Informe con estación de paso: tren para 2027 y a los de a pie, banqueta
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Este fin de semana la Arena VFG vivió algo muy parecido a un concierto masivo, sólo que en lugar de reventón hubo Segundo Informe. Frente a quince mil almas de fervor guinda, la Presidenta desgranó sus grandes éxitos: el tren Guadalajara–Ciudad de México, con obras que —prometió— arrancarán hasta 2027, o sea cuando el calendario tenga a bien llegar; vivienda, programas del Bienestar y saneamiento del río Santiago, ese cuerpo de agua que lleva sexenios oliendo a promesa. Todo muy redondo, salvo por el detalle acústico: afuera, madres buscadoras con mantas, fotografías y megáfonos intentaban colar una rola que no venía en la playlist. No las atendieron. Denunciaron que “no le interesan los desaparecidos”. El resto del repertorio, en cambio, sonó carísimo y en tono mayor.
Y como toda gira nacional tiene su antagonista de caricatura, desde el norte llegó el villano de siempre. El vecino del despacho oval aseguró, con esa elegancia de subasta, que México no tiene nada que ofrecerle salvo “tamales picantes y tomates”. Uno esperaría que semejante piropo geopolítico provocara temblores; la respuesta oficial fue no inmutarse, que en diplomacia equivale a dejar ladrar al perro mientras la caravana —o el récord de sesenta mil millones de dólares en exportaciones— sigue su camino. Para no dejarlo con el antojo, aquí se evalúa comprarle más cosas a Estados Unidos y así bajarle a un superávit que, según Washington, es una ofensa personal. Nada dice “soberanía” como corregir el menú para que el vecino coma tranquilo.
En la comedia de enredos de la oposición, el expresidente de las botas volvió a los escenarios para convocar a “partirle la m…” a Morena mediante una gran alianza que incluye, entre otros, a Alito. Traducido del ranchero al español: dos figuras cuyo prestigio combinado no alcanza para asustar a un gato callejero anuncian que juntas serán imparables rumbo a 2027. La Presidenta, por si las moscas, ya empujó una reforma para que nadie con doble o triple nacionalidad ocupe la silla grande: lealtad exclusiva a la patria, votada a mano alzada, que es la forma más ágil de contar cuando el resultado ya se sabía.
Mención especial para la denuncia ciudadana más sólida del fin de semana, que no la presentó ningún colectivo sino un coyote. Sí, el mismísimo perseguidor del correcaminos se plantó en las oficinas de la Profeco a interponer queja formal contra ACME, esa corporación que le ha vendido cohetes que estallan antes de tiempo y artefactos con voluntad propia. El titular del organismo lo recibió en persona, lo cual habla de una institución que atiende con la misma diligencia a un consumidor de caricatura que a los de carne y hueso. Ojalá el resto de los proveedores defectuosos del país recibieran audiencia tan expedita; conocemos varios que llevan décadas incumpliendo garantías y jamás han pisado una ventanilla.
Mientras tanto, en el paraíso, Puerto Vallarta amaneció otra vez cubierto de basura, con contenedores desbordados y bolsas rotas repartidas por animales entre olores que no salen en los folletos turísticos. Los vecinos piden sanciones ejemplares; el camión de la basura, por lo visto, también anda buscando su ruta. Para redondear la postal, la avenida Prisciliano Sánchez en El Pitillal exhibe baches capaces de tragarse una suspensión completa, y los peatones cruzan en rojo con la serenidad de quien confía en que el frenazo ajeno los salvará. Coexistencia vial de alto riesgo, patrocinada por la ausencia de agentes de tránsito.
Y hablando de coexistencia, la buena noticia es que los cocodrilos no espantan al turismo: una encuesta a choferes de plataforma reveló que uno de cada tres visitantes pregunta por ellos apenas baja del avión, el mismo porcentaje que pregunta por el clima. Los especialistas insisten en que humano y reptil pueden convivir en paz, siempre que informemos con contexto y no con pánico. Consejo que, curiosamente, aplica igual para los saurios del estero que para ciertos actores públicos: el problema casi nunca es el animal, sino la falta de hábitat y el exceso de leyenda.
Cierra la jornada un domingo de diluvio decretado por el monzón, con varios estados en alerta y Guadalajara empapada como de costumbre. Buen momento para quedarse en casa, revisar si el recibo de luz sigue a su nombre y esperar, con la paciencia del que espera un tren, a que 2027 llegue. Que, como todo en este país, seguramente llegará. Con retraso, pero llegará.
Y como toda gira nacional tiene su antagonista de caricatura, desde el norte llegó el villano de siempre. El vecino del despacho oval aseguró, con esa elegancia de subasta, que México no tiene nada que ofrecerle salvo “tamales picantes y tomates”. Uno esperaría que semejante piropo geopolítico provocara temblores; la respuesta oficial fue no inmutarse, que en diplomacia equivale a dejar ladrar al perro mientras la caravana —o el récord de sesenta mil millones de dólares en exportaciones— sigue su camino. Para no dejarlo con el antojo, aquí se evalúa comprarle más cosas a Estados Unidos y así bajarle a un superávit que, según Washington, es una ofensa personal. Nada dice “soberanía” como corregir el menú para que el vecino coma tranquilo.
En la comedia de enredos de la oposición, el expresidente de las botas volvió a los escenarios para convocar a “partirle la m…” a Morena mediante una gran alianza que incluye, entre otros, a Alito. Traducido del ranchero al español: dos figuras cuyo prestigio combinado no alcanza para asustar a un gato callejero anuncian que juntas serán imparables rumbo a 2027. La Presidenta, por si las moscas, ya empujó una reforma para que nadie con doble o triple nacionalidad ocupe la silla grande: lealtad exclusiva a la patria, votada a mano alzada, que es la forma más ágil de contar cuando el resultado ya se sabía.
Mención especial para la denuncia ciudadana más sólida del fin de semana, que no la presentó ningún colectivo sino un coyote. Sí, el mismísimo perseguidor del correcaminos se plantó en las oficinas de la Profeco a interponer queja formal contra ACME, esa corporación que le ha vendido cohetes que estallan antes de tiempo y artefactos con voluntad propia. El titular del organismo lo recibió en persona, lo cual habla de una institución que atiende con la misma diligencia a un consumidor de caricatura que a los de carne y hueso. Ojalá el resto de los proveedores defectuosos del país recibieran audiencia tan expedita; conocemos varios que llevan décadas incumpliendo garantías y jamás han pisado una ventanilla.
Mientras tanto, en el paraíso, Puerto Vallarta amaneció otra vez cubierto de basura, con contenedores desbordados y bolsas rotas repartidas por animales entre olores que no salen en los folletos turísticos. Los vecinos piden sanciones ejemplares; el camión de la basura, por lo visto, también anda buscando su ruta. Para redondear la postal, la avenida Prisciliano Sánchez en El Pitillal exhibe baches capaces de tragarse una suspensión completa, y los peatones cruzan en rojo con la serenidad de quien confía en que el frenazo ajeno los salvará. Coexistencia vial de alto riesgo, patrocinada por la ausencia de agentes de tránsito.
Y hablando de coexistencia, la buena noticia es que los cocodrilos no espantan al turismo: una encuesta a choferes de plataforma reveló que uno de cada tres visitantes pregunta por ellos apenas baja del avión, el mismo porcentaje que pregunta por el clima. Los especialistas insisten en que humano y reptil pueden convivir en paz, siempre que informemos con contexto y no con pánico. Consejo que, curiosamente, aplica igual para los saurios del estero que para ciertos actores públicos: el problema casi nunca es el animal, sino la falta de hábitat y el exceso de leyenda.
Cierra la jornada un domingo de diluvio decretado por el monzón, con varios estados en alerta y Guadalajara empapada como de costumbre. Buen momento para quedarse en casa, revisar si el recibo de luz sigue a su nombre y esperar, con la paciencia del que espera un tren, a que 2027 llegue. Que, como todo en este país, seguramente llegará. Con retraso, pero llegará.