Cámaras empresariales descartan extorsiones: la tranquilidad que nadie había pedido
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Existe un género literario muy nuestro, poco estudiado por la academia pero dominado a la perfección por el sector empresarial: el desmentido preventivo. Esta semana las cámaras empresariales de Nuevo León salieron a "descartar" que existan extorsiones a empresas en el estado, y uno no sabe si sentirse aliviado o empezar a preocuparse justo por la insistencia.
Porque así funciona la magia del descarte: es la respuesta contundente a una pregunta que oficialmente nadie subió al pizarrón. Es el equivalente corporativo de llegar a una cena y anunciar sin que venga al caso "por cierto, yo no fui". Todos voltean. Todos piensan lo mismo. La frase tranquilizadora tiene ese efecto bumerán tan entrañable: mientras más firme el descarte, más se activa la ceja levantada del ciudadano promedio.
Seamos justos: ojalá sea cierto, palabra por palabra. Ojalá en Nuevo León ningún negocio, del changarro de la esquina a la corporación de acero, tenga que pagar cuota para trabajar en paz. Sería una gran noticia, digna de portada y de brindis. El detalle es de tono: la buena noticia genuina no suele necesitar rueda de prensa para negar lo innegado. La confianza de verdad se demuestra sola, no se anuncia con micrófono.
En un estado donde esta misma semana descartamos olores atípicos que sí olían, prometimos agua para dentro de 30 años y presumimos arcos que leen 200 mil placas para encontrar un carro, el descarte empresarial encaja perfecto en la colección otoño-invierno de certezas regias: todo está bajo control, todo va excelente, y si insiste, se lo descartamos otra vez con muchísimo gusto. Duerma tranquilo, empresario de Nuevo León. Ya le dijeron que no pasa nada. Dos veces. Sin que preguntara.
Porque así funciona la magia del descarte: es la respuesta contundente a una pregunta que oficialmente nadie subió al pizarrón. Es el equivalente corporativo de llegar a una cena y anunciar sin que venga al caso "por cierto, yo no fui". Todos voltean. Todos piensan lo mismo. La frase tranquilizadora tiene ese efecto bumerán tan entrañable: mientras más firme el descarte, más se activa la ceja levantada del ciudadano promedio.
Seamos justos: ojalá sea cierto, palabra por palabra. Ojalá en Nuevo León ningún negocio, del changarro de la esquina a la corporación de acero, tenga que pagar cuota para trabajar en paz. Sería una gran noticia, digna de portada y de brindis. El detalle es de tono: la buena noticia genuina no suele necesitar rueda de prensa para negar lo innegado. La confianza de verdad se demuestra sola, no se anuncia con micrófono.
En un estado donde esta misma semana descartamos olores atípicos que sí olían, prometimos agua para dentro de 30 años y presumimos arcos que leen 200 mil placas para encontrar un carro, el descarte empresarial encaja perfecto en la colección otoño-invierno de certezas regias: todo está bajo control, todo va excelente, y si insiste, se lo descartamos otra vez con muchísimo gusto. Duerma tranquilo, empresario de Nuevo León. Ya le dijeron que no pasa nada. Dos veces. Sin que preguntara.