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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 4 de septiembre de 2026

La basura tiene la culpa: crónica de una ciudad que aprendió a nadar

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La basura tiene la culpa: crónica de una ciudad que aprendió a nadar
Hay ciudades que presumen su río; Guadalajara presume el que le sale espontáneamente cada que se nubla. La tormenta del jueves volvió a dejar la postal ya clásica: encharcamientos, vialidades cerradas, hasta 50 centímetros de agua en la Zona Industrial y un camión de la ruta 231 varado con 25 personas a bordo que tuvieron que ser rescatadas por Bomberos, más como náufragos que como pasajeros del transporte público.

Ante el espectáculo acuático, el gobernador salió a defender la infraestructura vial y a señalar al verdadero villano de la película: la basura que arrastran las corrientes y tapa las bocas de tormenta. Es una teoría cómoda, porque reparte la culpa entre millones de tapatíos anónimos y deja a las alcantarillas como víctimas incomprendidas. Según esta lógica, la ciudad no se inunda por falta de mantenimiento ni por el concreto que se tragó cada área verde: se inunda porque somos unos cochinos. Uno casi espera la próxima campaña: “No tires basura o te ahogas, literal”.

Lo mejor es que la solución de fondo ya viene en camino, y es de una ironía perfecta: esta misma semana se avaló el acueducto sustituto Chapala-Guadalajara, obra que —aclaró el propio gobernador— pagará íntegramente el gobierno de Jalisco, sin aportación federal. O sea que vamos a invertir para traer más agua desde Chapala justo en la temporada en que el problema es el agua que ya nos cae encima. Falta el proyecto ejecutivo, la estructura financiera y unos quince días de cuentas, pero la narrativa ya está lista: más agua para una ciudad que, cada verano, no sabe dónde meter la que tiene.

Mientras se define quién pone el dinero y quién pone el drenaje, los verdaderos protagonistas siguen siendo los Bomberos y Protección Civil, que ya perfeccionaron el arte de sacar automovilistas de sus coches convertidos en peceras. Ellos no salen a echar culpas: salen a echar el cuerpo al agua. Quizá el próximo informe debería dedicarles a ellos el aplauso, y a las bolsas de basura, una disculpa pública por haberlas nombrado enemigas del Estado.

Guadalajara no necesita más pretextos; necesita que, cuando pare de llover, alguien recuerde que la ciudad se inundó. Porque aquí la memoria, como el agua, también se va por la coladera.