El cocodrilo de Salvatierra: el único en Guanajuato que no rinde cuentas y aun así impone respeto
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Salvatierra vive por estos días con el alma en un hilo por culpa de un vecino nuevo y muy escurridizo: un presunto cocodrilo en el Río Lerma. Todo empezó cuando habitantes de la comunidad de Ojuelos reportaron al reptil y movilizaron a Protección Civil, que acudió con la diligencia propia de quien no quiere terminar de bocadillo. ¿El resultado del operativo? Unas huellas que no confirman gran cosa y un cocodrilo que, hasta el cierre de esta edición, sigue sin dar la cara.
Y es aquí donde el animal se gana nuestra admiración. Porque en un estado donde a los funcionarios hay que perseguirlos con lupa para que expliquen un peso, este cocodrilo ha logrado algo que muchos servidores públicos envidiarían: que todos hablen de él, que las autoridades lo busquen, que la comunidad entera esté pendiente de sus movimientos, y todo sin haber aparecido, sin dar entrevistas y sin comprometerse a nada. Es, oficialmente, el ser más discreto de la administración pública ampliada: no cobra, no promete obras y jamás ha sido visto cortando un listón.
Las autoridades, muy responsables, recorren la zona para determinar si las huellas pertenecen al reptil señalado o si se trata de un malentendido de proporciones lagartescas. Mientras tanto, el cocodrilo mantiene su estrategia de comunicación impecable: el silencio absoluto. Ni un comunicado, ni una foto oficial, ni un "estamos trabajando en ello". Solo huellas en el lodo, que en este país es más de lo que suelen dejar otros.
Uno no quisiera minimizar la preocupación de los vecinos, que legítimamente prefieren un río sin dentaduras sorpresa. Pero conviene reconocerle al animalito su talento natural para la política guanajuatense: aparece cuando le conviene, desaparece cuando lo buscan, y logra que su sola posibilidad genere reuniones, operativos y titulares. Si algún día Protección Civil por fin lo encuentra, sugerimos no espantarlo: en un lugar donde tanto se promete y tan poco se ve, un cocodrilo que al menos deja huella es casi un ejemplo a seguir. Que conste que todavía no lo detectan; como todo lo importante por aquí, sigue pendiente.
Y es aquí donde el animal se gana nuestra admiración. Porque en un estado donde a los funcionarios hay que perseguirlos con lupa para que expliquen un peso, este cocodrilo ha logrado algo que muchos servidores públicos envidiarían: que todos hablen de él, que las autoridades lo busquen, que la comunidad entera esté pendiente de sus movimientos, y todo sin haber aparecido, sin dar entrevistas y sin comprometerse a nada. Es, oficialmente, el ser más discreto de la administración pública ampliada: no cobra, no promete obras y jamás ha sido visto cortando un listón.
Las autoridades, muy responsables, recorren la zona para determinar si las huellas pertenecen al reptil señalado o si se trata de un malentendido de proporciones lagartescas. Mientras tanto, el cocodrilo mantiene su estrategia de comunicación impecable: el silencio absoluto. Ni un comunicado, ni una foto oficial, ni un "estamos trabajando en ello". Solo huellas en el lodo, que en este país es más de lo que suelen dejar otros.
Uno no quisiera minimizar la preocupación de los vecinos, que legítimamente prefieren un río sin dentaduras sorpresa. Pero conviene reconocerle al animalito su talento natural para la política guanajuatense: aparece cuando le conviene, desaparece cuando lo buscan, y logra que su sola posibilidad genere reuniones, operativos y titulares. Si algún día Protección Civil por fin lo encuentra, sugerimos no espantarlo: en un lugar donde tanto se promete y tan poco se ve, un cocodrilo que al menos deja huella es casi un ejemplo a seguir. Que conste que todavía no lo detectan; como todo lo importante por aquí, sigue pendiente.