El Senado de la concordia estrena presidente a puros gritos
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Nada celebra tanto la unidad de un movimiento como una buena riña interna por ver quién la preside. Este lunes, el Senado de la República debía elegir a su nueva Mesa Directiva, y Morena llegó con su candidato perfilado, bendecido y prácticamente enmarcado: Higinio Martínez, veterano político mexiquense, opción de consenso para conducir la Cámara Alta durante el tercer año de la legislatura. Consenso, eso sí, con un asterisco del tamaño de un curul.
Ese asterisco, cómo no, se llama Gerardo Fernández Noroña, especialista nacional en encontrarle la quinta pata al gato de su propio partido. Descalificó el proceso, denunció que la elección de Martínez no fue "a través de un proceso libre" y llegó a hablar de "connivencia" con la oposición. Traducción para quien llegó tarde: alguien tomó una decisión sin consultarle, y eso, en su cosmología, equivale a una traición a la patria con agravantes.
Martínez, por su parte, prometió una presidencia "conciliadora, pero no blandita". La frase merece un lugar en el museo de la ambigüedad calculada, junto a los clásicos "firme pero flexible" y "austero pero digno". Aclaró además que el reglamento no será su principal herramienta para preservar el orden, lo cual, viniendo de quien va a presidir un recinto donde el orden se preserva a base de campanazos, es todo un acto de optimismo.
Recordemos, para no perder el rigor, que hasta que la votación por cédula no termine y alguien reúna la mayoría absoluta, Martínez sigue siendo el "perfilado" y no el presidente. Detalle menor para un partido que ya lo daba por hecho antes de contar los votos. Es la vieja escuela de la política mexicana: primero se anuncia el ganador y luego, si sobra tiempo, se hace la elección.
Así que el arranque del periodo ordinario nos deja una postal entrañable: una bancada mayoritaria que se pelea consigo misma por el asiento principal de la casa de la reconciliación. Si la concordia empieza así, uno se pregunta con qué energía piensan discutir con la oposición. Quizá con la misma: mucho micrófono abierto y poca votación cerrada. Bienvenidos al tercer año; abróchense el cinturón, que la conciliación viene con turbulencia.
Ese asterisco, cómo no, se llama Gerardo Fernández Noroña, especialista nacional en encontrarle la quinta pata al gato de su propio partido. Descalificó el proceso, denunció que la elección de Martínez no fue "a través de un proceso libre" y llegó a hablar de "connivencia" con la oposición. Traducción para quien llegó tarde: alguien tomó una decisión sin consultarle, y eso, en su cosmología, equivale a una traición a la patria con agravantes.
Martínez, por su parte, prometió una presidencia "conciliadora, pero no blandita". La frase merece un lugar en el museo de la ambigüedad calculada, junto a los clásicos "firme pero flexible" y "austero pero digno". Aclaró además que el reglamento no será su principal herramienta para preservar el orden, lo cual, viniendo de quien va a presidir un recinto donde el orden se preserva a base de campanazos, es todo un acto de optimismo.
Recordemos, para no perder el rigor, que hasta que la votación por cédula no termine y alguien reúna la mayoría absoluta, Martínez sigue siendo el "perfilado" y no el presidente. Detalle menor para un partido que ya lo daba por hecho antes de contar los votos. Es la vieja escuela de la política mexicana: primero se anuncia el ganador y luego, si sobra tiempo, se hace la elección.
Así que el arranque del periodo ordinario nos deja una postal entrañable: una bancada mayoritaria que se pelea consigo misma por el asiento principal de la casa de la reconciliación. Si la concordia empieza así, uno se pregunta con qué energía piensan discutir con la oposición. Quizá con la misma: mucho micrófono abierto y poca votación cerrada. Bienvenidos al tercer año; abróchense el cinturón, que la conciliación viene con turbulencia.