Cartilla militar 2026: el documento que nadie usa pero todos te piden
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Existe en México un trámite tan perfecto en su inutilidad que merece monumento: la Cartilla del Servicio Militar Nacional. Esta semana, El Sol de Salamanca publicó una guía para tramitarla en 2026 y, sin proponérselo, escribió uno de los retratos más fieles de la burocracia nacional. El dato clave está en la propia nota: la cartilla ya no es requisito para la mayoría de los trámites, no funciona como identificación biométrica, y aun así algunos empleos e instituciones públicas la siguen solicitando.
Léalo de nuevo, con calma. Es un papel que el sistema reconoce como prescindible, pero que el sistema, simultáneamente, sigue exigiendo. Es el equivalente documental de esa lámpara descompuesta que nadie usa pero que nadie tira porque 'por si acaso'. La cartilla es el 'por si acaso' hecho cartulina.
Generaciones enteras de jóvenes salmantinos pasarán la tarde formados, marchando simbólicamente, rifando bolas blancas y negras, todo para obtener un comprobante que la realidad ya jubiló pero que el mostrador todavía pide con cara de 'es que sin eso no procede'. Y procederá, claro, porque en este país el trámite no existe para resolver: existe para que exista otro trámite.
Lo verdaderamente admirable es la resistencia del objeto. En tiempos de huella digital, reconocimiento facial, IAGUA monitoreando tuberías en tiempo real e inteligencia artificial escribiendo columnas sobre la grandeza humana, sobrevive un cuadernillo militar que se llena a mano y que muchos guardan junto al acta de nacimiento de papel reciclado y la credencial de elector vencida. Es patrimonio inmaterial. Es nostalgia engargolada.
Una recomendación sincera para el joven salmantino: trámitala. No porque sirva —insistimos, la propia nota admite que casi no—, sino porque algún día un empleador de la vieja escuela te la pedirá mirándote por encima de los lentes, y ese día querrás tenerla, aunque sea para colocarla en el cajón sagrado donde el mexicano guarda todos los documentos que no usa pero que jamás se atreve a tirar. Ahí, junto a las estampas repetidas del Mundial, descansará en paz.
Léalo de nuevo, con calma. Es un papel que el sistema reconoce como prescindible, pero que el sistema, simultáneamente, sigue exigiendo. Es el equivalente documental de esa lámpara descompuesta que nadie usa pero que nadie tira porque 'por si acaso'. La cartilla es el 'por si acaso' hecho cartulina.
Generaciones enteras de jóvenes salmantinos pasarán la tarde formados, marchando simbólicamente, rifando bolas blancas y negras, todo para obtener un comprobante que la realidad ya jubiló pero que el mostrador todavía pide con cara de 'es que sin eso no procede'. Y procederá, claro, porque en este país el trámite no existe para resolver: existe para que exista otro trámite.
Lo verdaderamente admirable es la resistencia del objeto. En tiempos de huella digital, reconocimiento facial, IAGUA monitoreando tuberías en tiempo real e inteligencia artificial escribiendo columnas sobre la grandeza humana, sobrevive un cuadernillo militar que se llena a mano y que muchos guardan junto al acta de nacimiento de papel reciclado y la credencial de elector vencida. Es patrimonio inmaterial. Es nostalgia engargolada.
Una recomendación sincera para el joven salmantino: trámitala. No porque sirva —insistimos, la propia nota admite que casi no—, sino porque algún día un empleador de la vieja escuela te la pedirá mirándote por encima de los lentes, y ese día querrás tenerla, aunque sea para colocarla en el cajón sagrado donde el mexicano guarda todos los documentos que no usa pero que jamás se atreve a tirar. Ahí, junto a las estampas repetidas del Mundial, descansará en paz.