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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Guanajuato • Nota • 3 de septiembre de 2026

De la patrulla a la contraloría: Pénjamo estrena vigilante de la caja

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De la patrulla a la contraloría: Pénjamo estrena vigilante de la caja
En Pénjamo entienden la eficiencia a su manera: para qué buscar a alguien nuevo que revise las cuentas si ya tienes a la mano a quien vigilaba las calles. El Ayuntamiento aprobó nombrar contralor municipal a Juan Francisco Salas Aranda, "Pancho" de cariño, quien hasta hace nada dirigía la Dirección de Seguridad Pública, Tránsito y Protección Civil. Del radar de velocidad al radar del presupuesto, sin escala.

El trámite, para que nadie se queje, vino con todos sus moños institucionales: una terna presentada por el Comité Municipal Ciudadano, una convocatoria pública aprobada y publicada el 28 de julio, sus etapas, su artículo 173 de la Ley para el Gobierno y Administración de los Municipios, y la aprobación por mayoría en cabildo. Impecable en la forma. El fondo es lo que da para plática de café: el funcionario que antes coordinaba a los que ponen orden en la vía pública ahora será el encargado de ponerle orden a las cuentas de la administración.

Uno podría decir que tiene su lógica. Quien dirigió Protección Civil sabe de riesgos, y pocas cosas más riesgosas que auditar a los propios compañeros de nómina. Quien manejó Tránsito sabe de multas, y una contraloría no deja de ser una oficina donde se reparten sanciones, solo que con más ceros y menos grúa. Y quien anduvo en Seguridad Pública sabe perfectamente que lo importante no es solo atrapar al que se pasa el alto, sino tener el estómago para señalar al que se pasa de vivo.

El detalle fino es la independencia. Un contralor debe morder la mano que lo nombró cuando haga falta, y eso es más difícil cuando uno lleva años dentro del mismo organigrama, saludando en los mismos pasillos y compartiendo las mismas posadas decembrinas. No decimos que "Pancho" no vaya a hacer bien su trabajo —faltaba más, apenas empieza—; decimos que la vara está alta y que el municipio, con su historial reciente de deudas heredadas, no está para contralorías decorativas.

Así que quedamos atentos, con la libreta lista. Bienvenido, contralor Salas, a la difícil tarea de fiscalizar la casa por dentro. Ojalá que, cuando toque revisar, aplique el mismo celo con el que se cuida un cruce a la hora pico. Porque en Pénjamo, más que nuevas caras, lo que urge son cuentas claras. Y esas, ni con lupa ni con torreta, aparecen solas.