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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 1 de septiembre de 2026

El examen diagnóstico más caro: una escuela católica de García reprobó en lo único que importaba

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El examen diagnóstico más caro: una escuela católica de García reprobó en lo único que importaba
Cuenta la historia que una familia del municipio de García quería inscribir a su hijo en una escuela privada de enfoque católico, la misma donde ya estudiaban los hijos de varios de sus amigos. Un trámite de rutina, de esos que se resuelven con papeles, cooperaciones y un uniforme nuevo. Hasta que dejó de serlo.

Según el testimonio de uno de los padres, difundido en redes sociales, primero les dijeron lo clásico: no hay cupo. Un 'no hay lugar' que, con el tiempo, uno aprende a traducir. Pero aquí viene el giro que ningún guionista se habría atrevido a escribir: media hora después, la misma escuela volvió a llamar para avisar que sí, que llevaran al niño a hacer un examen diagnóstico. En treinta minutos, el plantel pasó del 'lo sentimos, estamos llenos' al 'tráiganlo a evaluar'. Nunca un cupo se había recuperado tan rápido; ni el mejor sistema de listas de espera del país es tan ágil.

El detalle —porque siempre hay un detalle— es que, de acuerdo con el relato de la familia, fue durante una entrevista psicológica cuando se supo que el menor tiene dos papás. Y de golpe, el examen dejó de ser sobre el niño. El pequeño, que a su edad apenas domina el arte de amarrarse las agujetas, terminó sometido a un diagnóstico para el que nadie lo preparó: el de la aprobación ajena.

Uno entendería que una institución educativa evaluara sumas, letras, colores. Lo que cuesta más trabajo entender es qué se evalúa exactamente en un niño de preescolar cuando lo que está en el pizarrón, en realidad, es la familia que lo lleva de la mano. Porque si algo quedó claro es quién reprobó el examen, y no fue precisamente el menor.

Resulta además de un simbolismo perfecto que todo esto ocurra en pleno regreso a clases, cuando media entidad se llena la boca hablando de valores, de formación integral y de comunidad. Palabras bonitas que caben enteras en el folleto de admisiones y que, a la hora buena, se les atoran en la entrevista.

Aquí no se juzga la fe de nadie; la fe, bien entendida, suele predicar exactamente lo contrario a cerrar la puerta. Lo que se consigna es la incongruencia: una escuela que presume enseñar amor al prójimo y que, en la práctica, reprobó la materia más elemental del plan de estudios. Ese niño, algún día, aprenderá matemáticas, historia y ciencias. Ojalá también aprenda —y no en esa escuela— que el problema nunca fue él.