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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 4 de septiembre de 2026

El único hospital donde los doctores hacen fila para ser pacientes

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El único hospital donde los doctores hacen fila para ser pacientes
Hay ironías que uno no se atrevería a inventar por puro respeto al gremio, y luego el Hospital General de México las escribe solitas. Ciento treinta y cinco médicos residentes y de alta especialidad amanecieron con dolor abdominal, diarrea, vómito y febrícula, y no por una guardia de veinticuatro horas: los análisis confirmaron salmonela, y dos de ellos se llevaron el combo ampliado con una coinfección de E. coli, cortesía de la casa. Al corte más reciente, 41 seguían hospitalizados; es decir, atendidos por sus propios colegas en lo que probablemente sea la junta médica más eficiente de la historia, porque no hubo que localizar a nadie: ya estaban todos internados en el mismo piso.

El origen del prodigio no fue un virus exótico traído de un congreso ni una bacteria de laboratorio. Según la propia tarjeta informativa del hospital, el brote se asoció al comedor institucional subrogado que alimenta a los residentes. La comida de la casa. Uno se pasa la juventud memorizando anatomía, farmacología y microbiología para terminar aprendiendo, por la vía más gastrointestinal posible, la lección que cualquier estudiante de primer semestre ya sabía: nunca, jamás, confíes en el bufet.

Y aquí conviene detenerse en esa palabra hermosa, "subrogado", que en el idioma de las instituciones significa "no fui yo, fue el proveedor". El hospital contrata a alguien para que dé de comer, ese alguien da de comer salmonela, y la responsabilidad queda flotando en un limbo administrativo tan estéril como debería haber estado la cocina. Mientras tanto, los mismos doctores que le recomiendan al paciente lavarse las manos, cocer bien los alimentos y desconfiar del taco de la esquina, descubrieron que el enemigo no estaba en la esquina: estaba en el comedor, con logo institucional y contrato firmado.

Ojalá el episodio sirva de algo. Por lo pronto ya sabemos que en este país hasta los médicos necesitan un médico, y que el lugar más peligroso para comer no es el puesto ambulante que tanto satanizan, sino la cafetería que pasó por licitación. Coma con miedo, doctor; usted más que nadie sabe lo que hay adentro.