sanción posible. Porque en Guanajuato hasta la basura se acumula a destiempo, y el recibo, por lo visto, también.
Léase de nuevo, despacio, para saborearlo: deben desde hace tres años y son inmultables. No es que no los hayan multado todavía; es que no se puede. Han encontrado el santo grial de la administración pública, el punto exacto donde la deuda existe pero la consecuencia no. Es como jugar un partido donde el marcador corre pero el árbitro perdió el silbato, las tarjetas y también las ganas.
Uno intenta imaginar la escena en la oficina municipal. Llega el inspector con su talonario, revisa el expediente, confirma que sí, en efecto, aquí hay una deuda de tres años, saca la pluma, la acerca al papel y entonces alguien le recuerda, con voz suave, que no procede. El inspector guarda la pluma, guarda el talonario, se toma su café y regresa el año que entra a repetir la misma coreografía. La basura, mientras tanto, sigue generándose puntualísima, que para eso sí no hay pretexto ni laguna legal.
Lo verdaderamente admirable es el contraste. En este país, al ciudadano de a pie que se atrasa un mes en el predial le llega el recargo con intereses, la advertencia en rojo y la amenaza velada de embargo antes de que termine el trimestre. Pero acumula la deuda correcta, en el rubro correcto, en el resquicio correcto, y de pronto el reglamento se vuelve un poema sin dientes. La diferencia entre el moroso castigado y el moroso intocable no es el monto: es el domicilio.
En El Destiempo proponemos, con todo respeto, que ese vacío legal se estudie en las universidades como caso de éxito. Que lo enseñen junto al centenario de la Licenciatura en Derecho: aquí tienen, futuros abogados, la obra maestra de la impunidad administrativa, tres años de basura sin cobrar y sin sanción posible. Porque en Guanajuato hasta la basura se acumula a destiempo, y el recibo, por lo visto, también.