De tocar puertas en la colonia a la selfie en San Lázaro: crónica de un abrazo bien coordinado
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En la política de Puerto Vallarta pasó algo que merece manual de estilo: el aspirante Ra Aguilar hizo el salto del trabajo territorial en las colonias al Palacio Legislativo de San Lázaro, donde fue "arropado" por figuras de primer nivel de Morena durante la Quinta Reunión Plenaria de la bancada. Del portón de lámina al pasillo alfombrado en una sola jornada dominical: un ascenso tan vertical que da vértigo y merece cinturón de seguridad político.
La nota, replicada con idéntico entusiasmo por más de un medio de la bahía, enumera con devoción de acta notarial cada saludo: la presidenta del CEN, la secretaria general, dos secretarios de Estado, la consejera jurídica de la Presidencia y un par de diputados federales. Es la modalidad de campaña que podríamos llamar "currículum por cercanía": no se mide por lo que uno propone, sino por con quién logró coincidir en la misma fotografía antes de que se acabara el café. Un apretón de manos hoy vale más que un plan de gobierno.
El comunicado remata con la frase que lo justifica todo: "más allá de las fotografías, su presencia representa una señal política". Traducción para el electorado de a pie: las fotografías, entonces, sí importaban, tanto que hubo que aclarar que había algo más allá de ellas. Se consolida, dicen, como el perfil con mayor fuerza para coordinar Morena en el puerto, cargo que por ahora existe sobre todo en el álbum de recortes y en el optimismo de sus operadores. Vallarta, mientras tanto, espera que el arrope llegue también a sus calles.
Nada de esto es delito ni misterio: así se cocina el caldo previo a toda candidatura, con ingredientes de plenaria, padrinos de alto nivel y comunicados redactados en tono épico. Lo satírico no es que aspire —está en su derecho—, sino la solemnidad con que un domingo de saludos se presenta como epopeya fundacional. Cuando toque gobernar, ojalá el mismo entusiasmo alcance para las colonias que hoy funcionan de escenografía. Por lo pronto, la foto ya está encuadrada y el pie de foto, redactado.
La nota, replicada con idéntico entusiasmo por más de un medio de la bahía, enumera con devoción de acta notarial cada saludo: la presidenta del CEN, la secretaria general, dos secretarios de Estado, la consejera jurídica de la Presidencia y un par de diputados federales. Es la modalidad de campaña que podríamos llamar "currículum por cercanía": no se mide por lo que uno propone, sino por con quién logró coincidir en la misma fotografía antes de que se acabara el café. Un apretón de manos hoy vale más que un plan de gobierno.
El comunicado remata con la frase que lo justifica todo: "más allá de las fotografías, su presencia representa una señal política". Traducción para el electorado de a pie: las fotografías, entonces, sí importaban, tanto que hubo que aclarar que había algo más allá de ellas. Se consolida, dicen, como el perfil con mayor fuerza para coordinar Morena en el puerto, cargo que por ahora existe sobre todo en el álbum de recortes y en el optimismo de sus operadores. Vallarta, mientras tanto, espera que el arrope llegue también a sus calles.
Nada de esto es delito ni misterio: así se cocina el caldo previo a toda candidatura, con ingredientes de plenaria, padrinos de alto nivel y comunicados redactados en tono épico. Lo satírico no es que aspire —está en su derecho—, sino la solemnidad con que un domingo de saludos se presenta como epopeya fundacional. Cuando toque gobernar, ojalá el mismo entusiasmo alcance para las colonias que hoy funcionan de escenografía. Por lo pronto, la foto ya está encuadrada y el pie de foto, redactado.