Los náufragos que descubrieron su propio barco
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Hay diagnósticos que se aplauden y hay diagnósticos que se enmarcan por su valentía escénica. El de esta semana en la capital pertenece a la segunda categoría, con honores.
Un grupo de aspirantes panistas a "defensores de la Patria, la familia y la libertad" del municipio de Guanajuato se reunió a compartir su visión de la ciudad, y coincidieron en un veredicto contundente: la capital está en "colapso". Colapso en los servicios básicos, colapso en la movilidad, colapso en los índices de seguridad, y como cereza, todo eso amenazando la calidad de vida de los habitantes y la preciada vocación turística. El primer foco rojo, dijeron, es el transporte: unidades fuera de norma, vialidades saturadas, urgencia de nuevas vías. El segundo, la basura: callejones de topografía imposible y un tiradero municipal con deficiencias operativas que ya es riesgo ambiental.
Hasta aquí, un informe técnico sensato. El problema no es lo que dicen, sino desde qué asiento lo dicen. Porque describir el naufragio con tanto detalle está muy bien, pero cuesta un poquito de trabajo cuando el color del partido que hoy señala el agua entrando por la borda es, más o menos, el mismo que ha llevado el timón por temporadas larguísimas. Es el asombro del pasajero que baja del crucero y descubre, escandalizado, que el capitán le está contando lo mal que navega el barco. Uno quisiera preguntar, con toda cortesía: ¿y ustedes dónde estaban cuando la ciudad se fue quedando sin transporte digno y con los callejones vueltos vertedero?
Lo genial del asunto es el tono. No hablan como quienes administraron; hablan como turistas recién bajados del autobús que, mapa en mano, descubren horrorizados que la postal tenía baches. "¡Miren, hay problemas de movilidad!", como quien anuncia que el sol sale por el oriente. "¡La recolección de basura falla!", revelación digna de placa conmemorativa. Faltó nada más que alguien preguntara al fondo del salón quién había sido responsable de recoger esa basura todos estos años, para que el silencio hiciera la mejor sátira de todas.
Que quede claro: los focos rojos existen y ponerlos sobre la mesa es válido y necesario. El transporte saturado es real, el tiradero es un problema real, los callejones son un reto logístico real. Pero hay una diferencia entre un opositor que denuncia y un aspirante que, con la casa a medio construir por su propia cuadrilla, se para en la banqueta a criticar el color de la pintura. La capital no colapsó ayer ni por generación espontánea; se fue acumulando a fuego lento, sexenio tras trienio, con boletín optimista incluido.
Así que bienvenido el diagnóstico. Solo pedimos, por sentido del humor y de la memoria, que la próxima vez venga con una pequeña nota al pie: quién estaba de guardia. Porque descubrir el colapso es fácil; lo difícil es explicar cómo se llegó hasta aquí sin despeinarse.
Un grupo de aspirantes panistas a "defensores de la Patria, la familia y la libertad" del municipio de Guanajuato se reunió a compartir su visión de la ciudad, y coincidieron en un veredicto contundente: la capital está en "colapso". Colapso en los servicios básicos, colapso en la movilidad, colapso en los índices de seguridad, y como cereza, todo eso amenazando la calidad de vida de los habitantes y la preciada vocación turística. El primer foco rojo, dijeron, es el transporte: unidades fuera de norma, vialidades saturadas, urgencia de nuevas vías. El segundo, la basura: callejones de topografía imposible y un tiradero municipal con deficiencias operativas que ya es riesgo ambiental.
Hasta aquí, un informe técnico sensato. El problema no es lo que dicen, sino desde qué asiento lo dicen. Porque describir el naufragio con tanto detalle está muy bien, pero cuesta un poquito de trabajo cuando el color del partido que hoy señala el agua entrando por la borda es, más o menos, el mismo que ha llevado el timón por temporadas larguísimas. Es el asombro del pasajero que baja del crucero y descubre, escandalizado, que el capitán le está contando lo mal que navega el barco. Uno quisiera preguntar, con toda cortesía: ¿y ustedes dónde estaban cuando la ciudad se fue quedando sin transporte digno y con los callejones vueltos vertedero?
Lo genial del asunto es el tono. No hablan como quienes administraron; hablan como turistas recién bajados del autobús que, mapa en mano, descubren horrorizados que la postal tenía baches. "¡Miren, hay problemas de movilidad!", como quien anuncia que el sol sale por el oriente. "¡La recolección de basura falla!", revelación digna de placa conmemorativa. Faltó nada más que alguien preguntara al fondo del salón quién había sido responsable de recoger esa basura todos estos años, para que el silencio hiciera la mejor sátira de todas.
Que quede claro: los focos rojos existen y ponerlos sobre la mesa es válido y necesario. El transporte saturado es real, el tiradero es un problema real, los callejones son un reto logístico real. Pero hay una diferencia entre un opositor que denuncia y un aspirante que, con la casa a medio construir por su propia cuadrilla, se para en la banqueta a criticar el color de la pintura. La capital no colapsó ayer ni por generación espontánea; se fue acumulando a fuego lento, sexenio tras trienio, con boletín optimista incluido.
Así que bienvenido el diagnóstico. Solo pedimos, por sentido del humor y de la memoria, que la próxima vez venga con una pequeña nota al pie: quién estaba de guardia. Porque descubrir el colapso es fácil; lo difícil es explicar cómo se llegó hasta aquí sin despeinarse.