El Mundial se fue y se llevó los patines: la Cenicienta de la movilidad chilanga
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Hubo una vez, hace un verano, en que la Ciudad de México tuvo monopatines eléctricos. Llegaron con el Mundial, como los adornos que uno saca solo en diciembre, y a partir de hoy se van igual de rápido: las tres empresas operadoras —Lime, Jet y Whoosh— deben retirar sus tres mil unidades mientras la Secretaría de Movilidad 'evalúa' si vale la pena que se queden y bajo qué condiciones.
Fue un romance de temporada. Durante 60 días, el capitalino conoció la fugaz emoción de esquivar peatones sintiéndose ciudadano del primer mundo. Mil patines por empresa, desplegados para que los visitantes del futbol creyeran que aquí siempre nos movemos así, sobre ruedas silenciosas y tarifa por minuto. Terminó el torneo, apagaron las luces del estadio y, como buen invitado que se va sin avisar, el Mundial se llevó los patines de recuerdo.
Lo poético del asunto es el timing. Justo el día en que la ciudad colapsa por el regreso a clases —Circuito Interior hecho un rosario de claxons, Chapultepec convertida en estacionamiento horizontal— es cuando desaparecen tres mil vehículos que no contaminan y no piden segundo piso. La Semovi evaluará. Palabra mágica. En el catálogo del lenguaje oficial, 'se evaluará' ocupa el mismo estante que 'ahí lo vemos' y 'yo te llamo'.
Y mientras los patines regulados hacen mutis, en el Centro Histórico las bicimotos y scooters no regulados hacen fiesta: circulan sin casco, en sentido contrario y —joya de la corona— por la banqueta, según reportan los peatones que ya no saben si caminar o pedir asilo. O sea que el problema nunca fue la rueda eléctrica; fue la rueda eléctrica con permiso. Las clandestinas gozan de cabal salud.
Queda la duda existencial: ¿para qué sirve un programa piloto que se aplica exactamente cuando no se necesita y se cancela justo cuando podría servir? Es como repartir paraguas en plena sequía y recogerlos al primer nubarrón. Pero tranquilos: se evaluará. Y si la evaluación tarda lo que tardan estas cosas, los patines regresarán a tiempo para el próximo Mundial. Faltan nada más cuatro años.
Fue un romance de temporada. Durante 60 días, el capitalino conoció la fugaz emoción de esquivar peatones sintiéndose ciudadano del primer mundo. Mil patines por empresa, desplegados para que los visitantes del futbol creyeran que aquí siempre nos movemos así, sobre ruedas silenciosas y tarifa por minuto. Terminó el torneo, apagaron las luces del estadio y, como buen invitado que se va sin avisar, el Mundial se llevó los patines de recuerdo.
Lo poético del asunto es el timing. Justo el día en que la ciudad colapsa por el regreso a clases —Circuito Interior hecho un rosario de claxons, Chapultepec convertida en estacionamiento horizontal— es cuando desaparecen tres mil vehículos que no contaminan y no piden segundo piso. La Semovi evaluará. Palabra mágica. En el catálogo del lenguaje oficial, 'se evaluará' ocupa el mismo estante que 'ahí lo vemos' y 'yo te llamo'.
Y mientras los patines regulados hacen mutis, en el Centro Histórico las bicimotos y scooters no regulados hacen fiesta: circulan sin casco, en sentido contrario y —joya de la corona— por la banqueta, según reportan los peatones que ya no saben si caminar o pedir asilo. O sea que el problema nunca fue la rueda eléctrica; fue la rueda eléctrica con permiso. Las clandestinas gozan de cabal salud.
Queda la duda existencial: ¿para qué sirve un programa piloto que se aplica exactamente cuando no se necesita y se cancela justo cuando podría servir? Es como repartir paraguas en plena sequía y recogerlos al primer nubarrón. Pero tranquilos: se evaluará. Y si la evaluación tarda lo que tardan estas cosas, los patines regresarán a tiempo para el próximo Mundial. Faltan nada más cuatro años.