Septiembre, mes de la patria y de dejar todo por escrito antes de que suba el huevo
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Además del Grito y el pozole, septiembre trae en Guanajuato una tradición menos festiva pero igual de insistente: el Mes del Testamento. Durante septiembre y octubre, el trámite baja a un precio preferencial de 3 mil 500 pesos, tanto en Celaya como en el resto del estado, y los notarios aprovechan para recordarnos, con ternura funeraria, que nunca es demasiado pronto para dejar el patrimonio en orden. De hecho, subrayan que se puede testar desde los 16 años, por si algún adolescente quiere heredar formalmente su bicicleta y su rencor.
La campaña insiste en desmontar el mito de que el testamento es cosa de ancianos o de enfermos. Uno puede estar sanísimo, cumplido de sus dieciséis, con toda la vida por delante, y aun así pasar a la notaría a repartir lo que todavía no acumula. Es la versión legal de planear la fiesta antes de tener invitados, pero con sello y firma.
El capítulo verdaderamente revelador lo aporta la voluntad anticipada. El secretario de Gobierno salió a aclarar, con mucho cuidado, que la voluntad anticipada no equivale a la eutanasia, y a invitar a la población a informarse. La aclaración vino acompañada de un dato que lo dice todo: en 14 años, apenas 200 personas en Guanajuato han hecho ese trámite. Doscientas. En más de una década. Hay filas más largas para las tortas de la esquina un domingo.
Y es que aquí está el problema de fondo, muy guanajuatense: nos piden que dejemos todo perfectamente ordenado para el más allá, en un estado que lleva años sin ordenar el más acá. Nos invitan a testar con previsión, a anticipar la voluntad, a planear hasta el último detalle de lo que dejaremos, mientras el acueducto sigue pendiente, la carretera 45 sigue en obras hasta diciembre y el kilo de huevo amenaza con costar más que la herencia. Uno acepta el consejo notarial: dejemos todo por escrito. Empezando, si se puede, por escribir de una vez cuándo llega el agua. Ese sí sería un legado.
La campaña insiste en desmontar el mito de que el testamento es cosa de ancianos o de enfermos. Uno puede estar sanísimo, cumplido de sus dieciséis, con toda la vida por delante, y aun así pasar a la notaría a repartir lo que todavía no acumula. Es la versión legal de planear la fiesta antes de tener invitados, pero con sello y firma.
El capítulo verdaderamente revelador lo aporta la voluntad anticipada. El secretario de Gobierno salió a aclarar, con mucho cuidado, que la voluntad anticipada no equivale a la eutanasia, y a invitar a la población a informarse. La aclaración vino acompañada de un dato que lo dice todo: en 14 años, apenas 200 personas en Guanajuato han hecho ese trámite. Doscientas. En más de una década. Hay filas más largas para las tortas de la esquina un domingo.
Y es que aquí está el problema de fondo, muy guanajuatense: nos piden que dejemos todo perfectamente ordenado para el más allá, en un estado que lleva años sin ordenar el más acá. Nos invitan a testar con previsión, a anticipar la voluntad, a planear hasta el último detalle de lo que dejaremos, mientras el acueducto sigue pendiente, la carretera 45 sigue en obras hasta diciembre y el kilo de huevo amenaza con costar más que la herencia. Uno acepta el consejo notarial: dejemos todo por escrito. Empezando, si se puede, por escribir de una vez cuándo llega el agua. Ese sí sería un legado.