San Pedro contra la vejiga: la última frontera del orden público
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Mientras el país se debate entre asuntos menores como la inseguridad o la economía, San Pedro Garza García dedica sus mejores hombres a una amenaza más urgente: los caballeros que no aguantan hasta el baño. Durante labores de vigilancia en la zona de Centrito Valle, la Secretaría de Seguridad Pública detuvo a cuatro personas por faltas administrativas: tres por orinar en la vía pública y una más por ingerir alcohol al aire libre. La civilización, otra vez, salvada por un pelo.
Hay que reconocer la eficiencia. En otros municipios uno puede orinar en un poste con la tranquilidad de que nadie llegará jamás; en San Pedro, en cambio, el chorro apenas toca el suelo y ya hay patrulla. Es, sin duda, el único lugar de la metrópoli donde la respuesta policial más veloz la dispara una vejiga floja. Los tres detenidos podrán presumir que fueron arrestados en el código postal más caro del norte del país, un lujo que no cualquiera puede pagar… aunque en este caso lo pagaron con multa.
El cuarto, el de la cerveza al aire libre, completa el cuadro costumbrista: en Centrito Valle uno puede pagar cuarenta pesos por un café importado, pero abrir una lata en la banqueta te cuesta la libertad. Cuestión de formas.
Ahora bien, para que nadie diga que en San Pedro solo se persiguen pecados veniales, ese mismo fin de semana los oficiales también detuvieron a un hombre, identificado como Viterbo “N”, al que presuntamente le hallaron una pistola calibre punto 380 en su vehículo, sobre la avenida Roble. Y aquí está la belleza del asunto: el señor de la pistola y los señores del pipí terminaron procesados por la misma corporación, quizá formados en la misma banca. Democracia pura. En San Pedro la ley no discrimina: lo mismo te cae por portar un arma que por no portar autocontrol urinario.
Que conste que aplaudir el orden es sano. Pero uno sueña con el día en que la misma diligencia con que se persigue al desesperado que no encontró baño se aplique a los problemas que de verdad quitan el sueño. Mientras tanto, regios: si andan por Centrito Valle, aguántense. Ahí la naturaleza no perdona y la policía tampoco.
Hay que reconocer la eficiencia. En otros municipios uno puede orinar en un poste con la tranquilidad de que nadie llegará jamás; en San Pedro, en cambio, el chorro apenas toca el suelo y ya hay patrulla. Es, sin duda, el único lugar de la metrópoli donde la respuesta policial más veloz la dispara una vejiga floja. Los tres detenidos podrán presumir que fueron arrestados en el código postal más caro del norte del país, un lujo que no cualquiera puede pagar… aunque en este caso lo pagaron con multa.
El cuarto, el de la cerveza al aire libre, completa el cuadro costumbrista: en Centrito Valle uno puede pagar cuarenta pesos por un café importado, pero abrir una lata en la banqueta te cuesta la libertad. Cuestión de formas.
Ahora bien, para que nadie diga que en San Pedro solo se persiguen pecados veniales, ese mismo fin de semana los oficiales también detuvieron a un hombre, identificado como Viterbo “N”, al que presuntamente le hallaron una pistola calibre punto 380 en su vehículo, sobre la avenida Roble. Y aquí está la belleza del asunto: el señor de la pistola y los señores del pipí terminaron procesados por la misma corporación, quizá formados en la misma banca. Democracia pura. En San Pedro la ley no discrimina: lo mismo te cae por portar un arma que por no portar autocontrol urinario.
Que conste que aplaudir el orden es sano. Pero uno sueña con el día en que la misma diligencia con que se persigue al desesperado que no encontró baño se aplique a los problemas que de verdad quitan el sueño. Mientras tanto, regios: si andan por Centrito Valle, aguántense. Ahí la naturaleza no perdona y la policía tampoco.