Monterrey VI regresa: el agua del Pánuco ya casi llega, solo faltan tres décadas
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Hay clásicos que nunca mueren: la cumbia del Super Show, el pozole de la abuela y el proyecto para traer agua del Río Pánuco. Esta semana Agua y Drenaje de Monterrey confirmó que vuelve a analizar el legendario Monterrey VI, esa obra hidráulica que reaparece en la agenda estatal con la puntualidad de un cometa y la efectividad de un propósito de Año Nuevo. La paraestatal explicó que forma parte de la "planeación hídrica rumbo a los próximos 30 años". Treinta. Años.
Detengámonos ahí, porque la cifra es una obra de arte por sí sola. En Nuevo León tenemos sed hoy, tuvimos sed ayer y el plan maestro nos garantiza el vaso de agua para alrededor de 2056, cuando quienes hoy cortan el listón ya estén, con suerte, cortando el pastel de sus bisnietos. Es la única promesa pública que viene con fecha de caducidad más larga que la deuda. La institución habla de "identificar áreas de oportunidad para optimizar el proyecto y maximizar beneficios para el Estado y la región Noreste", frase que en regio se traduce como: seguimos pensándole con muchas ganas.
Uno entiende la lógica. Traer agua desde Veracruz es caro, es complejo y cruza medio país. Pero también es cierto que en lo que dura ese cálculo ya construimos puentes internacionales, digitalizamos actas, cambiamos de gobernadores y sobrevivimos a varias sequías con tandeo, garrafón y fe. El agua del Pánuco se ha convertido en el amigo que siempre dice "ahí la armamos" y nunca arma nada, pero al que uno sigue invitando por costumbre.
Que conste: planear a tres décadas no es malo, es sensato. El problema es que en esta tierra la planeación de largo plazo suele convivir con la crisis de plazo inmediato, y mientras el PowerPoint viaja hacia 2056, la llave de la casa sigue haciendo ese ruidito hueco tan característico. Bienvenido de vuelta, Monterrey VI. Te guardamos el lugar de siempre en la agenda: junto a las buenas intenciones y arriba del tinaco vacío.
Detengámonos ahí, porque la cifra es una obra de arte por sí sola. En Nuevo León tenemos sed hoy, tuvimos sed ayer y el plan maestro nos garantiza el vaso de agua para alrededor de 2056, cuando quienes hoy cortan el listón ya estén, con suerte, cortando el pastel de sus bisnietos. Es la única promesa pública que viene con fecha de caducidad más larga que la deuda. La institución habla de "identificar áreas de oportunidad para optimizar el proyecto y maximizar beneficios para el Estado y la región Noreste", frase que en regio se traduce como: seguimos pensándole con muchas ganas.
Uno entiende la lógica. Traer agua desde Veracruz es caro, es complejo y cruza medio país. Pero también es cierto que en lo que dura ese cálculo ya construimos puentes internacionales, digitalizamos actas, cambiamos de gobernadores y sobrevivimos a varias sequías con tandeo, garrafón y fe. El agua del Pánuco se ha convertido en el amigo que siempre dice "ahí la armamos" y nunca arma nada, pero al que uno sigue invitando por costumbre.
Que conste: planear a tres décadas no es malo, es sensato. El problema es que en esta tierra la planeación de largo plazo suele convivir con la crisis de plazo inmediato, y mientras el PowerPoint viaja hacia 2056, la llave de la casa sigue haciendo ese ruidito hueco tan característico. Bienvenido de vuelta, Monterrey VI. Te guardamos el lugar de siempre en la agenda: junto a las buenas intenciones y arriba del tinaco vacío.