Morelia estrena bajopuente con cancha de pádel; el crimen estrena zona de tiro
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Amaneció la capital con un bajopuente flamante: ocho carriles, skate park, juegos infantiles, alumbrado, banquetas anchas y —agárrense la raqueta— la primera cancha pública de pádel del estado. Todo por 376 millones de pesos y, presume el gobierno estatal, sin contratar un solo peso de deuda. El paso superior Independencia ya no es un simple lugar por donde pasan los coches: es un complejo deportivo con paso vehicular incluido. Le llaman «movilidad integral». Nosotros le decimos: por fin un embotellamiento que se juega a dos sets. Uno se queda atorado en el tráfico y, para no aburrirse, contempla a los vecinos rematar de derecha. La provincia se moderniza: antes te tocaban el claxon, ahora te gritan «¡fuera!».
Y mientras la ciudad presume duela nueva, el Centro Histórico estrenó otra cosa menos festiva. En menos de 24 horas se registraron dos homicidios cerca de bares en Michoacán; uno de ellos, afuera del Bunbury's, a unos metros de una primaria, de la Casa del Estudiante y del templo de San Agustín. La víctima, apodada «El Beto», caminaba portando un arma y —dato que lo dice todo— un chaleco balístico. Es decir: hasta el peatón michoacano ya sale a la calle con equipo de protección personal, no vaya a ser. Cuando el ciudadano de a pie adopta indumentaria táctica para dar la vuelta a la esquina, algo nos está avisando el guardarropa.
La respuesta institucional a semejante escenario fue, cómo no, contundente: la COEPRIS anunció que durante las fiestas patrias vigilará la calidad del alcohol y pidió a la población comer y beber con moderación. Perfecto. En un fin de semana con dos muertos cerca de cantinas, la gran preocupación oficial es que el tequila no esté adulterado. Tranquilos todos: puedes salir a la calle en una ciudad donde el vecino trae chaleco antibalas, pero eso sí, que la copa sea de garantía. Prioridades cristalinas. Que el mezcal no te haga daño, del resto ya veremos.
En el frente político, la esperanza tiene nombre de programa. Carlos Torres Piña, aspirante a coordinar la Defensa de la Transformación, defendió el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia y explicó que su mayor acierto es entender que la seguridad no se reduce a detener delincuentes, sino a atacar las causas: educación, empleo, bienestar. Un diagnóstico impecable, sin duda. El único detalle es que las causas se atacan a mediano plazo y las balas llegan a corto. Mientras el árbol de las políticas públicas echa raíces, el centro de Morelia ya cosechó su fin de semana. Ojalá el Plan corra tan rápido como corren los agresores en motocicleta.
No todo es tragedia, faltaba más. Movimiento Ciudadano reunió a liderazgos de los 113 municipios en el foro «Del Territorio al Poder», impartido por una estratega que vino a enseñarles a construir presencia en las comunidades. Traducción libre: cómo llegar al poder pasando primero por el territorio, ese lugar exótico donde, según parece, también vive la gente que vota. Notable descubrimiento. La próxima entrega del seminario, suponemos, será «Del Poder al Territorio (pero solo en campaña)».
Y para cerrar el domingo con ternura, dos postales del México profundo. El zoológico de Morelia recibió a un mono araña asegurado en Nueva Italia; el ejemplar, dicen, muestra señales de haber convivido demasiado tiempo con personas. Lo entendemos: a estas alturas, cualquiera que conviva mucho con nosotros termina con secuelas. Y en el terreno digital, la app del Banco del Bienestar volvió a fallar, así que millones de usuarios descubrieron el ancestral placer de formarse en la sucursal como Dios manda. Bienestar analógico, le llaman.
Así cerramos la jornada michoacana: una ciudad que ya puede jugar pádel bajo un puente, un ciudadano que ya sale a la calle con chaleco, una autoridad que vela por la pureza del alcohol y un plan que atacará las raíces cuando las raíces tengan tiempo. Michoacán no está en crisis: está en un rally, y va empatado. Servido, pueblo. Que la próxima remontada sea de las buenas.
Y mientras la ciudad presume duela nueva, el Centro Histórico estrenó otra cosa menos festiva. En menos de 24 horas se registraron dos homicidios cerca de bares en Michoacán; uno de ellos, afuera del Bunbury's, a unos metros de una primaria, de la Casa del Estudiante y del templo de San Agustín. La víctima, apodada «El Beto», caminaba portando un arma y —dato que lo dice todo— un chaleco balístico. Es decir: hasta el peatón michoacano ya sale a la calle con equipo de protección personal, no vaya a ser. Cuando el ciudadano de a pie adopta indumentaria táctica para dar la vuelta a la esquina, algo nos está avisando el guardarropa.
La respuesta institucional a semejante escenario fue, cómo no, contundente: la COEPRIS anunció que durante las fiestas patrias vigilará la calidad del alcohol y pidió a la población comer y beber con moderación. Perfecto. En un fin de semana con dos muertos cerca de cantinas, la gran preocupación oficial es que el tequila no esté adulterado. Tranquilos todos: puedes salir a la calle en una ciudad donde el vecino trae chaleco antibalas, pero eso sí, que la copa sea de garantía. Prioridades cristalinas. Que el mezcal no te haga daño, del resto ya veremos.
En el frente político, la esperanza tiene nombre de programa. Carlos Torres Piña, aspirante a coordinar la Defensa de la Transformación, defendió el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia y explicó que su mayor acierto es entender que la seguridad no se reduce a detener delincuentes, sino a atacar las causas: educación, empleo, bienestar. Un diagnóstico impecable, sin duda. El único detalle es que las causas se atacan a mediano plazo y las balas llegan a corto. Mientras el árbol de las políticas públicas echa raíces, el centro de Morelia ya cosechó su fin de semana. Ojalá el Plan corra tan rápido como corren los agresores en motocicleta.
No todo es tragedia, faltaba más. Movimiento Ciudadano reunió a liderazgos de los 113 municipios en el foro «Del Territorio al Poder», impartido por una estratega que vino a enseñarles a construir presencia en las comunidades. Traducción libre: cómo llegar al poder pasando primero por el territorio, ese lugar exótico donde, según parece, también vive la gente que vota. Notable descubrimiento. La próxima entrega del seminario, suponemos, será «Del Poder al Territorio (pero solo en campaña)».
Y para cerrar el domingo con ternura, dos postales del México profundo. El zoológico de Morelia recibió a un mono araña asegurado en Nueva Italia; el ejemplar, dicen, muestra señales de haber convivido demasiado tiempo con personas. Lo entendemos: a estas alturas, cualquiera que conviva mucho con nosotros termina con secuelas. Y en el terreno digital, la app del Banco del Bienestar volvió a fallar, así que millones de usuarios descubrieron el ancestral placer de formarse en la sucursal como Dios manda. Bienestar analógico, le llaman.
Así cerramos la jornada michoacana: una ciudad que ya puede jugar pádel bajo un puente, un ciudadano que ya sale a la calle con chaleco, una autoridad que vela por la pureza del alcohol y un plan que atacará las raíces cuando las raíces tengan tiempo. Michoacán no está en crisis: está en un rally, y va empatado. Servido, pueblo. Que la próxima remontada sea de las buenas.