Retiro voluntario, edición 135: el ambulantaje moreliano ya sabe el guion de memoria
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El Gobierno de Morelia volvió a hacer lo que mejor sabe hacer un sábado: desplegar personal de Mercados y Plazas, acompañarse de Policía Morelia, cortar la circulación en Madero y Allende, y pedirle amablemente al ambulantaje que se retire de forma voluntaria. La palabra clave del comunicado es "voluntaria", que en el diccionario del Centro Histórico significa "hasta que se vaya la camioneta".
El dato que lo dice todo: 135 comerciantes reincidentes. No 135 nuevos, no 135 despistados que no sabían las reglas. Reincidentes. Personas que conocen el horario del operativo mejor que el propio calendario municipal, que saben cuánto tarda el dispositivo en llegar, cuánto en irse, y por dónde vuelve a instalarse el puesto una vez que la autoridad se retira sintiéndose victoriosa. Es el juego de las escondidillas más largo de Michoacán, con la diferencia de que aquí ambos equipos ya se aprendieron las posiciones.
Y luego está el matiz que le quita lo bucólico al "privilegiar el diálogo": los inspectores de Mercados presentaron 11 denuncias por agresiones durante los operativos de retiro, con la Fiscalía dando seguimiento a cada caso. Resulta que la conversación, en algún punto de la mañana, deja de fluir. El director de Mercados también reveló que entre los vendedores hay gente llegada de Veracruz, Puebla y el Estado de México, lo cual es casi un halago urbano: Morelia se volvió tan cotizada que hasta para vender sin permiso vale la pena hacer el viaje.
El problema de fondo no es cómico y todos lo saben: mientras no haya un modelo real de reordenamiento que ofrezca a los comerciantes un lugar digno y viable, el operativo sabatino seguirá siendo una coreografía. Se retira, se aplaude, se emite el boletín, y el lunes la esquina amanece exactamente igual. La autoridad presume cifras; los reincidentes presumen constancia. Y el Centro Histórico, patrimonio de la humanidad, sirve de escenario para una obra que ya lleva más temporadas que cualquier telenovela. Ordenar por decreto de fin de semana es como barrer con la marea baja: se ve limpio hasta que sube el agua. Y aquí el agua sube todos los sábados a la misma hora.
El dato que lo dice todo: 135 comerciantes reincidentes. No 135 nuevos, no 135 despistados que no sabían las reglas. Reincidentes. Personas que conocen el horario del operativo mejor que el propio calendario municipal, que saben cuánto tarda el dispositivo en llegar, cuánto en irse, y por dónde vuelve a instalarse el puesto una vez que la autoridad se retira sintiéndose victoriosa. Es el juego de las escondidillas más largo de Michoacán, con la diferencia de que aquí ambos equipos ya se aprendieron las posiciones.
Y luego está el matiz que le quita lo bucólico al "privilegiar el diálogo": los inspectores de Mercados presentaron 11 denuncias por agresiones durante los operativos de retiro, con la Fiscalía dando seguimiento a cada caso. Resulta que la conversación, en algún punto de la mañana, deja de fluir. El director de Mercados también reveló que entre los vendedores hay gente llegada de Veracruz, Puebla y el Estado de México, lo cual es casi un halago urbano: Morelia se volvió tan cotizada que hasta para vender sin permiso vale la pena hacer el viaje.
El problema de fondo no es cómico y todos lo saben: mientras no haya un modelo real de reordenamiento que ofrezca a los comerciantes un lugar digno y viable, el operativo sabatino seguirá siendo una coreografía. Se retira, se aplaude, se emite el boletín, y el lunes la esquina amanece exactamente igual. La autoridad presume cifras; los reincidentes presumen constancia. Y el Centro Histórico, patrimonio de la humanidad, sirve de escenario para una obra que ya lleva más temporadas que cualquier telenovela. Ordenar por decreto de fin de semana es como barrer con la marea baja: se ve limpio hasta que sube el agua. Y aquí el agua sube todos los sábados a la misma hora.