La maestra pide su acordeón: clase de civismo con sarcasmo incluido
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A un año de dejar la Suprema Corte, la ministra en retiro reapareció en un foro académico y demostró que el sarcasmo no se jubila. Ante un auditorio de la Escuela Libre de Derecho, en la mesa dedicada a la Constitución, la empresa y el patrimonio, soltó la frase que se volvió titular: "traigo mi acordeón". Para quien haya vivido en Marte los últimos meses, el acordeón dejó de ser un instrumento norteño para convertirse en el símbolo nacional de la elección judicial, esas listas providenciales que le indicaban al ciudadano, con espíritu solidario, por quién marcar la boleta.
Que una exjueza haga ese chiste tiene su gracia amarga. Es como si el árbitro, ya retirado, subiera a la tribuna a explicar cómo se cobran los penales inexistentes. La ministra aprovechó, además, para advertir que tras la reforma al Poder Judicial persisten riesgos para la inversión, las empresas y el patrimonio de la gente. Traducción del subtexto: cuídense su casita, porque el nuevo modelo trae acordeón incluido y no necesariamente afina.
Lo delicioso del momento es la coreografía. Durante meses nos aseguraron que la elección de jueces por voto popular era la máxima expresión de la democracia, la gente eligiendo a quién imparte justicia. Y ahora una de las voces del viejo régimen judicial usa precisamente el meme de esa elección para recordarle a los abogados que se adapten, pero sin perder principios. Los principios, claro, son ese lujo que se defiende en los foros y se negocia en los pasillos.
No hace falta ser adivino ni tener bola de cristal para intuir lo que viene: años de abogados aprendiendo a leer el nuevo mapa de lealtades, empresarios revisando dos veces dónde ponen su dinero y ciudadanos preguntándose si la justicia se estudia o se descarga. Mientras tanto, la maestra pide su acordeón. Y algo dice que, en este país, siempre habrá quien se lo preste.
Que una exjueza haga ese chiste tiene su gracia amarga. Es como si el árbitro, ya retirado, subiera a la tribuna a explicar cómo se cobran los penales inexistentes. La ministra aprovechó, además, para advertir que tras la reforma al Poder Judicial persisten riesgos para la inversión, las empresas y el patrimonio de la gente. Traducción del subtexto: cuídense su casita, porque el nuevo modelo trae acordeón incluido y no necesariamente afina.
Lo delicioso del momento es la coreografía. Durante meses nos aseguraron que la elección de jueces por voto popular era la máxima expresión de la democracia, la gente eligiendo a quién imparte justicia. Y ahora una de las voces del viejo régimen judicial usa precisamente el meme de esa elección para recordarle a los abogados que se adapten, pero sin perder principios. Los principios, claro, son ese lujo que se defiende en los foros y se negocia en los pasillos.
No hace falta ser adivino ni tener bola de cristal para intuir lo que viene: años de abogados aprendiendo a leer el nuevo mapa de lealtades, empresarios revisando dos veces dónde ponen su dinero y ciudadanos preguntándose si la justicia se estudia o se descarga. Mientras tanto, la maestra pide su acordeón. Y algo dice que, en este país, siempre habrá quien se lo preste.