El Quinto Informe que se volvió casting: Chihuahua ya tiene gobernador, solo falta la boleta
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Hubo una vez un Informe de Gobierno que informaba sobre el gobierno. Este no fue ese. En Expo Chihuahua, el alcalde de la capital subió al escenario a rendir su corte de caja de cinco años y bajó convertido en precandidato, con porras de "¡Gobernador!", banderas con su nombre y un baile final de la mano de la gobernadora que ningún manual de protocolo contempla para el cierre de un ejercicio municipal. Fue el único informe de la historia donde el logro más comentado no fue una obra, sino la coreografía.
El guion venía redondo. La gobernadora abrió el evento comparando a la ciudad con Ítaca, citando la Odisea, advirtiendo de "cíclopes que quieren imponer el miedo" y conmoviéndose hasta las lágrimas. Uno llegó por un reporte de bacheo y salió con tarea de literatura griega. Y por si la metáfora homérica quedaba corta, la fila de padrinos hizo el resto: una excandidata presidencial calificó al alcalde y a la gobernadora de "entrones"; un exsecretario de Gobernación lo llamó "gran perfil"; la alcaldesa de Cuauhtémoc soltó sin anestesia el "será el próximo gobernador"; y un publicista lo consagró con el elogio más honesto de la jornada: "gente normal, buen pedo, no se mete en broncas". Cinco años de administración pública resumidos en la evaluación que uno usa para recomendar a un plomero.
El salón estaba tan lleno de aspiraciones que hasta los exfuncionarios llegaron a hacer antesala. Un exfiscal aprovechó el informe ajeno para dejar caer, con toda naturalidad, que él se perfila para la alcaldía. Porque en Chihuahua el que va al informe de otro ya no aplaude: hace networking. Faltó poner una mesa de registro de precandidaturas en la entrada Teófilo Borunda, junto al guardarropa.
Mientras adentro se repartían laureles —mejor percepción de seguridad en diez años, tercera ciudad más transparente, casi 80% del empleo estatal, 85 mil becas y la culpa puntualmente asignada al abandono de la Federación por 565 millones—, afuera la Ítaca prometida seguía siendo Ítaca. El mismo IMCO que nadie citó en el escenario colocó a la zona metropolitana como segundo lugar nacional en accidentes viales, solo debajo de Monterrey. Ciudad fuerte, ordenada y con rumbo: el rumbo, a veces, es directo contra una bodega. Esa misma jornada una automovilista perdió el control en la Pacheco, se llevó una camioneta estacionada y terminó estacionada ella misma dentro de un almacén. Ordenadísimo todo.
En el resto del estado la epopeya tenía menos cíclopes y más goteras. En Parral las solicitudes de pipas se dispararon 145% en dos meses: la verdadera Odisea chihuahuense no es el mar abierto, es esperar el agua. En la misma ciudad, cuatro de cada diez conductores involucrados en un choque decidieron que la mejor póliza de seguro son las llantas propias y se dieron a la fuga. En Juárez, una empresa china anunció que empezará a triturar llantas a fin de mes, lo cual da esperanza: al menos alguien en el estado tiene un plan claro para septiembre.
Y como toda gran producción necesita un final tierno, esta semana los verdaderos héroes fueron los bomberos, que bajaron por la cortina de la Presa Chihuahua a rescatar a un perro atrapado entre el agua y las ramas. En una entidad donde a la política le sobran metáforas y le faltan pipas, resulta que el operativo más eficiente, más noble y menos discursero fue sacar a un can del concreto. Ni una bandera, ni una porra, ni una cita de Cavafis: solo una maniobra que sí resolvió el problema de alguien.
El alcalde cerró con la frase que ya todos veíamos venir desde el primer video motivacional con testimonio de policías: "Estoy listo para la batalla". Y uno le cree. El problema es que la batalla que describe es la de 2027, y a la ciudad todavía le queda un año de este gobierno, un relleno sanitario con año y medio de vida útil, una comandancia al 35% y un montón de baches que no leyeron la Odisea. Rendir cuentas está bien; rendirse a la campaña, un año antes, con banderas ya impresas, es acelerar tanto que uno acaba —como la señora de la Pacheco— dentro de la bodega. Chihuahua ya tiene candidato. Ojalá le alcance el entusiasmo para que, de aquí a la boleta, también tenga agua.
El guion venía redondo. La gobernadora abrió el evento comparando a la ciudad con Ítaca, citando la Odisea, advirtiendo de "cíclopes que quieren imponer el miedo" y conmoviéndose hasta las lágrimas. Uno llegó por un reporte de bacheo y salió con tarea de literatura griega. Y por si la metáfora homérica quedaba corta, la fila de padrinos hizo el resto: una excandidata presidencial calificó al alcalde y a la gobernadora de "entrones"; un exsecretario de Gobernación lo llamó "gran perfil"; la alcaldesa de Cuauhtémoc soltó sin anestesia el "será el próximo gobernador"; y un publicista lo consagró con el elogio más honesto de la jornada: "gente normal, buen pedo, no se mete en broncas". Cinco años de administración pública resumidos en la evaluación que uno usa para recomendar a un plomero.
El salón estaba tan lleno de aspiraciones que hasta los exfuncionarios llegaron a hacer antesala. Un exfiscal aprovechó el informe ajeno para dejar caer, con toda naturalidad, que él se perfila para la alcaldía. Porque en Chihuahua el que va al informe de otro ya no aplaude: hace networking. Faltó poner una mesa de registro de precandidaturas en la entrada Teófilo Borunda, junto al guardarropa.
Mientras adentro se repartían laureles —mejor percepción de seguridad en diez años, tercera ciudad más transparente, casi 80% del empleo estatal, 85 mil becas y la culpa puntualmente asignada al abandono de la Federación por 565 millones—, afuera la Ítaca prometida seguía siendo Ítaca. El mismo IMCO que nadie citó en el escenario colocó a la zona metropolitana como segundo lugar nacional en accidentes viales, solo debajo de Monterrey. Ciudad fuerte, ordenada y con rumbo: el rumbo, a veces, es directo contra una bodega. Esa misma jornada una automovilista perdió el control en la Pacheco, se llevó una camioneta estacionada y terminó estacionada ella misma dentro de un almacén. Ordenadísimo todo.
En el resto del estado la epopeya tenía menos cíclopes y más goteras. En Parral las solicitudes de pipas se dispararon 145% en dos meses: la verdadera Odisea chihuahuense no es el mar abierto, es esperar el agua. En la misma ciudad, cuatro de cada diez conductores involucrados en un choque decidieron que la mejor póliza de seguro son las llantas propias y se dieron a la fuga. En Juárez, una empresa china anunció que empezará a triturar llantas a fin de mes, lo cual da esperanza: al menos alguien en el estado tiene un plan claro para septiembre.
Y como toda gran producción necesita un final tierno, esta semana los verdaderos héroes fueron los bomberos, que bajaron por la cortina de la Presa Chihuahua a rescatar a un perro atrapado entre el agua y las ramas. En una entidad donde a la política le sobran metáforas y le faltan pipas, resulta que el operativo más eficiente, más noble y menos discursero fue sacar a un can del concreto. Ni una bandera, ni una porra, ni una cita de Cavafis: solo una maniobra que sí resolvió el problema de alguien.
El alcalde cerró con la frase que ya todos veíamos venir desde el primer video motivacional con testimonio de policías: "Estoy listo para la batalla". Y uno le cree. El problema es que la batalla que describe es la de 2027, y a la ciudad todavía le queda un año de este gobierno, un relleno sanitario con año y medio de vida útil, una comandancia al 35% y un montón de baches que no leyeron la Odisea. Rendir cuentas está bien; rendirse a la campaña, un año antes, con banderas ya impresas, es acelerar tanto que uno acaba —como la señora de la Pacheco— dentro de la bodega. Chihuahua ya tiene candidato. Ojalá le alcance el entusiasmo para que, de aquí a la boleta, también tenga agua.