El huachicol perfecto, arruinado por su propio perfume
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Todo iba bien para los ingenieros del huachicol en Valle de Santiago. Habían escondido cerca de 40 mil litros de presunto hidrocarburo en dos depósitos de madera, cubiertos con maleza, en un camino de terracería entre dos comunidades. Camuflaje rústico, ubicación discreta, ramitas artísticamente acomodadas. Un plan casi perfecto. Casi.
Porque a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a la Defensa no las alertó un satélite, ni un soplo, ni una app de inteligencia. Los delató la nariz. Iban de recorrido cuando percibieron 'un fuerte olor a combustible' entre los matorrales, se acercaron y encontraron las dos estructuras cubiertas con material plástico negro, cada una con unos 20 mil litros de una sustancia con características de hidrocarburo. Cuarenta mil litros de sigilo, derrotados por el aroma.
Hay algo casi tierno en el detalle. Uno puede esconder tambos, taparlos con hierba, elegir el rincón más apartado del monte, pero no hay lona negra que disimule que 40 mil litros de gasolina huelen, precisamente, a 40 mil litros de gasolina. Es el equivalente a esconder un pastel y confiar en que nadie note el olor a vainilla en toda la casa.
Junto con el hallazgo aseguraron también una manguera de alta presión de casi cien metros, ese accesorio que rara vez forma parte de un inocente día de campo. Los depósitos quedaron a disposición y el asunto pasó a las investigaciones de rigor.
Moderaleja para el ramo del combustible clandestino: pueden invertir en madera, plástico y follaje, pueden estudiar rutas y escoger la terracería más solitaria, pero mientras el producto siga oliendo a lo que es, la tecnología antihuachicol más económica del país seguirá siendo un par de narices en buen estado. Cuarenta mil litros, y ganó el olfato.
Porque a las Fuerzas de Seguridad del Estado y a la Defensa no las alertó un satélite, ni un soplo, ni una app de inteligencia. Los delató la nariz. Iban de recorrido cuando percibieron 'un fuerte olor a combustible' entre los matorrales, se acercaron y encontraron las dos estructuras cubiertas con material plástico negro, cada una con unos 20 mil litros de una sustancia con características de hidrocarburo. Cuarenta mil litros de sigilo, derrotados por el aroma.
Hay algo casi tierno en el detalle. Uno puede esconder tambos, taparlos con hierba, elegir el rincón más apartado del monte, pero no hay lona negra que disimule que 40 mil litros de gasolina huelen, precisamente, a 40 mil litros de gasolina. Es el equivalente a esconder un pastel y confiar en que nadie note el olor a vainilla en toda la casa.
Junto con el hallazgo aseguraron también una manguera de alta presión de casi cien metros, ese accesorio que rara vez forma parte de un inocente día de campo. Los depósitos quedaron a disposición y el asunto pasó a las investigaciones de rigor.
Moderaleja para el ramo del combustible clandestino: pueden invertir en madera, plástico y follaje, pueden estudiar rutas y escoger la terracería más solitaria, pero mientras el producto siga oliendo a lo que es, la tecnología antihuachicol más económica del país seguirá siendo un par de narices en buen estado. Cuarenta mil litros, y ganó el olfato.