Jalisco amaneció mojado: se cae la Selva, sube el río y a la 4T le faltaron cuatro a la lista
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Miércoles de aguacero en Jalisco, y no sólo por Marie. Amanecimos con lluvia moderada en Guadalajara, lluvia "de gran intensidad" en Tepatitlán y 100% de probabilidad de mojarse en Zapopan, Tapalpa y Mazamitla. Protección Civil pidió no cruzar corrientes de agua, lo cual es un consejo excelente que la clase política mexicana lleva décadas ignorando con entusiasmo. Marie todavía está a más de 600 kilómetros de Cihuatlán y ya nos tiene con el paraguas abierto y el corazón encogido: nunca en la historia una tormenta tan lejana ha logrado inundar tantas colonias tan cerca. Saquen las botas.
Pero el aguacero de verdad venía de Palacio Nacional. La presidenta rindió su Segundo Informe y la noticia no fue lo que dijo, sino quiénes no llegaron. A la foto de la unidad inquebrantable de la Cuarta Transformación le faltaron cuatro sillas de peso: Adán Augusto, Noroña, el hijo del expresidente y el gobernador con licencia de Sinaloa. Cuatro ausencias sin aviso, que es la manera elegante de decir "tenía otros planes" cuando tu jefa política pasa lista frente a todo el país. Desde el templete se descartó de manera enfática cualquier fractura, cualquier división, cualquier rompimiento. Es la regla de oro de la política mexicana: mientras más veces jures que no hay pleito, más gente empieza a buscar dónde está el pleito. Cuando alguien te dice tres veces "aquí estamos más unidos que nunca", revisa la cajuela.
Lo del gobernador sinaloano merece mención aparte por pura hazaña deportiva —perdón, política—: reasumió la gubernatura tras tres meses de licencia y volvió a soltarla en menos de 34 horas. Treinta y cuatro horas. Hay quesos que tardan más en madurar. Hay filas del SAT que duran más. Es, oficialmente, la estancia laboral más breve desde aquel primo que entró a la papelería y salió a comprar un refresco.
Mientras tanto, en Guadalajara se nos caía algo mucho más doloroso que un liderazgo morenista: Selva Mágica. Después de 38 años, el parque cerró sus puertas, liquidó a 175 trabajadores y dejó a los proveedores afuera, con pancarta en mano, exigiendo que les paguen. Los terrenos, recordemos, son del Ayuntamiento; la operación estaba enredada en una disputa empresarial que terminó por hundir al barco. Toda una generación de tapatíos aprendió ahí dos cosas eternas: que El Titán daba más miedo que las boletas de calificaciones, y que la biología puede enseñarse dentro de una señora gigante llamada Alicia. Hoy los troncos ya no flotan, la montaña rusa ya no truena y el único juego mecánico que sigue funcionando en Jalisco es la Ley de Ingresos.
Y de esa hablemos, porque la Costa se puso generosa. En Puerto Vallarta aprobaron la Ley de Ingresos 2027 con cero aumento a impuestos y hasta SEAPAL propuso no subir la tarifa del agua —justo el año en que el agua nos sobra por todos lados—. Suena a milagro fiscal, hasta que una regidora levantó la mano para señalar que le pidieron votar el paquete sin haber visto el anteproyecto completo. Lo llamó "votar a ciegas", y con razón: le aseguraron que no habría aumentos y que confiara. Confiar es hermoso. Confiar sin leer el documento es, básicamente, firmar una hipoteca por WhatsApp.
En Bahía de Banderas, en cambio, el Cabildo tuvo un raro ataque de pudor y frenó el nombramiento de la cuñada del alcalde con licencia como directora de Medio Ambiente. Le faltó un voto para la mayoría calificada. Uno. Estuvo así de convertir el organigrama municipal en un árbol genealógico. Por ahora, ella se queda como encargada de despacho, que en el diccionario de la política significa "sigues haciendo el trabajo, pero sin el nombramiento que da bola".
Y para cerrar la ronda de karma tributario, en Cancún la alcaldesa amaneció con la FGR investigándola por presunto huachicol fiscal y desvío de recursos, y de pila con la visa cancelada por el vecino del norte. Ella jura que sus papeles están en regla. Todos juramos que nuestros papeles están en regla, hasta que tocan a la puerta.
Así quedó el día: la 4T asegurando que no hay grietas mientras cuenta sillas vacías, Selva Mágica bajando la cortina con 175 familias afuera, Vallarta prometiendo no cobrarnos más y una tormenta lejana recordándonos que en Jalisco basta con que llueva en el Pacífico para que se nos moje la sala. Saquen las botas, guarden los recibos y desconfíen de quien les pida votar sin leer. En eso, al menos, el clima es más honesto que el presupuesto.
Pero el aguacero de verdad venía de Palacio Nacional. La presidenta rindió su Segundo Informe y la noticia no fue lo que dijo, sino quiénes no llegaron. A la foto de la unidad inquebrantable de la Cuarta Transformación le faltaron cuatro sillas de peso: Adán Augusto, Noroña, el hijo del expresidente y el gobernador con licencia de Sinaloa. Cuatro ausencias sin aviso, que es la manera elegante de decir "tenía otros planes" cuando tu jefa política pasa lista frente a todo el país. Desde el templete se descartó de manera enfática cualquier fractura, cualquier división, cualquier rompimiento. Es la regla de oro de la política mexicana: mientras más veces jures que no hay pleito, más gente empieza a buscar dónde está el pleito. Cuando alguien te dice tres veces "aquí estamos más unidos que nunca", revisa la cajuela.
Lo del gobernador sinaloano merece mención aparte por pura hazaña deportiva —perdón, política—: reasumió la gubernatura tras tres meses de licencia y volvió a soltarla en menos de 34 horas. Treinta y cuatro horas. Hay quesos que tardan más en madurar. Hay filas del SAT que duran más. Es, oficialmente, la estancia laboral más breve desde aquel primo que entró a la papelería y salió a comprar un refresco.
Mientras tanto, en Guadalajara se nos caía algo mucho más doloroso que un liderazgo morenista: Selva Mágica. Después de 38 años, el parque cerró sus puertas, liquidó a 175 trabajadores y dejó a los proveedores afuera, con pancarta en mano, exigiendo que les paguen. Los terrenos, recordemos, son del Ayuntamiento; la operación estaba enredada en una disputa empresarial que terminó por hundir al barco. Toda una generación de tapatíos aprendió ahí dos cosas eternas: que El Titán daba más miedo que las boletas de calificaciones, y que la biología puede enseñarse dentro de una señora gigante llamada Alicia. Hoy los troncos ya no flotan, la montaña rusa ya no truena y el único juego mecánico que sigue funcionando en Jalisco es la Ley de Ingresos.
Y de esa hablemos, porque la Costa se puso generosa. En Puerto Vallarta aprobaron la Ley de Ingresos 2027 con cero aumento a impuestos y hasta SEAPAL propuso no subir la tarifa del agua —justo el año en que el agua nos sobra por todos lados—. Suena a milagro fiscal, hasta que una regidora levantó la mano para señalar que le pidieron votar el paquete sin haber visto el anteproyecto completo. Lo llamó "votar a ciegas", y con razón: le aseguraron que no habría aumentos y que confiara. Confiar es hermoso. Confiar sin leer el documento es, básicamente, firmar una hipoteca por WhatsApp.
En Bahía de Banderas, en cambio, el Cabildo tuvo un raro ataque de pudor y frenó el nombramiento de la cuñada del alcalde con licencia como directora de Medio Ambiente. Le faltó un voto para la mayoría calificada. Uno. Estuvo así de convertir el organigrama municipal en un árbol genealógico. Por ahora, ella se queda como encargada de despacho, que en el diccionario de la política significa "sigues haciendo el trabajo, pero sin el nombramiento que da bola".
Y para cerrar la ronda de karma tributario, en Cancún la alcaldesa amaneció con la FGR investigándola por presunto huachicol fiscal y desvío de recursos, y de pila con la visa cancelada por el vecino del norte. Ella jura que sus papeles están en regla. Todos juramos que nuestros papeles están en regla, hasta que tocan a la puerta.
Así quedó el día: la 4T asegurando que no hay grietas mientras cuenta sillas vacías, Selva Mágica bajando la cortina con 175 familias afuera, Vallarta prometiendo no cobrarnos más y una tormenta lejana recordándonos que en Jalisco basta con que llueva en el Pacífico para que se nos moje la sala. Saquen las botas, guarden los recibos y desconfíen de quien les pida votar sin leer. En eso, al menos, el clima es más honesto que el presupuesto.