El examen tenía la culpa: la nueva teoría del ingreso a la universidad
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La UNAM entregó los puntajes de admisión más bajos de los últimos seis años tras su examen de control presencial, con caídas de hasta 45 aciertos respecto al mínimo más bajo registrado desde 2021. Hubo carreras que se desplomaron: Medicina, esa que suele pedir casi un pleno, bajó su mínimo hasta 92 aciertos. Y como toda tragedia necesita su versión reconfortante, apareció la explicación destinada a la posteridad.
Una aspirante ofreció el diagnóstico: el examen estaba confuso, rebuscado, con fallas, y —cita textual— tenía preguntas con símbolos y signos «como si estuvieran hechas con IA». Ahí, damas y caballeros, se cerró un círculo perfecto de la historia contemporánea. La generación que le pide a la inteligencia artificial que le redacte el ensayo, le resuma el libro y le haga la tarea, ahora denuncia, indignada, que la máquina se atrevió a redactarle el examen. Es el mordisco de la serpiente a su propia cola, pero con Wi-Fi.
Conviene ser justos: presentar una prueba dos veces, primero en línea y luego de manera presencial por las dudas de la primera, no es precisamente un modelo de serenidad institucional, y algo de razón asiste a quien reclama. Pero atribuirle los bajos resultados a que las preguntas «parecían de IA» tiene el encanto de trasladar la responsabilidad a una entidad que no puede defenderse ni presentar amparo.
Mientras tanto, casi 49 mil estudiantes de primer ingreso comenzarán clases, unos por concurso y otros por pase reglamentado, y la vida seguirá. Pero quedará flotando la gran enseñanza pedagógica del ciclo: si repruebas, la culpa es del algoritmo; si pasas, el mérito es tuyo. Habilidad que, dicho sea de paso, sí garantiza una brillante carrera en la política mexicana.
Una aspirante ofreció el diagnóstico: el examen estaba confuso, rebuscado, con fallas, y —cita textual— tenía preguntas con símbolos y signos «como si estuvieran hechas con IA». Ahí, damas y caballeros, se cerró un círculo perfecto de la historia contemporánea. La generación que le pide a la inteligencia artificial que le redacte el ensayo, le resuma el libro y le haga la tarea, ahora denuncia, indignada, que la máquina se atrevió a redactarle el examen. Es el mordisco de la serpiente a su propia cola, pero con Wi-Fi.
Conviene ser justos: presentar una prueba dos veces, primero en línea y luego de manera presencial por las dudas de la primera, no es precisamente un modelo de serenidad institucional, y algo de razón asiste a quien reclama. Pero atribuirle los bajos resultados a que las preguntas «parecían de IA» tiene el encanto de trasladar la responsabilidad a una entidad que no puede defenderse ni presentar amparo.
Mientras tanto, casi 49 mil estudiantes de primer ingreso comenzarán clases, unos por concurso y otros por pase reglamentado, y la vida seguirá. Pero quedará flotando la gran enseñanza pedagógica del ciclo: si repruebas, la culpa es del algoritmo; si pasas, el mérito es tuyo. Habilidad que, dicho sea de paso, sí garantiza una brillante carrera en la política mexicana.