La elotada del Padrino: campaña con mazorca por delante
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Dicen que en política todo se puede improvisar, menos el hambre. Por eso en Guanajuato capital, el exalcalde Alejandro Navarro —"el Padrino" para los cuates y para los memes— convocó a una "elotada" el próximo 10 de septiembre. Nada como una mazorca embarrada de crema, chile y limón para calentar el ambiente cívico y, de pasada, la precampaña que oficialmente no existe pero que se ve desde la carretera.
El contexto ayuda a entender el antojo. Una encuesta de Rubrum le da a la actual presidenta municipal, Samantha Smith —esposa del Padrino, para que quede claro el árbol genealógico del poder— apenas 18.3% de aceptación para buscar la reelección, con Morena adelante en la preferencia electoral. Traducido del lenguaje demoscópico al lenguaje del mercado: la venta anda floja y hay que sacar promoción.
Y el Padrino sacó todo el catálogo. Recorridos por colonias y comunidades, mucho ruido en redes digitales, bardas pintadas, pendones colgados, carteles pegados en cada poste que se dejó y espectaculares con su nombre por todos los rumbos de la ciudad, no vaya a ser que algún guanajuatense pase un día entero sin recordarlo. Para el que no se convence con la publicidad, están los regalos; y para el que se pone respondón, están las demandas. Porque en esta escuela de urbanidad se reparte elote al amigo y citatorio al crítico.
El folclor incluye una guerra de apodos que ya quisieran las luchas de los viernes: "Naburro" contra "el Pastelero", en referencia a su examigo y hoy acérrimo adversario Jorge Rodríguez Medrano, más una demanda civil contra otro de sus contrincantes, Francisco Arroyo. Todo muy vecinal, muy de sobremesa, muy de "me caíste bien hasta que quisiste el mismo hueso".
Uno entiende la lógica: si la encuesta no sube sola, se le da un empujón con mazorca. Lo que no queda claro es si el electorado de Guanajuato, que ya vio de todo, confunde el cariño con el elote de a peso. Porque el problema de comprar simpatías al mayoreo es que la factura llega después, y no la paga el que reparte, sino el que muerde. En fin: el 10 de septiembre hay elotada. Lleve servilletas y, por si acaso, memoria. Que en año preelectoral, hasta el maíz sabe a promesa.
El contexto ayuda a entender el antojo. Una encuesta de Rubrum le da a la actual presidenta municipal, Samantha Smith —esposa del Padrino, para que quede claro el árbol genealógico del poder— apenas 18.3% de aceptación para buscar la reelección, con Morena adelante en la preferencia electoral. Traducido del lenguaje demoscópico al lenguaje del mercado: la venta anda floja y hay que sacar promoción.
Y el Padrino sacó todo el catálogo. Recorridos por colonias y comunidades, mucho ruido en redes digitales, bardas pintadas, pendones colgados, carteles pegados en cada poste que se dejó y espectaculares con su nombre por todos los rumbos de la ciudad, no vaya a ser que algún guanajuatense pase un día entero sin recordarlo. Para el que no se convence con la publicidad, están los regalos; y para el que se pone respondón, están las demandas. Porque en esta escuela de urbanidad se reparte elote al amigo y citatorio al crítico.
El folclor incluye una guerra de apodos que ya quisieran las luchas de los viernes: "Naburro" contra "el Pastelero", en referencia a su examigo y hoy acérrimo adversario Jorge Rodríguez Medrano, más una demanda civil contra otro de sus contrincantes, Francisco Arroyo. Todo muy vecinal, muy de sobremesa, muy de "me caíste bien hasta que quisiste el mismo hueso".
Uno entiende la lógica: si la encuesta no sube sola, se le da un empujón con mazorca. Lo que no queda claro es si el electorado de Guanajuato, que ya vio de todo, confunde el cariño con el elote de a peso. Porque el problema de comprar simpatías al mayoreo es que la factura llega después, y no la paga el que reparte, sino el que muerde. En fin: el 10 de septiembre hay elotada. Lleve servilletas y, por si acaso, memoria. Que en año preelectoral, hasta el maíz sabe a promesa.