Ciudad fuerte y ordenada, salvo por el coche incrustado en la bodega
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Entre los muchos adjetivos que se repartieron en el Quinto Informe, hubo uno que el alcalde subrayó con especial orgullo: Chihuahua es hoy una ciudad "fuerte, ordenada y con rumbo". Bonita frase. El único problema es que la realidad, esa aguafiestas, decidió comentarla el mismo día.
Mientras en Expo Chihuahua se proyectaban videos sobre orden y planeación, el Instituto Mexicano para la Competitividad —que no fue invitado al escenario— ya había colocado a la zona metropolitana como segundo lugar nacional en accidentes viales, solo por debajo de Monterrey, entre las ciudades de más de un millón de habitantes. Un honroso subcampeonato que nadie pidió y que difícilmente cabía en el eje de "ciudad más funcional".
Para que no quedara en estadística fría, la ciudad ofreció una demostración en vivo. Sobre la avenida Pacheco, una conductora perdió el control en una curva, se llevó por delante una camioneta estacionada y remató su trayecto metiéndose, literalmente, dentro de una bodega. Daños materiales considerables, cero lesionados y una metáfora involuntaria perfecta: así va el rumbo cuando se toma la curva con demasiada confianza. La señora, al menos, sí llegó a su destino; solo que el destino era un almacén.
El detalle sabroso es de tiempos. El mismo discurso presume "mejor percepción de seguridad en diez años" y "tercera ciudad más transparente", y uno no lo duda; pero la percepción de seguridad no incluye la percepción de que en cualquier curva puede aparecer un Nissan volando hacia una bodega. Son dos rubros distintos. Uno lo mide el INEGI; el otro, el seguro del vehículo.
Nada de esto niega que haya obra, cámaras y patrullas nuevas. Solo apunta una verdad incómoda que ningún eje del informe quiso subir al escenario: una ciudad puede ser, al mismo tiempo, transparente y chocadora, ordenada en el PowerPoint y caótica en el asfalto. El rumbo se presume en el atril, pero se demuestra en la Pacheco. Y esta semana, en la Pacheco, el rumbo terminó bajo techo ajeno.
Mientras en Expo Chihuahua se proyectaban videos sobre orden y planeación, el Instituto Mexicano para la Competitividad —que no fue invitado al escenario— ya había colocado a la zona metropolitana como segundo lugar nacional en accidentes viales, solo por debajo de Monterrey, entre las ciudades de más de un millón de habitantes. Un honroso subcampeonato que nadie pidió y que difícilmente cabía en el eje de "ciudad más funcional".
Para que no quedara en estadística fría, la ciudad ofreció una demostración en vivo. Sobre la avenida Pacheco, una conductora perdió el control en una curva, se llevó por delante una camioneta estacionada y remató su trayecto metiéndose, literalmente, dentro de una bodega. Daños materiales considerables, cero lesionados y una metáfora involuntaria perfecta: así va el rumbo cuando se toma la curva con demasiada confianza. La señora, al menos, sí llegó a su destino; solo que el destino era un almacén.
El detalle sabroso es de tiempos. El mismo discurso presume "mejor percepción de seguridad en diez años" y "tercera ciudad más transparente", y uno no lo duda; pero la percepción de seguridad no incluye la percepción de que en cualquier curva puede aparecer un Nissan volando hacia una bodega. Son dos rubros distintos. Uno lo mide el INEGI; el otro, el seguro del vehículo.
Nada de esto niega que haya obra, cámaras y patrullas nuevas. Solo apunta una verdad incómoda que ningún eje del informe quiso subir al escenario: una ciudad puede ser, al mismo tiempo, transparente y chocadora, ordenada en el PowerPoint y caótica en el asfalto. El rumbo se presume en el atril, pero se demuestra en la Pacheco. Y esta semana, en la Pacheco, el rumbo terminó bajo techo ajeno.