El Informe de la unidad inquebrantable al que le faltaron cuatro invitados
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Nada dice "aquí no hay ninguna división" como pararte frente al país a jurarlo mientras cuatro de tus figuras más pesadas prefirieron quedarse en casa. En el Segundo Informe de Gobierno, la presidenta descartó de manera enfática cualquier fractura en la Cuarta Transformación; el problema es que las sillas de Adán Augusto, Noroña, el secretario de Organización de Morena y el gobernador con licencia de Sinaloa se lo tomaron muy literal y descartaron también la asistencia. Sin aviso previo. Que es como no llegar a la cena de Navidad y mandar decir por terceros que la familia está más unida que nunca.
El caso del gobernador sinaloense fue la joya de la corona: reasumió el cargo tras más de tres meses de licencia y volvió a separarse en un lapso menor a 34 horas. Un día y medio. Le duró menos el regreso que un periodo de gracia de tarjeta de crédito. Difícil imaginar un mensaje más claro de estabilidad institucional que un gobernador que entra, prende la luz, la apaga y se va antes de que se enfríe el café.
Desde el templete, en cambio, todo era primavera. La presidenta anunció que los trabajadores viven hoy una "primavera laboral" y presumió la meta de construir 1.8 millones de viviendas, de las cuales, según los propios datos, 90 mil ya fueron asignadas y 278 mil están en obra. Las cuentas alegres son un género literario y hay que respetarlo: prometer 1.8 millones y llevar 90 mil entregadas es empezar el maratón anunciando la medalla.
Y para que no faltara el coro, el hijo del expresidente reapareció en redes a respaldar el mensaje sobre soberanía, esa que "no se negocia ni se entrega". Conmovedor gesto de lealtad digital de alguien que, curiosamente, respaldó el discurso con mucho entusiasmo desde el teléfono y con nula presencia desde la silla. La oposición, mientras tanto, pidió que lo investiguen; pero eso es tema de otro aguacero.
El saldo del día: un movimiento que se declara monolítico repartiendo ausencias como volantes, un gobernador récord Guinness de brevedad y una primavera laboral que, como toda primavera en Jalisco esta semana, viene con 100% de probabilidad de lluvia. La unidad es como la salud: cuando de verdad la tienes, no necesitas gritar a cada rato que la tienes.
El caso del gobernador sinaloense fue la joya de la corona: reasumió el cargo tras más de tres meses de licencia y volvió a separarse en un lapso menor a 34 horas. Un día y medio. Le duró menos el regreso que un periodo de gracia de tarjeta de crédito. Difícil imaginar un mensaje más claro de estabilidad institucional que un gobernador que entra, prende la luz, la apaga y se va antes de que se enfríe el café.
Desde el templete, en cambio, todo era primavera. La presidenta anunció que los trabajadores viven hoy una "primavera laboral" y presumió la meta de construir 1.8 millones de viviendas, de las cuales, según los propios datos, 90 mil ya fueron asignadas y 278 mil están en obra. Las cuentas alegres son un género literario y hay que respetarlo: prometer 1.8 millones y llevar 90 mil entregadas es empezar el maratón anunciando la medalla.
Y para que no faltara el coro, el hijo del expresidente reapareció en redes a respaldar el mensaje sobre soberanía, esa que "no se negocia ni se entrega". Conmovedor gesto de lealtad digital de alguien que, curiosamente, respaldó el discurso con mucho entusiasmo desde el teléfono y con nula presencia desde la silla. La oposición, mientras tanto, pidió que lo investiguen; pero eso es tema de otro aguacero.
El saldo del día: un movimiento que se declara monolítico repartiendo ausencias como volantes, un gobernador récord Guinness de brevedad y una primavera laboral que, como toda primavera en Jalisco esta semana, viene con 100% de probabilidad de lluvia. La unidad es como la salud: cuando de verdad la tienes, no necesitas gritar a cada rato que la tienes.