El Morebús: la única obra capaz de traer más drenaje y menos agua al mismo tiempo
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Hay obras que dividen opiniones y hay obras que se dividen a sí mismas. El Morebús pertenece a la segunda categoría, y esta semana lo demostró con una coreografía digna de aplauso técnico y de carcajada ciudadana.
Acto uno: la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad presume que, derivado de las obras del Morebús, se mejoraron más de tres kilómetros de drenaje pluvial. Tubos nuevos, registros, colectores, alcantarillas y sistemas de captación desde el Obelisco y Lázaro Cárdenas hasta la avenida Cointzio. Todo pensado para que la próxima tormenta no convierta la avenida en río. Muy bien. Aplaudimos de pie.
Acto dos: el OOAPAS, por boca de su director Adolfo Torres Ramírez, informa que el mismo proyecto afectaría una línea de agua de dos kilómetros al poniente de Morelia, y que por eso ya sostuvo reuniones con la empresa para que muevan la tubería y no dejen a la zona sin suministro. O sea: por un lado construimos autopistas para el agua de lluvia, por el otro rezamos para que siga saliendo agua de la llave. Morelia va a estar impecablemente preparada para el diluvio y peligrosamente improvisada para el martes cualquiera en que abras la regadera.
Acto tres, el giro dramático: un juez federal concedió una suspensión definitiva contra la tala de árboles del proyecto. Dos amparos mantienen frenada la motosierra mientras el Morebús sigue con modificaciones y reubicación de ejemplares. Los árboles, que en esta historia hacían de estorbo, terminaron con más protección legal que el vecino que lleva tres años pidiendo que le arreglen la fuga.
Sumando la trilogía completa, el balance michoacano queda así: tendremos el mejor drenaje pluvial de la historia para desalojar el agua que —si el OOAPAS no gana la negociación— ya no va a llegar a las casas, todo a la sombra de unos árboles que tuvo que rescatar un juez porque la obra los tenía en la lista negra.
Nadie discute que Morelia necesita transporte digno y calles que no se inunden. Lo que asombra es la capacidad de anunciar el avance y el retroceso en la misma semana, con la misma seriedad, como si fueran logros gemelos. A este ritmo, cuando el Morebús por fin ruede, va a inaugurarse con corte de listón, discurso y un aviso pegado en la parada: servicio garantizado, siempre y cuando queden agua, sombra y permisos. Puntualidad michoacana en su máxima expresión.
Acto uno: la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad presume que, derivado de las obras del Morebús, se mejoraron más de tres kilómetros de drenaje pluvial. Tubos nuevos, registros, colectores, alcantarillas y sistemas de captación desde el Obelisco y Lázaro Cárdenas hasta la avenida Cointzio. Todo pensado para que la próxima tormenta no convierta la avenida en río. Muy bien. Aplaudimos de pie.
Acto dos: el OOAPAS, por boca de su director Adolfo Torres Ramírez, informa que el mismo proyecto afectaría una línea de agua de dos kilómetros al poniente de Morelia, y que por eso ya sostuvo reuniones con la empresa para que muevan la tubería y no dejen a la zona sin suministro. O sea: por un lado construimos autopistas para el agua de lluvia, por el otro rezamos para que siga saliendo agua de la llave. Morelia va a estar impecablemente preparada para el diluvio y peligrosamente improvisada para el martes cualquiera en que abras la regadera.
Acto tres, el giro dramático: un juez federal concedió una suspensión definitiva contra la tala de árboles del proyecto. Dos amparos mantienen frenada la motosierra mientras el Morebús sigue con modificaciones y reubicación de ejemplares. Los árboles, que en esta historia hacían de estorbo, terminaron con más protección legal que el vecino que lleva tres años pidiendo que le arreglen la fuga.
Sumando la trilogía completa, el balance michoacano queda así: tendremos el mejor drenaje pluvial de la historia para desalojar el agua que —si el OOAPAS no gana la negociación— ya no va a llegar a las casas, todo a la sombra de unos árboles que tuvo que rescatar un juez porque la obra los tenía en la lista negra.
Nadie discute que Morelia necesita transporte digno y calles que no se inunden. Lo que asombra es la capacidad de anunciar el avance y el retroceso en la misma semana, con la misma seriedad, como si fueran logros gemelos. A este ritmo, cuando el Morebús por fin ruede, va a inaugurarse con corte de listón, discurso y un aviso pegado en la parada: servicio garantizado, siempre y cuando queden agua, sombra y permisos. Puntualidad michoacana en su máxima expresión.