Parral, séptimo nacional en violencia familiar: gracias por su confianza
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Hay noticias que se cuentan con un giro tan hábil que uno no sabe si aplaudir la creatividad o pedir una silla para sentarse. Parral escaló al séptimo lugar nacional en reportes de violencia familiar, y la explicación oficial es toda una obra maestra de la contabilidad emocional: el municipio encabeza los reportes del delito, dicen, "debido a la mayor confianza ciudadana para denunciar". Es decir, no es que haya más violencia; es que la gente confía más. Enhorabuena por el séptimo lugar, entonces. Faltaría el diploma.
Entendámonos, porque el tema es serio y no admite chiste barato: que una persona se atreva a denunciar es un avance real, y las instituciones que reciben esa denuncia cumplen una función que salva vidas. El Instituto Municipal de la Mujer, de hecho, reporta también un alza del 36 por ciento en casos de violación y ofrece atención psicológica y jurídica. Que existan esas puertas abiertas es lo único celebrable de todo este párrafo. Lo demás no es logro, es tarea pendiente.
Donde la ironía se pone filosa es en el relato. Porque "subimos en el ranking por la confianza" es el mismo tipo de frase que usaría un restaurante para explicar que subió en la lista de intoxicaciones "gracias a que ahora la gente sí reporta el mole". La confianza para denunciar es maravillosa, sí, pero es apenas el primer escalón; el segundo, el importante, es que después de denunciar pase algo, que la cifra baje, que la carpeta avance, que la persona no tenga que volver a ese número de emergencia. La estadística que de verdad merece rueda de prensa no es cuánta gente levantó la voz, sino cuántas dejaron de necesitar hacerlo.
El riesgo del spin optimista es que convierte un semáforo en rojo en una lucecita de "todo va bien". Y no. Un municipio que lidera reportes de violencia familiar y suma un repunte en agresiones sexuales no está recibiendo un premio a la transparencia; está recibiendo una alerta con luces y sirena. La confianza ciudadana es la buena noticia dentro de la mala; jamás la mala disfrazada de buena.
Así que sí, gracias por la confianza, Parral. Ahora úsela para lo que sirve: que el octavo lugar del año entrante sea porque bajaron los casos, no porque se acabaron las ganas de contarlos. Ese sí sería un titular digno de encuesta propia.
Entendámonos, porque el tema es serio y no admite chiste barato: que una persona se atreva a denunciar es un avance real, y las instituciones que reciben esa denuncia cumplen una función que salva vidas. El Instituto Municipal de la Mujer, de hecho, reporta también un alza del 36 por ciento en casos de violación y ofrece atención psicológica y jurídica. Que existan esas puertas abiertas es lo único celebrable de todo este párrafo. Lo demás no es logro, es tarea pendiente.
Donde la ironía se pone filosa es en el relato. Porque "subimos en el ranking por la confianza" es el mismo tipo de frase que usaría un restaurante para explicar que subió en la lista de intoxicaciones "gracias a que ahora la gente sí reporta el mole". La confianza para denunciar es maravillosa, sí, pero es apenas el primer escalón; el segundo, el importante, es que después de denunciar pase algo, que la cifra baje, que la carpeta avance, que la persona no tenga que volver a ese número de emergencia. La estadística que de verdad merece rueda de prensa no es cuánta gente levantó la voz, sino cuántas dejaron de necesitar hacerlo.
El riesgo del spin optimista es que convierte un semáforo en rojo en una lucecita de "todo va bien". Y no. Un municipio que lidera reportes de violencia familiar y suma un repunte en agresiones sexuales no está recibiendo un premio a la transparencia; está recibiendo una alerta con luces y sirena. La confianza ciudadana es la buena noticia dentro de la mala; jamás la mala disfrazada de buena.
Así que sí, gracias por la confianza, Parral. Ahora úsela para lo que sirve: que el octavo lugar del año entrante sea porque bajaron los casos, no porque se acabaron las ganas de contarlos. Ese sí sería un titular digno de encuesta propia.