Morelia le revisa el repertorio a un concierto que ni permiso ha pedido
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En el universo de la burocracia michoacana acaba de nacer una nueva disciplina: la censura preventiva de eventos inexistentes. El secretario general del Ayuntamiento de Morelia, Yankel Benítez Silva, salió a advertir que el concierto anunciado por Natanael Cano no será autorizado si su repertorio incluye canciones que hagan apología del delito. Hasta ahí, postura entendible. El detalle es que, según el propio funcionario, los representantes del cantante todavía no solicitan el permiso municipal. Traducido: el gobierno ya sacó el plumón rojo para tachar canciones de una tocada que, en los papeles, no existe.
Uno se imagina la escena en Palacio Municipal: un comité de servidores públicos con audífonos, playlist abierta, analizando verso por verso los corridos tumbados como si fueran tesis de posgrado. ¿Este habla de camionetas o de valores? ¿Esta metáfora es narco o es amor? Todo para un evento que apenas figura anunciado en la gira nacional del artista y que, aclaró Benítez, estar en la lista de ciudades no significa tener el aval del gobierno.
Pero la joya llegó por el otro flanco: el mismo Ayuntamiento salió a pedirle a los fanáticos que tengan cuidado al comprar boletos, porque el concierto no cuenta con los permisos necesarios. Recapitulemos, porque el trámite se puso filosófico: no está autorizado, quizá nunca lo esté, no lo han pedido, pero por favor no compren entradas… que sí se están vendiendo. Es el gato de Schrödinger, pero en versión palenque: el concierto existe y no existe hasta que la Secretaría del Ayuntamiento abra la caja.
Lo entrañable del asunto es la coherencia moral selectiva. Morelia se declara alérgica a la apología del delito en un escenario, lo cual está muy bien, mientras en la vida real el estado colecciona notas policiacas que no caben en ningún setlist. Ojalá el mismo rigor con que se piensa auditar las rimas del muchacho se aplicara a otras cositas menos musicales.
Mientras tanto, el intérprete ni se ha enterado, los fans andan con el dedo sobre el botón de comprar y el Ayuntamiento ya ganó lo que quería: dos días de nota sin gastar un solo permiso. Puro corrido, pero tumbado por la Gaceta Municipal.
Uno se imagina la escena en Palacio Municipal: un comité de servidores públicos con audífonos, playlist abierta, analizando verso por verso los corridos tumbados como si fueran tesis de posgrado. ¿Este habla de camionetas o de valores? ¿Esta metáfora es narco o es amor? Todo para un evento que apenas figura anunciado en la gira nacional del artista y que, aclaró Benítez, estar en la lista de ciudades no significa tener el aval del gobierno.
Pero la joya llegó por el otro flanco: el mismo Ayuntamiento salió a pedirle a los fanáticos que tengan cuidado al comprar boletos, porque el concierto no cuenta con los permisos necesarios. Recapitulemos, porque el trámite se puso filosófico: no está autorizado, quizá nunca lo esté, no lo han pedido, pero por favor no compren entradas… que sí se están vendiendo. Es el gato de Schrödinger, pero en versión palenque: el concierto existe y no existe hasta que la Secretaría del Ayuntamiento abra la caja.
Lo entrañable del asunto es la coherencia moral selectiva. Morelia se declara alérgica a la apología del delito en un escenario, lo cual está muy bien, mientras en la vida real el estado colecciona notas policiacas que no caben en ningún setlist. Ojalá el mismo rigor con que se piensa auditar las rimas del muchacho se aplicara a otras cositas menos musicales.
Mientras tanto, el intérprete ni se ha enterado, los fans andan con el dedo sobre el botón de comprar y el Ayuntamiento ya ganó lo que quería: dos días de nota sin gastar un solo permiso. Puro corrido, pero tumbado por la Gaceta Municipal.