Patrulla Cocodrilo: cuando el problema son los cocodrilos y no las torres que les tiraron la casa
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Puerto Vallarta acaba de darle al país una lección de urbanismo poético: el alcalde reconoció que tanto desarrollo inmobiliario junto al estero ha ido corriendo a los cocodrilos de su hábitat, empujándolos hacia playas, ríos y esteros donde ahora se topan con turistas y vecinos. Y ante semejante diagnóstico —correcto, honesto, casi valiente— la solución anunciada no fue frenar los "muchísimos desarrollos", sino crear una "Patrulla Cocodrilo". Es decir: le construimos condominios encima al reptil y luego mandamos una brigada a regañarlo por andar deambulando confundido. La lógica de siempre, ahora con escamas.
Uno entiende el dilema. Detener a un cocodrilo es difícil, pero detener a una constructora con vista al mar es, aparentemente, imposible. El animal no tiene abogados, no aporta a campañas y no compra planas; el estero, en cambio, se rellena solito con cemento y buenas intenciones. Así que la naturaleza tendrá que adaptarse, como siempre le pedimos a la naturaleza: que se forme, que respete el reglamento, que traiga su comprobante de domicilio aunque su domicilio original ahora sea el lobby de un edificio de lujo.
Lo delicado del asunto es que ya van 14 cocodrilos muertos en el municipio, cifra que convierte el tema en algo más serio que una ocurrencia de temporada. El reptil no está invadiendo la ciudad: la ciudad lo invadió a él y ahora finge sorpresa cuando el desplazado toca timbre. Es el mismo guion que viven las familias que ven subir el predial y la tarifa del agua mientras les prometen que no habrá aumento: primero te corren del mapa y luego te mandan una patrulla a preguntarte por qué te ves tan alterado.
Proponemos, en solidaridad, ampliar el modelo. Ya que estamos en la era de las brigadas temáticas, que venga la Patrulla Encharcamiento para vigilar por qué se inunda la avenida, la Patrulla Camión para investigar por qué no pasa la ruta, y la Patrulla Basura para Joyas del Pedregal, donde los vecinos llevan días esperando que el camión recolector recuerde su existencia. Todas atacando valientemente el síntoma y jamás, jamás, la causa.
Mientras tanto, el cocodrilo —ese jalisciense de sangre fría con más antigüedad en la bahía que cualquier fraccionamiento— seguirá caminando por la playa con cara de "aquí vivía yo". Y tendrá razón. Ojalá la Patrulla Cocodrilo traiga, además de red y experiencia, una copia del mapa de cómo era esto antes de que la vista al mar valiera más que el ecosistema que la hacía bonita.
Uno entiende el dilema. Detener a un cocodrilo es difícil, pero detener a una constructora con vista al mar es, aparentemente, imposible. El animal no tiene abogados, no aporta a campañas y no compra planas; el estero, en cambio, se rellena solito con cemento y buenas intenciones. Así que la naturaleza tendrá que adaptarse, como siempre le pedimos a la naturaleza: que se forme, que respete el reglamento, que traiga su comprobante de domicilio aunque su domicilio original ahora sea el lobby de un edificio de lujo.
Lo delicado del asunto es que ya van 14 cocodrilos muertos en el municipio, cifra que convierte el tema en algo más serio que una ocurrencia de temporada. El reptil no está invadiendo la ciudad: la ciudad lo invadió a él y ahora finge sorpresa cuando el desplazado toca timbre. Es el mismo guion que viven las familias que ven subir el predial y la tarifa del agua mientras les prometen que no habrá aumento: primero te corren del mapa y luego te mandan una patrulla a preguntarte por qué te ves tan alterado.
Proponemos, en solidaridad, ampliar el modelo. Ya que estamos en la era de las brigadas temáticas, que venga la Patrulla Encharcamiento para vigilar por qué se inunda la avenida, la Patrulla Camión para investigar por qué no pasa la ruta, y la Patrulla Basura para Joyas del Pedregal, donde los vecinos llevan días esperando que el camión recolector recuerde su existencia. Todas atacando valientemente el síntoma y jamás, jamás, la causa.
Mientras tanto, el cocodrilo —ese jalisciense de sangre fría con más antigüedad en la bahía que cualquier fraccionamiento— seguirá caminando por la playa con cara de "aquí vivía yo". Y tendrá razón. Ojalá la Patrulla Cocodrilo traiga, además de red y experiencia, una copia del mapa de cómo era esto antes de que la vista al mar valiera más que el ecosistema que la hacía bonita.