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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 13 de agosto, 2026
Guanajuato Nota 23 de junio de 2026

La fiebre Panini llega al Bajío: señores adultos negociando estampas como en la Bolsa de Valores

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La fiebre Panini llega al Bajío: señores adultos negociando estampas como en la Bolsa de Valores
Hay pocas cosas más mexicanas que la economía informal, y entre ellas brilla con luz propia el mercado negro de las estampas Panini. En Plaza Galerías de León, niños, jóvenes y, sobre todo, adultos plenamente desarrollados se reunieron este fin de semana a intercambiar barajitas rumbo al Mundial 2026, convirtiendo —según la crónica— la colección en 'tradición familiar'.

Digámoslo con cariño: la tradición familiar consiste en que papá compra dos sobres 'para el niño' y termina él hincado en el piso del centro comercial gritando 'la tengo, la tengo, la repetida es la de Croacia'. El niño, mientras tanto, juega en el celular esperando a que su progenitor termine de revivir su infancia de 1986, cuando León recibía partidos amistosos entre selecciones mundialistas y el país entero creía que esta vez sí.

El fenómeno tiene su propia microeconomía. Existe la estampa común, que sobra como buenos propósitos en enero; existe la difícil, esa que todos buscan y nadie suelta; y existe el brillito, divisa internacional que se cotiza por encima del peso, del dólar y de la palabra de varios políticos. Hay quien lleva listas en libreta, quien tiene un grupo de WhatsApp dedicado exclusivamente al trueque, y quien jura que solo va 'a acompañar' y regresa con tres álbumes empezados.

Lo entrañable del asunto es que, en plena era de algoritmos, inteligencia artificial y monitoreo del agua en tiempo real, lo que de verdad junta a desconocidos de todas las edades en una plaza de León es un cromo engomado de cartón. Ningún influencer logra esa convocatoria. Ninguna app retiene tanto. La Panini, humilde y pegajosa, sigue siendo la red social más eficiente del Bajío.

Que lo disfruten, coleccionistas. Completar el álbum costará más que los boletos al estadio, pero nadie podrá quitarles la satisfacción de haber pegado, con saliva y orgullo, una estampa que dentro de cuatro años encontrarán olvidada en un cajón, junto a la cartilla militar que tampoco sirvió para nada.