En Seapal el agua sí baja del cielo: gratis para 541 afortunados
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Mientras medio Puerto Vallarta hace cuentas para pagar el recibo del agua y media zona metropolitana de Guadalajara reza para que el líquido al menos salga sin olor, en Vallarta existe un grupo selecto para quien el agua es, literalmente, llover sobre mojado: gratis. Lo que muchos creían mito urbano resultó cierto y está escrito en letra de contrato colectivo: los 541 trabajadores sindicalizados de Seapal Vallarta no pagan agua en su casa.
No es un rumor de cantina ni una leyenda que se cuenta en la fila del banco. Es una prestación pactada desde hace décadas entre el organismo operador del agua y su sindicato. Los empleados de base con más de un año de servicio tienen garantizado el consumo gratuito en su residencia, hasta 80 metros cúbicos bimestrales para uso doméstico. Y por si la generosidad pareciera tímida, al cumplir 15 meses se les regala, por una sola vez, la contratación y conexión del servicio. Sin costo. Gratis el agua y gratis la tubería para que llegue.
El detalle poético es que el beneficio sobrevive a la propia vida laboral: los trabajadores jubilados conservan la prestación, y en caso de fallecimiento el cónyuge supérstite mantiene el derecho. Es decir, en Seapal el agua no se hereda como herencia maldita de recibos impagos, sino como bendición acuática transgeneracional. Hay familias que aspiran a dejarle a sus hijos una casa; aquí basta con dejarles la llave abierta.
Uno entendería el privilegio si el agua de Vallarta y de la región brotara cristalina, abundante y eterna. Pero estamos hablando de la misma región donde el ciudadano de a pie paga, racionea y a veces hasta carga cubetas. Que precisamente quienes administran el recurso lo reciban sin tarifa tiene un aire a esos chistes que no se cuentan: el de la heladería donde solo el dueño come gratis mientras todos sudan afuera.
No se trata de regatearle prestaciones a nadie; los contratos son los contratos y la ley es la ley. Pero convengamos en la ironía hidráulica: en plena temporada de lluvias, cuando el cielo regala agua a todo Jalisco sin pedir CURP ni recibo, en Seapal hay 541 personas para quienes esa generosidad ya venía incluida en la nómina. El resto seguimos pagando por el privilegio de abrir la llave y rezar.
No es un rumor de cantina ni una leyenda que se cuenta en la fila del banco. Es una prestación pactada desde hace décadas entre el organismo operador del agua y su sindicato. Los empleados de base con más de un año de servicio tienen garantizado el consumo gratuito en su residencia, hasta 80 metros cúbicos bimestrales para uso doméstico. Y por si la generosidad pareciera tímida, al cumplir 15 meses se les regala, por una sola vez, la contratación y conexión del servicio. Sin costo. Gratis el agua y gratis la tubería para que llegue.
El detalle poético es que el beneficio sobrevive a la propia vida laboral: los trabajadores jubilados conservan la prestación, y en caso de fallecimiento el cónyuge supérstite mantiene el derecho. Es decir, en Seapal el agua no se hereda como herencia maldita de recibos impagos, sino como bendición acuática transgeneracional. Hay familias que aspiran a dejarle a sus hijos una casa; aquí basta con dejarles la llave abierta.
Uno entendería el privilegio si el agua de Vallarta y de la región brotara cristalina, abundante y eterna. Pero estamos hablando de la misma región donde el ciudadano de a pie paga, racionea y a veces hasta carga cubetas. Que precisamente quienes administran el recurso lo reciban sin tarifa tiene un aire a esos chistes que no se cuentan: el de la heladería donde solo el dueño come gratis mientras todos sudan afuera.
No se trata de regatearle prestaciones a nadie; los contratos son los contratos y la ley es la ley. Pero convengamos en la ironía hidráulica: en plena temporada de lluvias, cuando el cielo regala agua a todo Jalisco sin pedir CURP ni recibo, en Seapal hay 541 personas para quienes esa generosidad ya venía incluida en la nómina. El resto seguimos pagando por el privilegio de abrir la llave y rezar.