Reaparecer en Portofino: manual del expresidente que se esfumó para volver de etiqueta
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Hay quienes reaparecen dando la cara y quienes reaparecen dando el perfil izquierdo en una boda italiana. El expresidente Enrique Peña Nieto, ausente del debate público como quien puso el celular en modo avión desde 2018, resurgió esta semana en Portofino, retratado de traje oscuro y kipá durante la ceremonia nupcial de un cantante israelí. Después de años de silencio, eligió el escenario más discreto posible para volver: la Riviera italiana, una boda de tradición judía y un flash por metro cuadrado. La modestia, como siempre, es su fuerte.
El detalle que convirtió la postal social en noticia es la compañía. En el mismo evento coincidió con un empresario israelí señalado en investigaciones periodísticas y arbitrajes por presuntos pagos a funcionarios mexicanos vinculados al programa de espionaje Pegasus. Es decir, de todas las mesas del banquete, el destino lo sentó cerca justo del apellido que la prensa asocia con el capítulo más incómodo de su sexenio. Uno viaja miles de kilómetros para desconectarse y termina en la boda temática de sus propios expedientes.
Conviene subrayar lo que corresponde: el propio Peña Nieto desestimó en su momento esos señalamientos como versiones falsas, y la Fiscalía General de la República mantiene abierta una carpeta de investigación sobre aquellas operaciones. Nada está probado en su contra, y la sátira no viene a probarlo. Viene a admirar la coreografía: la capacidad de estar ausente durante años del país que gobernó y presente, puntualísimo, en el catering internacional. Hay agendas que no fallan.
La moraleja para el archivo tapatío es sencilla. Mientras acá se discute el agua turbia, los baches y el regreso a clases, el expresidente nos recuerda que la vida sí sigue, aunque sea suspendida por el cabello de la nostalgia sobre una terraza con vista al mar. Reapareció, sí, pero sin decir nada, que en su caso es prácticamente un discurso de Estado. Bienvenido de vuelta al feed; lo extrañábamos como se extraña una factura pendiente.
El detalle que convirtió la postal social en noticia es la compañía. En el mismo evento coincidió con un empresario israelí señalado en investigaciones periodísticas y arbitrajes por presuntos pagos a funcionarios mexicanos vinculados al programa de espionaje Pegasus. Es decir, de todas las mesas del banquete, el destino lo sentó cerca justo del apellido que la prensa asocia con el capítulo más incómodo de su sexenio. Uno viaja miles de kilómetros para desconectarse y termina en la boda temática de sus propios expedientes.
Conviene subrayar lo que corresponde: el propio Peña Nieto desestimó en su momento esos señalamientos como versiones falsas, y la Fiscalía General de la República mantiene abierta una carpeta de investigación sobre aquellas operaciones. Nada está probado en su contra, y la sátira no viene a probarlo. Viene a admirar la coreografía: la capacidad de estar ausente durante años del país que gobernó y presente, puntualísimo, en el catering internacional. Hay agendas que no fallan.
La moraleja para el archivo tapatío es sencilla. Mientras acá se discute el agua turbia, los baches y el regreso a clases, el expresidente nos recuerda que la vida sí sigue, aunque sea suspendida por el cabello de la nostalgia sobre una terraza con vista al mar. Reapareció, sí, pero sin decir nada, que en su caso es prácticamente un discurso de Estado. Bienvenido de vuelta al feed; lo extrañábamos como se extraña una factura pendiente.