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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 1 de septiembre de 2026

El trabalenguas de la inocencia: un senador jura que no es narcotaquero (ni narcobibliotecario)

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El trabalenguas de la inocencia: un senador jura que no es narcotaquero (ni narcobibliotecario)
Hay defensas que cierran el caso y defensas que lo abren de par en par. La de esta semana pertenece, con honores, a la segunda categoría. Un senador que había pasado más de cien días lejos de su curul —luego de que autoridades de Estados Unidos lo señalaran por presuntos nexos con el crimen organizado— regresó a su asiento convertido en independiente y decidió que la mejor manera de despejar dudas era ofrecer una rueda de prensa. Hasta ahí, todo normal.

Lo memorable vino después. Para negar que fuera 'narcolegislador', el senador no se conformó con un simple 'no lo soy'. Optó por la vía enciclopédica: aclaró que tampoco es narcobibliotecario, ni narcotaquero, ni narcomagistrado, ni 'narconada'. Uno escucha la lista y no sabe si aplaudir la creatividad o preocuparse por la cantidad de profesiones que le pasaron por la cabeza antes de descartarlas. Nadie lo había acusado de despachar tacos ni de acomodar libros; que él mismo se molestara en desmentirlo tiene el encanto involuntario del que jura, sin que nadie pregunte, que no rompió el jarrón.

En términos de oratoria, el hombre inventó un género nuevo: el trabalenguas exculpatorio. Es esa figura retórica en la que, mientras más sinónimos de inocencia acumulas, más se te queda mirando el respetable. Porque una cosa es negar un cargo y otra es armar un catálogo. El 'narcotaquero', en particular, merece un lugar en el museo de las declaraciones regias: en una tierra donde el taco es asunto de honor, sembrar la duda —aunque sea para negarla— es casi temerario.

Por lo demás, el senador tuvo un gesto de aparente humildad: dijo que respetaría si su antiguo partido lo quiere fuera de sus filas. Un desprendimiento conmovedor, considerando que el partido ya había tomado su distancia rumbo a la puerta. Es como ofrecerse a apagar la luz de un cuarto del que ya te sacaron.

Quede claro para el respetable: el señor niega todo, está en su derecho, y aquí nadie afirma lo contrario. Lo único que consignamos es que, en el arte de defenderse, hay quien elige el silencio digno y hay quien elige el diccionario. Él eligió el diccionario. Y de tanto pasar páginas, terminó subrayando justo las palabras que nadie le había escrito.