La austeridad republicana viaja en clase ejecutiva
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La 'austeridad republicana' tuvo un debut complicado esta semana. Durante el segundo informe de Gobierno se juró desde el podio que los recursos públicos son del pueblo, que se acabaron las excentricidades y los lujos, y que los servidores públicos deben comportarse con 'sencillez y humildad'. Hermoso. El detalle es quién escuchaba desde las butacas.
Entre el público se encontraba la gobernadora de Quintana Roo, de quien hoy se sabe que acumula 166 vuelos en aviones privados: 97 a su nombre y 69 al de su esposo. La cifra por sí sola ya es un poema, pero la justificación la vuelve épica. Según explicó, viaja así porque debe combinar su papel de mamá con el de gobernadora, y muchos de esos vuelos son a Florida y otros destinos turísticos de Estados Unidos, a donde lleva a sus hijos a vacacionar.
Detengámonos aquí, porque el argumento es una obra maestra del malabarismo. La conciliación entre familia y trabajo es una causa noble; millones de madres mexicanas la libran todos los días. La diferencia es que la mayoría la resuelve con guardería, chanclas y una combi que pasa cuando Dios quiere, no fletando aeronaves rumbo a Orlando. Convertir el jet privado en un accesorio de la maternidad es, sin duda, la reinvención más creativa del concepto 'sencillez' desde que se inventó la palabra.
Y ahí está la postal completa del momento en una sola imagen: en el escenario, el discurso de la humildad; en el asiento, la practicante frecuente de las alturas. Nadie dice que sea ilegal, ojo. Pero la austeridad republicana es como el gimnasio: no basta con pagar la mensualidad y presumir la playera; hay que, de vez en cuando, aparecerse a sudar.
La próxima vez que un funcionario nos hable de sencillez, convendría revisar no lo que dice, sino su historial de millas acumuladas. Porque en este país la humildad se predica a nivel del mar y se practica en ventanilla, con cinturón abrochado y bandeja en posición vertical. Que tengan buen vuelo. Digo, buen fin de semana.
Entre el público se encontraba la gobernadora de Quintana Roo, de quien hoy se sabe que acumula 166 vuelos en aviones privados: 97 a su nombre y 69 al de su esposo. La cifra por sí sola ya es un poema, pero la justificación la vuelve épica. Según explicó, viaja así porque debe combinar su papel de mamá con el de gobernadora, y muchos de esos vuelos son a Florida y otros destinos turísticos de Estados Unidos, a donde lleva a sus hijos a vacacionar.
Detengámonos aquí, porque el argumento es una obra maestra del malabarismo. La conciliación entre familia y trabajo es una causa noble; millones de madres mexicanas la libran todos los días. La diferencia es que la mayoría la resuelve con guardería, chanclas y una combi que pasa cuando Dios quiere, no fletando aeronaves rumbo a Orlando. Convertir el jet privado en un accesorio de la maternidad es, sin duda, la reinvención más creativa del concepto 'sencillez' desde que se inventó la palabra.
Y ahí está la postal completa del momento en una sola imagen: en el escenario, el discurso de la humildad; en el asiento, la practicante frecuente de las alturas. Nadie dice que sea ilegal, ojo. Pero la austeridad republicana es como el gimnasio: no basta con pagar la mensualidad y presumir la playera; hay que, de vez en cuando, aparecerse a sudar.
La próxima vez que un funcionario nos hable de sencillez, convendría revisar no lo que dice, sino su historial de millas acumuladas. Porque en este país la humildad se predica a nivel del mar y se practica en ventanilla, con cinturón abrochado y bandeja en posición vertical. Que tengan buen vuelo. Digo, buen fin de semana.