Nuevo León pide inspección urgente a Cadereyta: la ciudad huele a progreso, pero de cerca
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Hay problemas que se ven, problemas que se oyen y luego está el más regio de todos: el problema que se huele. La Secretaría de Medio Ambiente de Nuevo León formalizó ante la ASEA una solicitud de inspección "urgente" a la refinería de Pemex en Cadereyta, luego de semanas en que el área metropolitana amaneció perfumada con notas de azufre y amoniaco, ese buqué inconfundible que mezcla huevo olvidado con producto de limpieza barato.
El titular estatal, Raúl Lozano, viajó a Ciudad de México para pedirle a la autoridad federal que verifique procesos y aclare si hubo "alguna eventualidad atípica en los últimos días". La palabra clave aquí es "atípica", porque cualquier regio del oriente le dirá que lo verdaderamente atípico sería salir al patio y que huela a jazmines. La dependencia estatal ya había atribuido los olores a la refinería; ahora solo falta que alguien con facultades federales lo confirme con sello, oficio y foto.
Y ahí está el chiste triste del asunto: el estado que exporta acero, junta inversiones de miles de millones de dólares y presume alianzas binacionales, tiene que ir a la capital a preguntar, con sombrero en mano, por qué su propia gente respira azufre. La distribución de poderes en su máxima expresión aromática: los olores son locales, la nariz es local, pero el permiso para investigar quién apesta vive a 900 kilómetros.
Mientras la ASEA agenda, revisa y responde con la velocidad legendaria de la burocracia energética, los vecinos de Cadereyta y alrededores seguirán haciendo lo único que se puede hacer con un olor: aguantarlo, comentarlo en el grupo de WhatsApp y cerrar las ventanas. La inspección es urgente, sí. La respuesta, como todo lo bueno por estos rumbos, llegará cuando el viento ya haya cambiado de dirección. Respire hondo, Nuevo León. Bueno, mejor no tan hondo.
El titular estatal, Raúl Lozano, viajó a Ciudad de México para pedirle a la autoridad federal que verifique procesos y aclare si hubo "alguna eventualidad atípica en los últimos días". La palabra clave aquí es "atípica", porque cualquier regio del oriente le dirá que lo verdaderamente atípico sería salir al patio y que huela a jazmines. La dependencia estatal ya había atribuido los olores a la refinería; ahora solo falta que alguien con facultades federales lo confirme con sello, oficio y foto.
Y ahí está el chiste triste del asunto: el estado que exporta acero, junta inversiones de miles de millones de dólares y presume alianzas binacionales, tiene que ir a la capital a preguntar, con sombrero en mano, por qué su propia gente respira azufre. La distribución de poderes en su máxima expresión aromática: los olores son locales, la nariz es local, pero el permiso para investigar quién apesta vive a 900 kilómetros.
Mientras la ASEA agenda, revisa y responde con la velocidad legendaria de la burocracia energética, los vecinos de Cadereyta y alrededores seguirán haciendo lo único que se puede hacer con un olor: aguantarlo, comentarlo en el grupo de WhatsApp y cerrar las ventanas. La inspección es urgente, sí. La respuesta, como todo lo bueno por estos rumbos, llegará cuando el viento ya haya cambiado de dirección. Respire hondo, Nuevo León. Bueno, mejor no tan hondo.